sábado, 23 de octubre de 2021

“El escritor se venga de las inconsistencias y la maldad que lo rodean con la palabra”

Francisco Arévalo, escritor guayanés, prefiere nunca irse de bruces. Con el desparpajo que lo caracteriza, sentencia que él y sus congéneres “somos un lugar común en el universo. Siempre lo hemos sido: por eso nos vivimos equivocando y hacemos el papel de tontos”. | Foto Andrés Camacaro

Francisco Arévalo, escritor guayanés, prefiere nunca irse de bruces. Con el desparpajo que lo caracteriza, sentencia que él y sus congéneres “somos un lugar común en el universo. Siempre lo hemos sido: por eso nos vivimos equivocando y hacemos el papel de tontos”. | Foto Andrés Camacaro

A sus 61 años, Francisco Arévalo manifiesta haber comprendido que la vida no es tan complicada como parece. De léxico amplio y, al unísono, desprendido de formalidades lingüísticas, es cercano al desparpajo y a la ironía.

“La poesía es magia”, asegura este escritor sanfeliceño, quien recuerda como muy cursis sus inicios en el oficio, no por asuntos peyorativos sino porque asocia ese adjetivo con la ingenuidad. Con respecto a la novela, mira el género con cierto desdén y relata que su génesis novelística no fue más que una secuencia de eventos accidentados. Asimismo, reconoce que sus primeros poemas no le gustan y que no salvaría ninguno de ser el caso.

Ganador del premio Fundarte en su edición 1999 con el libro La esquizofrenia de las golondrinas, Arévalo es un conversador vehemente sobre la política latinoamericana que se describe como un poeta empedernido que encuentra en los versos una herramienta para expresar lo sublime o nefasta que puede ser la realidad. Al respecto, en dos tandas, una en agosto de 2020 y otra en junio de 2021, conversó, como siempre, con desparpajo.

Primer encuentro con la poesía 

– Virginia Woolf decía que el mundo no le pide a nadie que escriba, en referencia a lo complicado del oficio, ¿cómo inició su acercamiento a la poesía?

– Me inicio como se inician casi todos los poetas, por cuestiones de escribirle poemas a muchachas y ese tipo de cosas. Yo soy muy feo, soy muy antipático también y soy tímido en el fondo. Una manera de acercarme al lado femenino era a través de la palabra escrita. De hecho, tengo un principio de término de relación: cuando termino una relación amorosa, la termino con un libro de poesía. 

– ¿Cómo influye Bolívar, sus paisajes y su cultura, en su escritura?

– Casi todo lo que yo he escrito tiene que ver con Guayana. Yo nací aquí. Me vacilé los ríos. Me encanta mi ciudad. Me encanta mi país. Yo salté el charco, he ido a África, Asia, Europa… América la conozco casi completa. Eso me da una visión muy amplia donde me quedo con este país y con esta ciudad. Tampoco es que soy un apegado ridículo y estúpido de las ciudades. También entiendo que hay gente que vive en esta ciudad y no sabe por qué vive en ella. Porque son unos aburridos, su sentido existencial es muy pobre, muy básico. Pero eso es problema de ellos, yo entiendo toda la magia que tiene este paisaje y esta ciudad. 

– En Cartas a un joven novelista, Mario Vargas Llosa habla sobre la estructura de la novela, da consejos, pero al final se desdice y menciona que no hay que leer ningún libro, ya que no hay ninguna receta para escribir. ¿Qué diría usted con respecto a ese aforismo?

“Los últimos hombres que nos han gobernado lo han hecho muy mal. Por lo menos, los últimos dos que se han sentado en Miraflores lo que han hecho es utilizar el país en función del resentimiento y la barbarie” | Foto Andrés Camacaro

– Vargas Llosa tiene un poquito de razón. Lo que hay es que tener la voluntad para escribir. Yo he escrito como seis novelas. No sé cuántas. No las cuento porque eso es pavoso. Casi todas han ganado premio, por cierto.  Para contarte, yo escribo novelas por aburrimiento. Narrativa por aburrimiento. Sería un espantoso periodista porque los periodistas viven del cuento y la melodía. Yo no. Yo escribo por aburrimiento, me pongo a inventar. La estructura novelística mía es una obra de ingeniería, saco los personajes, lo hago de lo más frío posible, no soy nada apasionado para escribir novelas. Con la poesía, la cosa cambia. Yo quiero ser poeta, no quiero ser novelista. A mí la novelística me importa un bledo. La gente dice que los novelistas son más reconocidos: me importa un bledo también. Me gané el premio Fundarte, uno de los premios más importantes de Latinoamérica (que lo daba la Alcaldía de Caracas) con La esquizofrenia de las golondrinas. La escribí en un hospital. Empecé y la terminé como en quince días. La mandé a un concurso que no era Fundarte, porque yo en mi vida pensé que me iba a ganar el Fundarte. La mandé con un amigo mío y el tipo se rascó, botó la novela, la dejó en casa de una novia. La recuperó como a los quince días y ya había cerrado el concurso Alfredo Armas Alfonzo, que era de mucho menos rigor y menos prestigio que el Fundarte. Él trabajaba en Fundarte, vio el concurso de Fundarte y zumbó esa vaina ahí. Resulta que a mí me llaman para decirme que me gané el premio y yo me decía: “Señor, pero si yo no mandé nada”. “Señor, aquí dice Francisco Arévalo, Ciudad Guayana”. Esa es la historia de la primera novela que yo escribí: fue un accidente. La misma novela, el concepto… estaba aburrido y no podía escribir poesía. Lo más importante cuando se especulan ideas, cuando se trata de comprender los fenómenos que rodean a uno, es una relación directa con la poesía. No me puedo desprender de respirar poesía. La narrativa la hago con desdén. Me quiero vengar de alguien, le escribo una novela. Hay mucha gente que es tan miserable y vil que merece hacerle novelas y ese tipo de cosas. El escritor se venga de las inconsistencias y de la maldad que lo rodean a través de la palabra. Por ejemplo, Vargas Llosa se vengó del abominable Chapita Trujillo haciendo La Fiesta del Chivo. 

La cultura en la actualidad

Arévalo encuentra en la cultura y el arte uno de los placeres más grandes de la vida y, además, una forma de expresar el ser. Actualmente dice tener en la mira la escritura de una novela para vengarse de los 20 años de crisis que el gobierno ha provocado en el país. “No lo puedo contar, pero eso está ahí. Como también está contar la vida bizarra, emputecida y ladrona de mucha gente de esta ciudad. Que parece gente decente, pero no lo son”, esgrime.

Muestra cierto recelo hacia las futuras generaciones de escritores y poetas asegurando que no son lo suficientemente rebeldes y que, además, pecan de vanidosos.

Está convencido de que la poesía venezolana es una de las mejores de América y, además, que la mejor calidad está en la pluma femenina. Asegura que las mujeres tienen más tema, más libertad y más cosas que decir. 

Ahora estoy concentrado en este trozo de tierra que me ha dado tanto
y que ha sido tan maltratada y saqueada por estos corsarios… estos piratas
que la han gobernado”

– Usted mencionó en otra entrevista que este gobierno ha pulverizado el emblema artístico construido en el siglo XX. ¿Cuál debería ser el primer paso, en un nuevo gobierno o en caso de que el actual quisiera avocarse, del Ministerio de la Cultura para volver a impulsar el arte y la creación? 

La devastación es terrible. Primero porque los que hemos sido protagonistas de una u otra manera, estamos finalizando un ciclo. Lo que se ha fomentado en estos 22 años es muy pobre, muy mediocre en todos los aspectos. El teatro ha sido devastado. En cuanto a la literatura, han destruido todas las editoriales serias que había. Los museos están desmantelados. Allí hay una labor bastante intensa para recuperar el espacio cultural perdido. Yo no creo que a este gobierno le interese porque la cultura y el arte convocan hasta cierto punto sensibilidad. Al haber sensibilidad, hay exigencia y ellos se han caracterizado por ser unos piratas con mucha suerte. Yo creo que lo que vendría al nuevo gobierno, que esperemos pronto asuma las riendas de la nación, es hacer un gran inventario y empezar a impulsar políticas de arte y cultura sistematizadas no ideológicas ni estupidizadas como hasta el momento lo han venido haciendo. 

– Cada siglo tiene formas distintas de expresión. Esta época tiene mucho género urbano, mucho reggaeton, mucho trap… Mucha prosa en nuevos estilos musicales y maneras de expresión. ¿Cómo ve la cultura actualmente y a futuro?

– Mira, yo creo que ustedes tienen un serio problema. Cada vez hay menos creadores, cada vez hay menos gente jugando a desafiar las ideas y a plantear otras. Hay mucha tontería. En mi generación había tontos, ¿verdad? Pero esos tontos fueron apartándose de los espacios creativos y se convirtieron en nada. Pero aquí no, chica, aquí la tontería es reiterativa. Es una tautología. Yo me imagino que debe haber algo, pero ese algo no se preocupa por acercarse, por leer. Hay un problema de narcisismo en la juventud, yo me pongo a ver a los mamarrachitos que hay escribiendo poesía y tal. Los tipos se echan flores unos con otros. Hace un tiempo me escribió la poeta María Antonieta Flores para preguntarme: “Francisco, ¿será que sientes lo que yo siento? Este poco de muchachos se echan flores ellos mismos y cuando les revisas lo que escriben no son vainas del otro mundo. No son excepcionales”. Me parece que hay un nivel de rebeldía aceptable, no es excepcional. Creo que nosotros fuimos más rebeldes que ustedes, más violentos. Bueno, próxima pregunta. 

– Luz Machado escribió La casa por dentro para describir a la mujer ama de casa, debido a que en la época de publicación era el estilo de vida casi obligado de las mujeres. Si tuviera que escoger a una poetisa para escribir sobre la mujer del siglo XXI, ¿a quién escogería y por qué?

– Luz Machado es una de mis favoritas. A mí me gusta más la poesía hecha por mujeres que la que hicieron los hombres: me parece más bonita, franca, más exploratoria, más original… Tiene una cantidad de calificativos que no tiene la poesía de los hombres, los hombres somos un lugar común en el universo. Siempre lo hemos sido: por eso nos vivimos equivocando y hacemos el papel de tontos. Luz Machado en ese libro relata el martirio de ser la parte más frágil de una relación. En este siglo XXI tengo mis preferencias, hay varias que me han impresionado. Hay una que está olvidada que se llama Mharía Vásquez Benarroch, tiene un libro muy hermoso llamado Guerrero llevado adentro. En estos momentos está en Caracas. Yo apuesto por ella. Me gusta mucho su poesía, me gusta su discurso, su manera como aborda el espectro y la vida. Hanni Ossott, aunque no está en el siglo XXI, es una de mis poetas más celebradas y más queridas. Si tú te pones a ver, mi biblioteca está llena de mujeres. Yo pienso que la poesía femenina es trascendente. Es importante en el desarrollo y el lenguaje de ser venezolano. Aquí en Bolívar, Teresa Coraspe que está con nosotros todavía y sigue escribiendo, es testimonio vivo de lo que es la constancia y la perseverancia de la palabra. 

Disertaciones políticas

El novelista encarna muy bien el aforismo de que la política está en todo, ya que en su discurso son recurrentes las desviaciones al contexto político y el reproche al gobierno. Se deleita dedicando improperios al régimen de Nicolás Maduro, al que culpa de asaltar toda la modernidad que había: “Arruinaron el país producto de la facilidad de una clase media imbécil que nunca entendió el país que tenía ni los sacrificios que se hicieron para hacerlo. Producto de la emotividad y la impulsividad de la gente que cree que un mesías puede resolver sus problemas”. 

– Debido a la diatriba política, han surgido agrupaciones como Unión, Fuerza y Libertad, quienes rechazan el proceso electoral pautado para noviembre. Otro sector de la oposición ha decidido participar. ¿Crees que estas elecciones pueden ser el primer paso para la democratización del país?

– En primer lugar, yo tengo cierto pesimismo electoral: no desde ahora, sino desde que el gobernador (Andrés) Velásquez ganó (en las elecciones regionales de octubre de 2017) y nos arrebataron ese triunfo los que están en este momento en la calle Constitución de Ciudad Bolívar. A partir de allí, yo entendí todo lo que es este circo mal confeccionado de las elecciones, es algo así como legitimar algo que emerge de la oscuridad y que mueve sus hilos para continuar perpetuando la tiranía que nos gobierna. Actualmente hay en el ambiente político venezolano un Acuerdo de Salvación Nacional al que yo me pliego. Creo que el presidente Juan Guaidó lo está haciendo titánicamente bien. Está tratando de pelear contra unos monstruos inmensos; primero los que lo agreden constantemente desde el gobierno y, en segundo lugar, los que están de este lado, inclusive de su mismo partido. En tercer lugar, esa banda de artrópodos que no son más que los alacranes, que andan diciendo a la gente que las elecciones del 21 de noviembre serán una gesta libertaria, cosa que no es cierta porque no hay posibilidades reales de ganar. Si hay posibilidades de ganar, mi pregunta es qué garantías hay de que en verdad vayan a gobernar. Qué garantías hay de que vayan a administrar recursos. Tenemos el ejemplo de los gobernadores esos que son unos peleles en sus estados: el de Nueva Esparta, el de Mérida, el de Anzoátegui… ellos son unos pájaros pintados que ni siquiera guardaespaldas tienen. En concreto, no creo que las elecciones vayan a resolver el problema del panorama político. Hay que apostar al Acuerdo de Salvación Nacional, hacer elecciones presidenciales, elecciones parlamentarias, regionales, municipales… Pero, sobre todo, que sea descentralizado y serio. No como estos gobernadores de plastilina que no tienen posibilidad de ejecutar nada. 

              “Mi biblioteca está llena de mujeres. Yo pienso que la poesía femenina es trascendente”

– El Acuerdo de Salvación Nacional planteado por Juan Guaidó propone elecciones presidenciales y garantías electorales; sin embargo, también implica transar con el gobierno. ¿Cree que esta propuesta podría coadyuvar a la salida del régimen?

– Ese es el primer paso para tratar de adecentar la política electoral venezolana. Hay cosas por preguntarse: ¿en este país estamos haciendo política o estamos haciendo trampa? Se está buscando aclarar la turbulencia de este país que está totalmente desvalijado y destruido. Para mucha gente es difícil hacer contraste porque no vivieron la etapa de consolidación democrática que duró 50 años en el pasado. Entonces, las elecciones ahora son una trivialidad y, muchas veces, la convocatoria a la idiotez. Yo no sé si tú has visto lo que eligen como gobernantes, falta poco para que nos digan a todos idiotas. Particularmente el alcalde de aquí (Tito Oviedo) qué hace, yo nunca lo he visto. Uno se da cuenta de que trivializan y deshacen la función solemne que debe tener la administración político-territorial y que viene por la vía del voto. Aquí hay que adecentar la política y una vía es hacer elecciones transparentes. Esas elecciones transparentes pasan por observación internacional y un Consejo Nacional Electoral (CNE) confiable. Las personas que saben de elecciones. Por ejemplo, al exdirector del CNE Andrés Caleca yo le hice la pregunta sobre qué le parecía ese CNE y no me contestó. Lo que me mandó fueron unas interrogantes y risa. Ahí no hay confiabilidad, ese CNE no es confiable. 

– El candidato Américo De Grazia vuelve del exilio con la intención de conquistar la Gobernación de Bolívar. ¿Cree que de ganar las elecciones su gestión podría ser una oportunidad para sacar a la región de la corrupción imperante?

– Me estás poniendo a pelear con alguien que es amigo mío y con quien no estoy de acuerdo en este momento. En lo absoluto, no creo que Américo esté resolviendo el problema de fondo que hay en la sociedad venezolana. Venezuela necesita una convocatoria de unidad intensa, más allá de una Gobernación, una Alcaldía o una piche diputación. Estamos tratando de salvar un país. Américo sale con una política de tratar de ser gobernador de una ínsula tipo barataria, como lo escribió Miguel de Cervantes en su gran novela El Quijote. Yo no estoy de acuerdo porque hay un antecedente en las cuatro anteriores gobernaciones de fracaso y frustración. Seguir amasándolo es una labor… qué te digo, será de estúpido. Para eso es lo que quedamos los ciudadanos bajo la gobernabilidad de estos tipos. No compro esa solución. 

Solo en la poesía

En cuanto al feminismo, Arévalo se muestra desinteresado en lo que tenga que ver con este movimiento que ha levantado las banderas de la equidad de género y los derechos de la mujer.

El feminismo como corriente de pensamiento se ha popularizado en los últimos años. De hecho, el año pasado, Argentina legalizó el aborto. Me gustaría conocer su opinión al respecto, tomando en cuenta que en Venezuela hay una gran falta de acceso a los anticonceptivos, una alta tasa de embarazo no deseado y también altas cifras de embarazo precoz. ¿Cree que legalizar el aborto en el país sería favorable en este momento?

– Este es un tema bastante delicado. Yo soy un cultor de la vida. Verdaderamente me parece que hay que ser un poco responsable y ser coherente con la vida. Estoy en desacuerdo con el feminismo, yo pienso que lo que hay es un movimiento importante de mujeres competentes en funciones de gobierno y en todas las instancias que hay que seguir estimulando. Me parece inconcebible que existan patrones que le paguen más a un hombre que a una mujer, eso me parece abominable. Es algo sin sentido lógico. Pienso que aquí en Venezuela hace falta una mujer presidenta urgente. Los últimos hombres que nos han gobernado lo han hecho muy mal. Por lo menos, los últimos dos que se han sentado en Miraflores lo que han hecho es utilizar el país en función del resentimiento y la barbarie. Además usan muy mal a las mujeres, de una manera bastante vulgar. Hay que fomentar la igualdad entre hombre y mujer. Todos tenemos la misma posibilidad. Eso ni siquiera deberíamos estarlo discutiendo. Con relación al aborto, yo soy creyente y cuando me hacen esa pregunta prefiero convocar a la responsabilidad. 

– La legislación sobre el aborto en Venezuela es bastante arcaica, ya que aquí solo es legal el aborto terapéutico, es decir, cuando se trata de salvar la vida de la mujer. Sin embargo, en otros países como Chile el aborto es legal en caso de violación o que exista algún tipo de inviabilidad en el embarazo. ¿Estaría de acuerdo en este caso?

– Claro. En ese caso sí estoy de acuerdo. El aborto terapéutico no lo considero un aborto, lo considero sencillamente recurrir a una intervención para salvar a la madre. El aborto por capricho o equivocación no lo tomo en cuenta. Me parece que eso no está en el tapete. Ese sí, de hecho, hasta la misma Iglesia lo está considerando y lo ha reconocido. Igual que la eutanasia, no tengo gran conflicto con la eutanasia. Si hay una persona que está en un estado deplorable de vida y quiere despedirse, no hay derecho a mantenerlo así. Qué bueno que me lo hayas aclarado porque estoy de acuerdo, ese tipo de aborto sí vale.

El poeta asegura que las mayores inspiraciones que tienen sus textos son el erotismo, la pecaminosidad del ser humano y Guayana. Sin embargo, la pulsión que más mueve su prosa en esta etapa de su vida es Guayana. La ciudad que lo ha inspirado y a la cual ha dedicado tantos libros de poesía. “Ahora estoy concentrado en este trozo de tierra que me ha dado tanto y que ha sido tan maltratada y saqueada por estos corsarios… estos piratas que la han gobernado”.

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