viernes, 15 de octubre de 2021

“Pintar por placer se convirtió en una necesidad emocional”

La novel artista guayanesa María Victoria Campero reconoce que en la nostalgia ha encontrado una motivación para seguir creciendo como pintora: tanto, que pronto una galería española exhibirá sus cuadros. | Foto cortesía María Victoria Campero

La novel artista guayanesa María Victoria Campero reconoce que en la nostalgia ha encontrado una motivación para seguir creciendo como pintora: tanto, que pronto una galería española exhibirá sus cuadros. | Foto cortesía María Victoria Campero

@francescadiazm

¿Influencias? El impresionismo, sobre todo. ¿Alguna escuela? La autodidacta. En sus palabras, “la práctica es el mejor curso que puedes hacer”. Así que María Victoria Campero siempre está entre óleos y lienzos procurando aprender. Su admiración por el pintor Pierre Renoir la ha llevado a la determinación de que no vale la pena hacer cuadros tristes.

Lleva, según recuerda, alrededor de dos años perfeccionando su técnica pictórica, ya que se dedica a la hechura y venta de cuadros, acaso una de las grandes realizaciones de cualquier artista.

De 22 años y exestudiante de Comunicación Social en el campus Guayana de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), carrera que no terminó porque emigró, reside ahora en Clearwater, Florida, Estados Unidos, y combina el oficio pictórico con un trabajo a tiempo completo en una compañía de JetSki. Con una exposición en puertas y la ambición de dedicarse al arte a tiempo completo, cree que la perseverancia es la característica que distingue a los grandes pintores.

– ¿Cómo fue tu primer acercamiento con la pintura?

– Desde que era pequeña me gustó dibujar, la pintura, las manualidades. Eso es algo que me apasionó desde siempre. Yo veía muchos programas infantiles de creaciones para hacer en casa y me gustaba recrear sus manualidades. Le decía a mi mamá que me comprara materiales, lápices… todo para hacer lo que veía en televisión. Mi mamá era consentidora y me compraba todo. ¡Hacía demasiados desastres cuando estaba chiquita! Rayé mil veces las paredes del cuarto. Pared que veía, pared que rayaba. Entonces mi mamá se dio cuenta de que me gustaba la pintura y empezó a comprarme materiales y a estimular ese talento. Cuando estaba pequeña nunca hice cursos de dibujo; nunca tuve la oportunidad, pero siempre me gustó el arte. 

– ¿Cómo definirías tu estilo pictórico? ¿Cuáles son las corrientes que más han influido en ti?

– El estilo que estoy desarrollando actualmente es arte contemporáneo. Estoy tratando de crear mi propio estilo con una paleta de colores que mantengo en todas mis creaciones: blanco, negro y dorado. Últimamente hago muchos paisajes como el de La Llovizna, Nueva York y el Salto Ángel, pero siempre uso la misma paleta de colores. A lo largo de mi vida, el movimiento artístico que más ha influido en mí es el impresionismo y el post-impresionismo. Cuando descubrí el óleo y las pinturas acrílicas yo leía mucho sobre pintores impresionistas porque me encantaba la viveza de sus cuadros. Me gustaba mucho que trabajaban con espátula y me parecían cuadros muy alegres. Uno de mis pintores impresionistas favoritos es Pierre Renoir. Vincent Van Gogh también me gusta, pero mi favorito es Renoir. Él decía que ya la vida era suficientemente triste como para hacer cuadros tristes, le gustaba que los cuadros estuvieran saturados de colores. Plasmaba en sus lienzos alegría, festejos, personas riendo. Renoir ha sido uno de los mejores pintores sobre los que he leído. 

– La mayoría de tus pinturas son paisajes. ¿Es una fascinación personal, lo que mejor haces? ¿Por qué tantos cuadros dedicados a esto?

– Es una combinación de ambas. Los paisajes me encantan. Voy a un lugar y tomo mil fotos para tener ideas a la hora de crear un cuadro. Es lo que me gusta, lo que más he hecho y creo que es lo que mejor me sale. He practicado con arte abstracto y no tengo mayor fascinación por eso. No es lo que me apasiona. Tampoco soy muy fanática de pintar personas, así que, por ahora, me quedo con los paisajes.

– ¿Cuál es tu pintura favorita de otro artista y cuál de las propias?

– Mi pintura favorita de otro artista es El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli. Es una pintura muy famosa que tiene una historia hermosa. Es increíble la capacidad para reflejar el cuerpo humano. Yo admiro mucho a los artistas que son capaces de pintar el cuerpo humano, ya que eso es súper complicado. De mis pinturas, en el 2015 hice mi primer lienzo grande, se llamaba Otoño. Era una técnica impresionista en espátula bastante colorida. Siendo la primera que hice, todavía la veo y me gusta. Me pasa que muchas veces no me gusta lo que hago, entonces, si todavía la veo en el 2021 y todavía me gusta: esa es mi pintura favorita.

Un desafío por asumir

“Cuando empecé a pintar yo había dejado mi primer trabajo; mis únicos compañeros fueron el pincel y el lienzo”

María Victoria Campero ha pasado por diversas áreas de la expresión artística: pintura, maquillaje, escultura… Sin embargo, asegura que cuando vivía en Venezuela tomaba el arte como un hobby debido a lo complicado que era producirlo en una economía tan dañada. Emigrar la ayudó a mejorar su economía personal y no dudó en invertir en materiales para empezar a pintar. En 2020 su cuenta de Instagram tuvo mayor visibilidad y comenzó a recibir mensajes de venezolanos que deseaban comprar sus cuadros, ya que, como ella, deseaban tener un poco de su país en su nuevo hogar.

Reconoce que hace un tiempo habría asegurado que el arte era un ingreso secundario, influida por el lugar común de que no se puede vivir de él; sin embargo, el buen recibimiento de sus cuadros la ha convencido de que es posible ser artista a tiempo completo. “Me veo en el futuro como una persona que se dedica totalmente al arte”, afirma. 

– Tus pinturas suelen ser paisajes venezolanos o tienen alguna referencia a tu país. ¿Tu arte se alimenta de la nostalgia?

– Cuando llegué a Estados Unidos estaba pasando por un proceso de adaptación difícil. Estaba sola en un país donde no hablaba bien el idioma, es algo que les pasa a las personas que emigran. Pasé por esos momentos de “me quiero regresar a mi país, quiero ir con mi familia”. Me empezó a dar mucha nostalgia y me refugié en la pintura. Empecé comprando lienzos pequeños y pintaba cualquier cosa; después comencé a ver documentales sobre Venezuela. Quería tener algo en casa que me recordara Venezuela. Inicié con la motivación de decorar la casa. Hice un cuadro para mí del Salto Ángel; gracias a eso me empezaron a contactar venezolanos que estaban aquí para pedirme cuadros sobre sus paisajes favoritos: de La Llovizna, de Lechería… me empezaron a llegar pedidos. Eso me ayudó mucho emocionalmente.

– ¿Crees que haber estudiado comunicación te potencia como artista o es indiferente?

– Tengo mucho que agradecerle a la carrera de Comunicación Social y a la Escuela de Comunicación Social de la UCAB Guayana. Yo aprendí mucho en el tiempo que estuve ahí, muchas cosas sobre arte y diseño. Había profesores que me inspiraban mucho. No cambio esa época por nada. Fue corta, pasó rápido, me tuve que ir del país; pero yo aprendí muchísimo y me ha servido para ser mejor artista. Gracias a materias como Arte y Comunicación yo crecí como artista. Antes yo hacía cualquier cosa sin pensar en el significado, todo lo que aprendí en la UCAB me ha servido para el arte y para la vida. 

– ¿Has participado en alguna exposición en Venezuela o Estados Unidos?

– Allá en Venezuela no tuve una exposición de mis lienzos. Tuve la oportunidad de participar en una pequeña exposición en la Universidad Católica Andrés Bello. En ese momento yo hacía retratos realistas de personajes famosos y tuve la oportunidad de exponer algunos allí. También tuve una pequeña exposición en Casa Blanca, una academia de dibujo que queda allá en Puerto Ordaz, allí también presenté algunos retratos realistas. Aquí en Estados Unidos no he tenido la oportunidad aún. La próxima exposición que tengo es de una galería en España. Ellos me contactaron y es un evento a finales de año. 

– ¿Cómo obtuviste la oportunidad en España? ¿Cómo se comunicaron contigo? 

Un señor me contactó por mensaje directo de Instagram y me dijo que les gustaría tener mis cuadros en exhibición y trabajar conmigo. Al principio estaba incrédula: que te contacte una galería de España de la nada, me pareció raro. Pero después conversamos sobre los envíos, cuántos cuadros necesitaba… Es una manera de dar a conocer el arte más que de generar ingresos. La idea principal de la exposición no es vender los cuadros, sino darte a conocer. Como no he tenido la oportunidad de exponer los cuadros en Estados Unidos, me parece una buena oportunidad hacerlo en España. Es un riesgo, ya que siempre hay la posibilidad de que se pierdan los cuadros, no lleguen o sea un fracaso; pero decidí arriesgarme. Hasta ahora tenemos pensado hacerlo en septiembre o principios de octubre.

“El arte en Venezuela es cuesta arriba”

Debido a la frágil economía venezolana, que entró en hiperinflación en 2017, Campero asevera que es muy difícil crecer como artista dentro de Venezuela. Aunque su voluntad le pedía hacer de todo, se desanimaba al ver que no tenía las posibilidades y eso la hizo renunciar a muchos proyectos y actividades que disfrutaba como el maquillaje artístico y la escultura. 

– ¿Crees que en Venezuela hay suficientes espacios que promocionen el arte y todas estas actividades que te gustan?

– Espacios que promocionen el arte, sí; los suficientes, no. Hay muchas personas con talento; pero desarrollarse como artista en el país es súper complicado. Sobre todo por el tema económico. Una persona que quiere pintar en óleo, por ejemplo, ¿cómo hace para pagar un lienzo y pinturas? Es algo que se hace muy difícil. La gente allá prioriza sus necesidades, como comida y medicinas; los espacios recreacionales y artísticos quedan en segundo plano. A Venezuela le falta mucho. Me gustaría ayudar a las personas con talento porque, desde mi experiencia, sé que es difícil. Cuando yo vivía allá quería hacer mil cosas y no podía. Una vez que salí del país me di cuenta de que era más fácil generar ingresos con ello. En el extranjero las personas tienen el poder adquisitivo de comprar un cuadro o una escultura. Me encantaría que los artistas venezolanos tuvieran la oportunidad. He visto concursos de dibujos digitales disponibles para todo el mundo, menos Venezuela. Querer y no poder. Venezuela no te da las posibilidades para avanzar como artista. 

– En tus redes también muestras una faceta de maquilladora artística. ¿Es algo a lo que te gustaría dedicarte de forma profesional?

– ¡Yo he querido hacer todo! Quería ser pintora, maquillista, diseñadora, escultora… El maquillaje empezó una época en el 2016, cuando me puse a ver videos sobre el maquillaje artístico de Halloween. Empecé a hacérmelos para mí misma. Estábamos a mediados de septiembre y empecé a publicar el resultado en Instagram. Como ya se estaba acercando la fecha de Halloween, el 31 de octubre me escribió mucha gente para saber presupuesto sobre un maquillaje para sus disfraces. “Cuánto me cobras por hacerme esto, una calavera…”, de verdad me escribió mucha gente. Eran muchas personas para un solo día, entonces empecé a cobrar y lo hice durante un tiempo. Después lo descuidé porque allá es muy costoso comprar productos para maquillar. No lo he vuelto a hacer, pero quisiera. Cuando llegué a Estados Unidos me di cuenta de que hay tiendas dedicadas a efectos para maquillaje. Algún día lo haré de nuevo. Hay mucha gente a la que le gusta.

– ¿Cómo ha influido Estados Unidos en tu arte?

– Cuando llegué a Estados Unidos no tenía un estilo propio. Como te comentaba, en Venezuela quería hacer de todo un poco, me gustaba algo y lo pintaba. Cuando llegué pasé por un proceso de adaptación en el que me sentía muy triste, extrañaba mucho Venezuela, entonces tenía la necesidad de expresarme. Cuando empecé a pintar, yo había dejado mi primer trabajo; estaba sola en casa todo el día y creo que mis únicos compañeros fueron el pincel y el lienzo. Me dediqué a pintar, ya que podía y puedo pasar hasta dos días sentada en el mismo sitio dibujando. El pintar por placer se convirtió en una necesidad emocional. Era mi soporte, ya que cuando pintaba me sentía bien. Es como quien tiene un perrito y ese perrito te acompaña, yo me refugié en el arte porque no tenía a nadie. Si estaba encerrada en cuatro paredes, lo que me quedaba era pintar. Ese es mi tranquilizante, mi manera de desconectarme del mundo. La mente es súper ociosa, pasas un día sin hacer nada y piensas todo, eso me hacía sentir peor. Entonces me dediqué a pintar.

“He practicado con arte abstracto y no tengo mayor fascinación por eso. No es lo que me apasiona. Tampoco soy muy fanática de pintar personas, así que, por ahora, me quedo con los paisajes” | Fotos cortesía María Victoria Campero

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