viernes, 15 de octubre de 2021

“La composición es crear una emoción a través de la música”

Con seis cuerdas entre manos y tenacidad entre ceja y ceja, el músico y compositor guayanés Santos Palazzi saltó, con maletas y guitarra, de Venezuela a Estados Unidos. Allá, armonizando escenas, su nombre es cada vez más sólido en la competitiva industria televisiva gracias a un trabajo notable y a una red que ha logrado tejer mientras apoca la nostalgia por su país natal. | Foto cortesía Santos Palazzi

Con seis cuerdas entre manos y tenacidad entre ceja y ceja, el músico y compositor guayanés Santos Palazzi saltó, con maletas y guitarra, de Venezuela a Estados Unidos. Allá, armonizando escenas, su nombre es cada vez más sólido en la competitiva industria televisiva gracias a un trabajo notable y a una red que ha logrado tejer mientras apoca la nostalgia por su país natal. | Foto cortesía Santos Palazzi

@francescadiazm

Yo voy a ser músico”, le dijo, cuando tenía 14 años y luego de volver de una clase de guitarra, Santos Palazzi a su padre. Palazzi, quien actualmente reside en Pasadena, Los Ángeles, EE UU, encontró su pasión por la música de forma casual a través de este instrumento, uno de los cuales guardaba su madre bajo la cama. Se interesó por aprender a tocarlo y eso le permitió dar sus primeros pasos como miembro del grupo Persitus, una banda que formó con compañeros de colegio durante su segundo año de bachillerato.

El músico guayanés egresó de la escuela de música Ars Nova, ubicada en Caracas, donde estudió Música mención Composición. Posteriormente produjo y musicalizó proyectos de televisión, como la telenovela Amor Secreto, de Venevisión. Trabajó y compartió escenario con artistas nacionales e internacionales entre ellos Chenoa, Ilan Chester y Karina. Esto le permitió potenciar una carrera de 17 años en Venezuela, que estuvo marcada por la musicalización de proyectos audiovisuales y la colaboración con otros artistas.

Palazzi decidió emigrar en 2016 para seguir desarrollándose como compositor. Durante su estadía en Estados Unidos se ha dedicado a la creación de música que sirve como ambientación sonora en cine y televisión. Su riguroso trabajo de hacer contactos le ha ayudado a hacerse un espacio en la industria. Sus piezas suenan en producciones estadounidenses muy populares como Betty en NY, Vanderpump Rules, Into Alaska y 100 días para enamorarnos. 

Una adolescencia rocanrolera

Palazzi se describe como un adolescente determinado y devoto del buen rock, género que lo enamoró durante sus primeros pasos en la música. Recuerda con risas cómo su padre, al escuchar que quería ser músico cuando apenas tenía 14 años, le dijo que debía esperar a graduarse de bachillerato para tomar una decisión tan importante; sin embargo, nunca cambió de parecer. Asimismo, asegura que nunca tuvo un plan B además de dedicarse a la música. “Evidentemente, con la ingenuidad del momento uno no tiene la mínima idea de cómo es ese camino que estamos escogiendo, pero es algo que simplemente sentí”, recordó. 

– ¿Hay otros músicos en tu familia o tú eres el primero?

– Hasta ahora soy el primer músico profesional. En mi familia hubo muchos melómanos, mi papá era un gran melómano y su hermano también. Eso influyó mucho en mí, ese amor que mi papá tenía por la música era muy grande. Tenía una colección de música clásica y, además, coqueteaba con otros géneros como el flamenco. Él adoraba el flamenco y alguna que otra cosa de rock. 

“Venezuela está un poco neófita en lo que a cultura musical se refiere. Aunque nuestra música tradicional es muy rica, culturalmente nos hace falta afianzarnos mucho más”

– A los 14 años formaste Persitus, una banda musical junto a tus compañeros de colegio. ¿Cómo vivías la música durante esta etapa de tu adolescencia? 

Persitus se formó en Puerto Ordaz cuando estaba en segundo año de bachillerato. Tuvimos el chance de tocar en muchos locales y fuimos teloneros de muchas bandas importantes del momento, como lo fueron Zapato 3, Aditus… Todos éramos rockeros. Yo estaba tan metido con la guitarra eléctrica que lo único que escuchaba era rock; pero también tocábamos mucho de lo que escuchaba la gente en ese entonces, como Maná. Llegamos a tocar en un bar de noche, pese a que éramos menores de edad. Nos acompañaban nuestros padres e iban en nuestra representación. Se echaban tragos mientras nosotros tocábamos.

– ¿Cuál es tu recuerdo favorito de esos años? ¿Sigues en contacto con tus compañeros de banda?

– Mi recuerdo favorito de esa época fue el primer concierto de Persitus en el colegio Loyola. Todos nosotros estudiamos en el Loyola. Ese primer concierto fue en el teatro del colegio. Ese fue uno de los momentos más emocionantes y puros. Todos seguimos en contacto. Además de versiones, también compusimos canciones propias. Actualmente tenemos la idea de regrabarlas y lanzarlas a las plataformas digitales. 

La realidad laboral

Egresado de la Escuela de música Ars Nova en el año 2002, el músico asegura que, pese a que existen artistas muy exitosos sin formación académica, no habría podido llegar a donde está sin los conocimientos que obtuvo en Ars Nova, ya que es un convencido de que el talento debe educarse. Palazzi atribuyó gran mérito por sus logros a la escuela que lo acogió en sus años de estudiante. Además, explicó que estudiar y comprender la teoría musical es de suma importancia para componer en la industria del entretenimiento y un buen complemento para desenvolverse en distintas áreas del oficio. 

Lamentándolo mucho, no me veo en Venezuela. Es difícil imaginarlo. Sí me veo a futuro en el país porque siento que hice mucho allá. Gracias a mi experiencia y todo lo que aprendí en Venezuela he podido dar buenos pasos en Estados Unidos”

 

– ¿Cómo describirías tu experiencia estudiando música en Venezuela, tomando en cuenta que la oferta es limitada? ¿Crees que Ars Nova está a la altura de las escuelas de música internacionales? 

El pensum venezolano está un poco atrás. Lo interesante de Ars Nova es que su directora, María Eugenia Atilano, aplica un pensum muy parecido al que dan en Estados Unidos. Ella es compositora y se graduó en Berklee College of Music -una universidad ubicada en Boston, Massachusetts-. Los conservatorios necesitan actualizarse. Afuera, la carrera de música es muy amplia: puedes estudiar para ser ejecutante, intérprete, productor musical… La parte académica ha evolucionado mucho. Es una cuestión cultural, Venezuela está un poco neófita en lo que a cultura musical se refiere. Aunque nuestra música tradicional es muy rica, culturalmente nos hace falta afianzarnos mucho más. Ars Nova es un instituto que sí me brindó muchísimo en la parte académica. De hecho, en el 2006 hubo un Salón de Jóvenes Compositores que fue uno de los premios más importantes en Venezuela destinado a nobeles compositores y yo participé siendo el único que no estudió en conservatorio. De los diez músicos que estábamos compitiendo yo era el único que no había estudiado afuera y, con todo y eso, gané el segundo premio y el reconocimiento de la audiencia. Mi obra fue la que más gustó en ese entonces.

 – Luego de tu graduación produjiste música para televisión venezolana como la novela Amor Secreto. ¿Cómo fueron esos primeros pasos en tu carrera? 

Empecé a producir música y establecer relación con artistas cuando estaba terminando la carrera. En el caso de Amor Secreto, yo tenía relación con el productor de la telenovela. En Venezuela tenía un socio, Carlos Tato García, quien no es mi socio legal, pero trabajábamos juntos en todos los proyectos que yo producía; siempre era mi ingeniero de mezcla y coproductor. La música de Amor Secreto la hicimos entre los dos. Yo en la composición y él en la mezcla. Mi primera experiencia haciendo música para un video fue para el cortometraje de una conocida que estudiaba Comunicación Social, ella estaba en el área de Producción Audiovisual. Produjeron un cortometraje y yo hice la música mientras aún estudiaba en Ars Nova. La actriz principal de ese cortometraje fue Daniela Bascopé. Ella apenas había hecho una telenovela, estaba todavía estudiando. Luego vinieron otros proyectos pequeños como comerciales y videos corporativos. También hice singles para comerciales, imagen sonora, series. Esos fueron mis inicios.

Palazzi en Los Ángeles

En 2015, debido a la situación del país, emigró. En sus palabras, por la misma causa que la mayoría de los venezolanos. Relata que desde tiempo atrás sabía que tendría que salir de Venezuela para seguir desarrollándose. Por el momento, se le imposibilita verse volviendo al país; no obstante, su proyecto de vida a largo plazo incluye volver a Venezuela para “devolver algo de lo que me dio”. Teniendo a toda su familia en el país, dice que se mantiene al día de las noticias venezolanas pese a la nostalgia que lo asalta de vez en cuando.

Explica que Los Ángeles tiene una dinámica mucho más célere que Venezuela, además, la competencia es voraz. Palazzi trabaja junto a MusicMind Tracks, Finetune Music y Megatrax, compañías que se encargan de proveer de música a distintos proyectos televisivos para cadenas como Netflix, Telemundo y Natgeo. 

– ¿Qué te motivó a emigrar a Los Ángeles? ¿Llegaste con la intención de dedicarte a la producción musical o cómo fueron tus primeros años allá?

– La razón por la que estoy aquí es la misma razón por la cual muchos venezolanos han emigrado últimamente. Me vine por la situación del país. Decidí venir a Los Ángeles porque es la meca del entretenimiento a nivel mundial en términos de televisión, cine y música. Los Ángeles es ideal para incursionar en la música. 

– ¿Siempre te proyectaste como un compositor de musicalización cinematográfica o cómo fue tu acercamiento a este tipo de proyectos? 

Desde joven me gustó la música de cine. Siempre tuve eso en mente. Obviamente, en Venezuela estuve dedicado a varias cosas como música para televisión, comerciales, trabajé con artistas; pero llegando acá pude incursionar rápidamente en la música de televisión. En Estados Unidos hay compañías que proveen de música a varios shows. Tuve la suerte de contactar a esas compañías, les mostré mi música y les gustó. Eso fue hace cuatro años y desde ese entonces les proveo de música a esas organizaciones que, a su vez, ofrecen la música a las cadenas televisivas. 

En 2020 Palazzi publicó, en dos volúmenes, Short Tales, una recopilación de lo que considera sus composiciones más importantes

– ¿Siempre es necesario trabajar con intermediarios que ofrezcan la música a las televisoras o puede hacerse de forma independientes? ¿Cómo es el proceso de ofrecer tu música a diferentes compañías? 

Hay varias maneras para conectarse en la industria: la primera es conociendo productores y directores que estén en el medio. Cuando estudias la carrera aquí, haces muchos contactos durante los estudios con productores que están estudiando en paralelo contigo. De esa amistad han surgido muchas alianzas y dúos entre productores y músicos. La segunda manera es teniendo un manager o un agente con quien te asocias y su trabajo es buscarte un espacio dentro de la industria. Por ejemplo, si Netflix va a producir una nueva serie, ellos ofrecen las piezas de sus compositores y músicos. Otra manera es aplicando tú mismo: ellos abren espacios por un tiempo determinado para que apliques y muestres tus composiciones según el estilo que estén buscando. Por último, se puede lograr a través de estas compañías que, básicamente, lo que hacen es proveer de música a shows de televisión. Muchas veces, los programas de televisión tienen su propio compositor, pero, generalmente, necesitan de más música, ya que es mucho trabajo para el compositor principal. Entonces recurren a estas compañías para completar los espacios faltantes. 

– Has comentado que en Los Ángeles compites hasta con otros 50 mil compositores. ¿Cuál crees que es el rasgo o característica que te puede hacer sobresalir en esta industria?

– Como yo, hay miles de compositores que están en la cola. Creo que la manera de sobresalir es trabajando mucho y tratando de hacer networking. Conocer mucha gente, moverte mucho, aplicar y estar pendiente de los shows que van surgiendo. Siempre es necesario seguir componiendo, es como ser deportista: tienes que estar practicando tu deporte todo el día. El compositor y el artista debe estar todo el día en eso. Ese es su oficio y de lo que vas a vivir. Más que arte, es tu oficio. Cuando tu arte se convierte en oficio, vas madurando y tu trabajo se vuelve más atractivo. 

– ¿Crees que haberte quedado en Venezuela habría estancado tu carrera? 

Uno busca siempre evolucionar. Por instinto uno quiere ir adelante y buscar mejorías para tu vida profesional. Sentí que llegó un momento en que el país no afectaba positivamente a las cosas que quería. Así que tomé la decisión de venirme debido a eso. No sé qué estaría haciendo en el país, mucha gente con la que trabajé en el medio se fueron del país. Lamentándolo mucho, no me veo en Venezuela. Es difícil imaginarlo. Sí me veo a futuro en el país porque siento que hice mucho allá. Gracias a mi experiencia y todo lo que aprendí en Venezuela he podido dar buenos pasos en Estados Unidos. Siento cierta deuda con eso. En un futuro, eso lo voy a compensar en Venezuela de alguna manera.

– ¿Dejaste de ver la música como arte para verla como oficio o cohabitan las dos percepciones? 

Tú tienes un talento y ese talento lo cultivas, es decir, lo educas. En mi caso, yo estudié música. Además de estudiar ese talento, lo tienes que poner a trabajar y madurarlo hasta que se convierta en un oficio. No veo el oficio como algo tedioso, la idea de que tengas un oficio es porque estás trabajando constantemente en tu arte, educándolo y aprendiendo. 

– Hace varios años tenías el proyecto de hacer una fundación en honor al músico Armando Yánez Caicedo, ¿qué pasó con este proyecto? ¿Por qué no se llevó a cabo?

– El impulsor de la fundación fue su hijo Armando, quien murió el mismo año en que me vine para acá. Él estaba manejando las gestiones para crear la fundación. De hecho, el proyecto no sé en qué quedó. Él introdujo el proyecto y no sé si salió en Gaceta. Éramos varios músicos que fuimos alumnos. La idea era crear una fundación en Guayana, pero me imagino que eso está todavía en pie.

Piezas capaces de crear emociones

La pandemia fue el contexto idóneo para que Palazzi compusiera una idea que le permitiría seguir afianzando su legado. Tras dos meses de encierro, estaba en casa viendo la serie 100 días para enamorarnos, producida por Telemundo; mientras se desarrollaba el capítulo reconoció una de sus composiciones. Este día fue determinante debido a que tuvo la convicción de que esto, además de acompañar una escena, podía despertar sensaciones en las personas y, por supuesto, hacerlas vivir una emoción.

De esta manera tuvo la idea de lanzar Short Tales, una recopilación de piezas de su autoría que sirvieron como ambientación sonora para distintos programas de televisión estadounidense. Convencido de que los músicos tienen la capacidad de crear y transmitir sentimientos, el lanzamiento de este compendio musical es una forma de agrupar todos los éxitos que Palazzi tiene en su haber. Pese a que la cuarentena fue el catalizador de esta idea, el compositor asegura que es muy probable que lo hubiese hecho de cualquier modo.

El 14 de julio de 2020 fueron lanzados Short Tales Volumen I y Volumen II en plataformas digitales. Cada recopilación tiene 9 canciones de menos de 2 minutos pensadas para acompañar una escena televisiva o cinematográfica. Pese a que podría pensarse que son sonidos que requieren de las imágenes, Palazzi apuesta que pueden ser disfrutados de forma independiente y, además, que será recreativo para el público imaginar para lo que fueron empleadas. 

En mi familia hubo muchos melómanos, mi papá era un gran melómano y su hermano también. Eso influyó mucho en mí, ese amor que mi papá tenía por la música era muy grande. Tenía una colección de música clásica y, además, coqueteaba con otros géneros como el flamenco”

 

– Short Tales es un intento de que la música trascienda más allá de la televisión: ¿por qué crees que las personas querrían escuchar música que fue pensada para acompañar piezas audiovisuales y no propiamente como canciones?

– ¡¿Por qué no?! De hecho, por eso sacan los soundtracks de las películas y algunos son muy famosos, ya que tienen melodías y armonías muy bellas. Como fue el caso de Titanic, Guerras de las Galaxias… Pienso que es buena música y vale la pena que la gente pueda escuchar eso y decir “mira, qué chévere es esta música y estuvo en esta serie. ¡Qué curioso!”. 

– Describiste Volumen I como una recopilación más dramática pensada para el cine; en cambio, Volumen II es algo más electrónico como para reality shows: ¿cuál de estos dos géneros disfrutas más a la hora de crear? ¿Cuál se comercializa mejor? 

Ambos me gustan mucho. Obviamente, cuando se trata de cine y televisión, tiende a gustar más la parte cinemática que tiene más sonidos de orquesta; pero con las dos me llevo bien. El pop siempre será mucho más comercializable. 

– Comentaste en una entrevista que no siempre se puede esperar a que llegue la inspiración, ya que la musa te puede dejar embarcado. ¿A qué ideas o situaciones recurres cuando eso te pasa? 

Ahí entra en consideración las herramientas que uno tiene cuando estudia. Gracias a esas herramientas puedes impulsar un poco la inspiración. Mira, la necesidad es una gran musa e inspiración: te empuja a echar adelante y sacar el trabajo. Los compositores siempre buscamos alguna excusa para crear una emoción a través de la música. Algo que te ayuda muchísimo en televisión es que la escena te ayuda. Si te mandan a hacer música para una escena dramática, ya la escena te dice lo que vas a hacer. Ahí tienes un punto de inspiración. 

– ¿Qué consejo le darías a los músicos que no pueden salir de su país y les gustaría tener un trabajo como el tuyo? ¿Es posible lograrlo fuera de Estados Unidos? 

Creo que actualmente, debido a la tecnología, no hay excusas. Puedes estar en Venezuela, Los Ángeles, Madrid… y estar haciendo música de buena calidad. Las compañías están ávidas de ampliar su catálogo con buena música. Aquellos compositores que están en Venezuela tienen la libertad de aplicar por internet y contactarlas. Buscan compositores sin importar dónde estén.

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