Uno de los principales problemas es la falta de oxígeno, esencial para atender a los enfermos con problemas respiratorios a causa de la COVID-19. “Son pueblos invisibles para la capital y las autoridades”, asegura Pati Blasco, miembro del Vicariato San José del Amazonas.

La pandemia de coronavirus ha causado al menos 504 muertes y 2.278 contagios en los pueblos indígenas de la cuenca amazónica -que comprende Colombia, Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela, Brasil, Guyana, Suriname y Guayana Francesa-, según los datos recopilados por la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica).

Estas cifras aumentan si se tiene en cuenta no solo a los pueblos indígenas sino a toda la población de los territorios de la Amazonía, donde el virus ha provocado más de 6.200 muertes y ha dejado más de 118.000 contagiados, según los datos de la Red Eclesial Panamazónica (Repam), que recientemente advirtió sobre las consecuencias que puede traer el coronavirus en las poblaciones originarias si no se actúa de inmediato.

Uno de los principales problemas es la falta de oxígeno, esencial para atender a los enfermos con problemas respiratorios a causa de la COVID-19, según ha explicado a Europa Press Pati Blasco, del Vicariato San José del Amazonas, situado en la triple frontera de Brasil, Colombia y Ecuador, y miembro del Equipo Itinerante de la Repam.

“Algunos necesitan una pequeña planta de oxígeno para implementar el centro de salud”, señala Blasco, quien comenta que el problema continúa existiendo sobre todo fuera de las grandes capitales, en zonas donde ni siquiera hay hospitales.
Tal y como señalaba Blasco recientemente a la ONG Entreculturas, el oxígeno se ha convertido allí en “el producto más buscado”, en el “oro” y están “desesperados por comprarlo”.

Comentó que estas carencias no son nuevas, pues ya las sufren a la hora de enfrentarse a otras enfermedades como “el dengue, la malaria” o “la mortalidad materno infantil”. En todo caso, confirma que la COVID-19 está siendo “una catástrofe” para ellos.

A su juicio, estas carencias se deben a un sistema de salud “muy deficiente” y al poco presupuesto que se destina a estos lugares “alejados y de poco interés” para los gobiernos. “Son pueblos invisibles para la capital y las autoridades”, asegura.

Mientras tanto, el virus se está extendiendo por los pueblos indígenas, en gran medida, según apunta Blasco, debido a que los que emigraron a las grandes ciudades están regresando a sus pueblos “de forma clandestina”, porque en las urbes “no tienen de qué vivir”, y están “llevando la enfermedad”.

Situaciones dramáticas

El secretario ejecutivo de la Repam, Mauricio López, ha denunciado que se están viendo “situaciones especialmente dramáticas” en los territorios de la Amazonía, como en Manaos (Brasil) “donde las actitudes cuasi criminales de los representantes de gobierno están fomentando de alguna manera que las personas no sigan las recomendaciones de los organismos de salud internacionales”.

Además, ha advertido de “un descontrol en los accesos a territorios indígenas” y ha indicado que no ha parado “la extracción de los recursos naturales, la invasión, incluso la violencia a muchos líderes”.

“No hay cuarentena para todo esto, estamos viendo intensificación, incendios en Brasil y Bolivia, violencia contra líderes, también indígenas en Brasil y Colombia, no solo en la Amazonía”, subraya.

Al menos cuatro indígenas waraos venezolanos han muerto en Brasil, luego de que migraran en busca de mejores condiciones de vida.

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