jueves, 21 de octubre de 2021

Del gimnasio en honor al medallista olímpico Marcelino Bolívar en Soledad solo quedan cuatro paredes desconchadas

El criollo medallista olímpico de Los Ángeles 1984 vive en su pueblo natal anzoatiguense, Soledad, donde la desidia y la falta de mantenimiento reinan en el gimnasio y en la calle que llevan su nombre. | Foto Joelnix Boada

El criollo medallista olímpico de Los Ángeles 1984 vive en su pueblo natal anzoatiguense, Soledad, donde la desidia y la falta de mantenimiento reinan en el gimnasio y en la calle que llevan su nombre. | Foto Joelnix Boada

@joelnixb

En la avenida Guzmán Blanco del poblado Soledad, en el municipio Independencia del estado Anzoátegui, se encuentra el Gimnasio Marcelino Bolívar, en honor al medallista olímpico de Los Ángeles 1984, nativo de esta localidad. Hoy, aún con el furor olímpico despierto, el centro deportivo está en el olvido, pese a que años atrás el atleta se dedicaba allí a formar a jóvenes boxeadores.

El gimnasio municipal existía desde hace décadas y recibió el nombre del atleta -como un homenaje- cuando ganó la medalla de bronce.

Desde que Bolívar finalizó su carrera profesional en 1994, se dedicó a entrenar a niños y adolescentes en el ring. A principios del 2000, luego de vivir un tiempo en la Isla de Margarita, regresó a Soledad y retomó la formación de atletas jóvenes.

Sin embargo, debido a la desidia municipal ya le es imposible cumplir con esta labor porque no cuenta con un espacio adecuado. Del gimnasio solo quedan cuatro paredes desconchadas. No hay ring, ni peras y tampoco sacos de boxeo. No hay alumbrado, ni agua; todo fue saqueado.

En la entrada hay basura, la maleza bordea el sitio y la fachada que antes era amarilla, ahora es gris. En la pared frontal están los rastros de unas letras que completaban el nombre del gimnasio. Ese es el único vestigio que certifica que en el pasado fue un centro deportivo.

“Yo quisiera para Venezuela y para el municipio una proyección en el deporte. Hay muchos niños aquí que quieren practicar, pero no hay espacios”, expresó.

En un recorrido realizado por Correo del Caroní, Bolívar comentó que el abandono del gimnasio se debe a la desidia de los políticos que han gobernado en Soledad. “Es bastante desagradable llegar a un gimnasio que lleva mi nombre y que esté así porque adonde llegué yo no creo que llegue otra persona. Vean cómo tienen esto, como si esto fuera un basurero, un escombro viejo donde todo echan”, expresó.

El medallista hizo un llamado a los entes deportivos municipales a que atiendan esta situación “que se den cuenta que esto es un valor que se obtiene porque uno se esfuerza para que se tengan cosas bonitas, no cosas malas, horribles y cochinas”.

Memoria olímpica

El medallista, pese a ser anzoatiguense, representó a Bolívar porque fue en Ciudad Bolívar donde se inició en el boxeo | Fotos Joelnix Boada

La medalla olímpica de Marcelino Bolívar fue su pasaporte al estrellato deportivo nacional e internacional. Entre anécdotas, recuerda que gracias a la presea le dio un abrazo a Mohamed Alí, conoció al boxeador Tommy Hearns y a la actriz y cantautora María Conchita Alonso.

Con gran jocosidad y folclore, Bolívar, quien habla hasta en inglés y filipino, comenta sus hazañas deportivas como si hubiesen ocurrido ayer y se enorgullece porque gracias a ellas conoció decenas de países.

“Eso fue de la noche a la mañana, no sé cómo llegué a ser tan grande en el deporte, yo fui campeón mundial amateur en Torino, Italia, en 1982, fui el primer latinoamericano en acreditarme ese título y fui campeón olímpico”, dijo.

Al preguntarle cómo empezó su entrenamiento deportivo comentó que a inicios de los años 80 viajaba desde un campo de su familia a Soledad y desde allí agarraba una lanchita a Ciudad Bolívar para practicar en el Estadio Heres y en un gimnasio en La Sabanita. Por eso siempre representó al estado Bolívar en las competencias regionales.

“Veía a esos tipos papeados y decía ‘naguará a mí me falta peso’. Luego entendí que en el boxeo cada uno tiene su peso y eso se respeta y empecé a prepararme en el peso minimosca”, dijo.

Su sed por competir lo llevó a tener siempre en mente que quería enfrentarse en el ring con los mejores boxeadores para entrar en el podio con los más destacados. “Yo decía que si me inicié en este deporte es para pelear con los mejores, sino era mejor irme a trabajar”, señaló.

Y así clasificó en los regionales y luego de quedar en los primeros lugares fue a Caracas a competir en los nacionales. “Yo acostumbrado a dormir en un chinchorrito de moriche con huecos y cuando me fui a la capital dormía en un hotel en un camón y decía ‘¡mi hermano aquí no me gana nadie!’”, dijo quien fue en los años 80 siete veces campeón nacional AAA.

“Me fui de Soledad a Caracas con un pantaloncito, una camisita, el chinchorro, unos zapatos negros y un protector de boca, jamás pensé que allá me fuesen a dar todo. Estaba loco por ponerme una chaqueta que dijera Venezuela y me dieron un maletín con todo eso”, dijo.

“En los olímpicos para llegar al podio tuve que completar 13 peleas de campana a campana”

Comentó que a las olimpiadas de 1984 fue de suerte porque luego de clasificar en todos los torneos nacionales e internacionales, el Comité Olímpico Nacional le comunicó que solo había cupo para tres boxeadores y él no estaba en la lista.

“Me dijeron ‘no se aliste que no va’. Pero a última hora a Luis García lo noqueó un cubano y allí sí me llamaron, pero fui por descarte, por relleno. Fui como un tapa huecos pero el hueco quedó bien tapado con esa medalla de bronce (…) En los olímpicos para llegar al podio tuve que completar 13 peleas de campana a campana. Quedé en podio con un soviético y un norteamericano”, dijo.

Luego de ganar la medalla, su recibimiento fue muy ameno al llegar a Maiquetía, pero el recuerdo que más atesora es cómo lo esperó su pueblo natal luego de la victoria en Los Ángeles.

Al preguntarle si después de que obtuvo la medalla, el gobierno venezolano de ese entonces -presidido por Jaime Lusinchi- le otorgó algún incentivo económico o habitacional la respuesta fue negativa: “En ese tiempo no daban nada como están dando ahorita (…) Solo los 80 dólares para el viaje y el recibimiento”, dijo.

Cuatro años después clasifica a los Juegos Olímpicos Seúl 1988 y afirmó que desmotivado por no haber recibido apoyo del entonces gobierno nacional, decidió ir a divertirse y no a ganar.

Bolívar destacó que su participación en dos juegos olímpicos le dejó un gran aprendizaje que transformó su vida. “Aprendí, conocí y visité tantas cosas hermosas que jamás en mi vida me imaginé conocer, fue algo grandioso”, expresó. También le dejó el reconocimiento de las personas. Dice que adonde va lo conocen y saludan y eso le causa gran satisfacción.

En pleno furor olímpico la casa del medallista Marcelino Bolívar está cubierta de maleza

Su casa entre la maleza

El medallista olímpico vive en el sector El Peso, de Soledad. La calle donde queda su residencia lleva su nombre y solo es posible entrar caminando. No pueden pasar carros porque la carretera es de tierra y la maleza abunda y supera los dos metros de altura.

A lo lejos, su pequeña casa no logra verse. Un gran paredón verde de carrizos la tapa. La desidia y la falta de mantenimiento reinan en ese sector. “Le pido a las personas que están en la Alcaldía (del municipio Independencia) que tienen las máquinas para limpiar esto (…) este es un sector casi abandonado”, denunció.

La vivienda está bien pintada y frisada y tiene una pequeña cocina semiempotrada, pero no tiene muebles. Para conseguir agua debe caminar unas cuantas cuadras. “Es desagradable, porque los camiones cisternas no entran por aquí”, dijo.

La casa fue remodelada hace cuatro meses por la Fundación Glorias Deportivas de Venezuela y no es ni la sombra de las fotos difundidas en Twitter el 2 de agosto del 2021 y que se hicieron virales, en las que aseguran que el atleta vivía en estado de indigencia. Bolívar dijo que las fotografías eran viejas.

“La Fundación Glorias Deportivas de Venezuela se formó cuando nosotros estábamos empezando y está bastante fortalecida, ellos siempre me envían y están pendientes de mí, debo agradecerle a su presidente Roberth Solórzano (…) Mi casa estaba fea y me la pusieron bonita”, dijo. La fundación también le da una pensión.

El medallista comentó que el Comité Olímpico Venezolano ni en ese tiempo ni actualmente se ha preocupado por ayudar a los deportistas viejos. “Si tú fuiste bronce y tienes todo por qué yo soy bronce y no tengo nada ¿Qué está pasando? Representé el mismo país que ellos”, dijo en referencia a los atletas olímpicos actuales.

Afirmó que su carrera deportiva le dejó gran reconocimiento en el país y aunque a veces pasa por situaciones difíciles siempre viene una ayuda de algún lado.

“Le doy gracias a Dios porque me conoce el mundo, cuando menos creo que tengo, las ayudas llegan, hay bolsas que me han llegado de distintas partes, como el alcalde de Lechería que llegó a mi casa con una camioneta con toda clase de comida”, dijo.

Expresó que en el país deben existir más fundaciones e instituciones que velen por los atletas, no solo por los olímpicos, pues practicar deportes y representar al país muchas veces es un acto de sacrificio.

Sin embargo, anhela percibir ingresos propios entrenando a una generación de boxeadores que puedan competir tanto nacional como internacionalmente. Un buen punto de partida sería el gimnasio que lleva su nombre y que hoy está en el abandono.

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