lunes, 20 de septiembre de 2021 | 12:52 PM

Avalancha de testimonios de violencia sexual abre debate público para sensibilizar y fomentar denuncias legales

En un conversatorio propiciado por el medio Cinc8, cuatro expertas exponen el mapa de ruta a seguir tras las múltiples denuncias de violencia y acoso sexual emitidas vía Twitter en Venezuela desde el 23 de abril. | Foto cortesía

En un conversatorio propiciado por el medio Cinc8, cuatro expertas exponen el mapa de ruta a seguir tras las múltiples denuncias de violencia y acoso sexual emitidas vía Twitter en Venezuela desde el 23 de abril. | Foto cortesía

@mlclisanchez 

Durante casi dos semanas continuas, una avalancha de denuncias de violencia y acoso sexual han copado las redes sociales. Lo que inició aludiendo al gremio musical, después visibilizó la violencia de género existente en distintos gremios de la sociedad venezolana y dio paso al movimiento feminista #YoTeCreoVenezuela.

El movimiento #YoTeCreoVenezuela ha recibido 565 testimonios de violencia de género

En un conversatorio propiciado por el medio Cinco8, moderado por la periodista y coordinadora editorial Gabriela Mesones Rojas y la actriz y miembro de #YoTeCreoVenezuela, Nina Rancel, reportaron que, desde la creación del movimiento hasta ahora, 565 personas han contado su testimonio, 86 personas solicitaron ayuda psicológica y fueron remitidas a asistencia especializada, 26 solicitaron ayuda legal y están en contacto con organizaciones con competencia en la materia, y 400 de estas personas acudieron al grupo solo para ser escuchadas.

El colectivo para visibilizar la violencia de género y en este caso, la violencia y acoso sexual, no es nuevo en el mundo ni en la región, aunque recién aparece en Venezuela.

Rancel reconoció que la organización apenas nace, y reiteró el compromiso adquirido por el movimiento de visibilizar la violencia de género a través de distintas actividades culturales y compilar las denuncias para acompañar y conducir a las víctimas hacia las organizaciones especializadas en violencia de género en distintas aristas como la legal o psicológica.

De ahora en más, ¿cuál es la hoja de ruta de estas denuncias? En el mismo espacio de entrevista, tres expertas en las áreas de psicología clínica, derecho y periodismo plantearon -desde sus áreas-, reflexiones, interrogantes y obstáculos a resolver que formarán parte de la conformación de una conciencia colectiva sobre la violencia basada en género que atañe tanto a la sociedad civil como al Estado venezolano.

Espacio al debate, cuestionamiento y deconstrucción 

La particularidad del movimiento feminista en Venezuela reside, entre otras cosas, en que no hay mecanismos confiables para obtener justicia en medio de un Estado fallido, lo que hace de las redes sociales un espacio para la denuncia y también convierte la opinión pública digital en una especie de tribunal.

Es por eso que el trabajo en primera instancia recae en el poder comunicacional que busque la visibilización del problema y, por lo tanto, el cambio cultural. Así lo plantea la periodista y fundadora del newsletter Soy Arepita, Dariela Sosa.

Los espacios de debate público deben permanecer abiertos para resignificar las relaciones de género saludables | Fotos William Urdaneta

Las denuncias abrieron un compás que hasta el momento había estado a medio cerrar, pese a que el país tiene una historia dolorosa de casos emblemáticos de violencia de género y organizaciones que por años han luchado para visibilizarlo y asistir a víctimas y sobrevivientes. Esto sucede, en parte, porque en medio de una emergencia humanitaria compleja la violencia de género no ha estado en la agenda política ni del oficialismo, ni de la oposición, el debate público había sido postergado.

Sosa plantea que uno de los primeros desafíos que tiene el movimiento -y el periodismo-, es habilitar un ambiente de discusión y debate público en el que la gente no tenga miedo de denunciar, que haya una educación suficiente para sensibilizar en el tema de manera que no se presente solo blanco y negro, ni se promueva la cultura de la eliminación o el linchamiento moral.

“Es crear un futuro y una conversación donde la gente se sienta empoderada para decir que no, donde no te disminuyan por género, raza, inclinación sexual… Donde entendamos que el pacto sexual está cambiando, que lo que era normal hace 100 años hoy no lo es”, manifestó.

Señaló que se debe resignificar un pacto sexual que tenga más garantías de protección para niñas, niños y adolescentes (NNA), y que respete la libertad sexual de mujeres y hombres.

¿Cómo hacemos para tener placer sin dañar a nadie?, se cuestiona la periodista. “Tenemos que plantearnos un feminismo en el que podamos hacer que este pacto sexual se repiense para dar protección a los más vulnerables pero que no coarte la libertad de relacionarnos. Eso es complejo, para eso hay que estudiar, no tiene respuestas concretas”, dijo. El camino pasa por superar el terreno escabroso de las discusiones polarizadas.

¿Cómo contar para visibilizar? Tarea de medios y ONG 

Sosa expone que, aunque estas son ideas y técnicas en construcción, lo primero que se debe aplicar es la reflexión interna para poder sensibilizarse antes de sensibilizar a otros en el tema.

“Esto parte de revisar nuestra propia historia personal. El primer desafío es entender nuestro pasado, esta ola de denuncias hace que nos cuestionemos nuestra propia historia afectiva y sexual, y eso siempre es incómodo. Reflexionar sobre cómo las relaciones han tenido un impacto emocional en nosotros. Pasar por eso es necesario para sensibilizarnos en el tema”, afirmó.

También resaltó que en este proceso de reescribir la historia a partir de lo que se entiende ahora como abuso y violencia sexual, se debe hacer entendiendo el pensamiento imperante en distintos momentos del pasado para entender el proceso de normalización de conductas que atentan contra la integridad de otra persona.

“Por ejemplo, hubo buenas personas que en el pasado tenían esclavos, y ahora la esclavitud es inaceptable. Que un hombre adulto tuviese una relación con una adolescente de 13 años era normal hace tiempo…”, explicó.

Otro elemento que la periodista resaltó como fundamental para contar las historias de abuso y violencia sexual para visibilizar el problema, es aprender a distinguir la complejidad de las denuncias, pues tienen implicaciones sociales, legales y psicológicas diferentes entre sí.


También es necesario, plantea Sosa, llevar cada caso al terreno de las posibilidades y a la evidencia recolectada de otros países. El periodista se encuentra en una diatriba entre dudar e intentar verificar la información, y creer en principio a la víctima.

Es por eso que Sosa resalta la necesidad de identificar los elementos y el contexto de cada caso sin cuestionarlo abiertamente y caer en la revictimización o reivindicación del victimario.

Para ilustrar el planteamiento puso el ejemplo del usuario “Pía”, que denunció al escritor Willy Mckey de violencia sexual. Su denuncia fue respaldada por otras víctimas que vivieron situaciones similares con el escritor, quien luego reconoció haber cometido el delito, y posteriormente se quitó la vida (esto último no es responsabilidad de la víctima).

En contraste, recordó las acusaciones vagas vía Twitter de violencia sexual, acoso y violencia psicológica que aluden al director de El Pitazo, César Bátiz y al editor-jefe del medio TalCual Digital, Víctor Amaya. Ambos fueron respaldados por sus medios de comunicación -de corte investigativo y de contraloría del poder-, y ninguna trabajadora (o trabajador) de estos medios respaldó la denuncia publicada como cierta.

Sosa señala que el momento amerita un reporteo responsable, que no lapide a los victimarios o “haga leña del árbol caído”. “Aprovechando el movimiento se pueden colar falsas denuncias anónimas, tendremos ataques de desinformación al movimiento Yo te creo Venezuela, pero eso no es excusa para que deje de existir y que trate de traer cambios culturales a largo plazo”, manifestó.

Por último, resaltó que al momento de entrevistar a las víctimas es necesario dejarles claro cuáles son las metas de la historia que se va a contar, ser empáticos para facilitar que la víctima decida alzar la voz, mostrarle las fases que tendrá la reportería, y a quienes se va a entrevistar. “Hay que dejarles claro que será difícil, que posiblemente tenemos que hablar con la familia del victimario, y él, o los victimarios”, dijo.

Para salir de la caja, se debe hablar abiertamente de los conflictos y dilemas que trae consigo este tema.

Denunciar siempre, pese al quiebre institucional 

La pandemia por COVID-19 ralentizó el ya deficiente sistema judicial venezolano, por lo que hacer avanzar los casos de violencia de género para hallar justicia es difícil.

¿La denuncia legal puede proteger a las víctimas en este momento? Es la pregunta general. La abogada y secretaria de la Universidad Católica Andrés Bello, Magaly Vásquez, plantea que, pese a que el sistema de administración de justicia está en crisis, las denuncias siempre serán un mecanismo de presión y las instituciones están obligadas a dar una respuesta.

Pese al quiebre institucional, denunciar la violencia de género es fundamental para ejercer presión y enfrentar la impunidad

Explicó que en la medida que haya una denuncia oportuna, se facilitará la posibilidad de acompañamiento hasta que la víctima sea reparada hasta donde sea posible.

“Independientemente de que el tribunal conceda sanciones que pueden no ser consideradas como suficientes, la respuesta institucional sentará un precedente, y al mismo tiempo cumplirá una función preventiva”, señaló.

Es decir, la certeza en la población de que las instituciones van a responder de alguna forma, también limitará la impunidad porque envía un mensaje tanto a victimas como a victimarios de que lo sucedido no será ignorado, sino que vendrá acompañado de investigación y sanciones.

La experta planteó que, por ahora, una reforma legislativa no es lo más importante, sino interponer las denuncias y reforzar la parte educativa y preventiva en materia de violencia de género. Una educación que promueva las relaciones de igualdad.

Las denuncias también abren paso al planteamiento de que cada empresa, centro de educación y demás espacios comiencen a elaborar sus propios protocolos de acción contra la violencia de género dentro de sus entornos de trabajo, que estos se conviertan en espacios seguros.

“Estamos comprometidas con la causa de la igualdad, era hora de que comenzáramos a tener estas conversaciones en paralelo a todas las demás carencias que vivimos en Venezuela. Siento que si nos organizamos como sociedad podemos atacar y resolver los problemas todos a la vez”, concluyó por su parte Nina Rancel, de Yo te creo Venezuela.

La información sobre la labor de Yo te creo Venezuela está disponible en este enlace.

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