lunes, 17 de enero de 2022

Voto de simpatía por el Diablo

Estos 22 años de socialismo del siglo XXI, Venezuela ha estado plagada de advertencias sobre los peligros a la libertad: todas fueron desestimadas. En opinión de diversos sectores no había alarma de algún propósito dictatorial.

Estos 22 años de socialismo del siglo XXI, Venezuela ha estado plagada de advertencias sobre los peligros a la libertad: todas fueron desestimadas. En opinión de diversos sectores no había alarma de algún propósito dictatorial.

@ottojansen

Las elecciones presidenciales nicaragüenses de la semana pasada, con sus desarrollos y resultados más que esperados, confirman el rumbo de los encantos y desencantos del sistema democrático, ahora aprehendidos desde las nuevas formas de totalitarismos y de control del poder en el mundo por grupos asociados al crimen, a mafias y narcotráfico. Allí se muestra una vez más cómo a los espejismos de liderazgos salvadores de los vacíos del sistema del Estado de Derecho y libertades en función de la justicia social, se impone plautinamente la garra dictatorial, el feudo de los señores que estiman lo que es bueno o no para el pueblo que los elige.

En nuestro país tenemos un largo recorrido de este proceso de mimetización de la democracia, convertida en inutilidad institucional vía al Estado socialista todopoderoso, que no se para en detalles para imponer la cultura de la mediocridad y el conformismo, la implementación de la organización para frenar la posibilidad legal de transformaciones y del reclamo popular. A diferencia de Nicaragua, la sinuosidad en la erosión del comportamiento político, luego de 40 años del sistema de partidos (con sus debilidades y fortalezas) se ha venido logrando con la corrupción generalizada de todos los estamentos de la vida nacional, donde la parte más visible, por supuesto, son los dirigentes y partidos políticos, pero que están por igual empresarios, intelectuales, medios de comunicación y comunidades. Los compran y los exponen como legítimos; imponen, además, la narrativa de convertir en peligrosas para la “paz”, las luchas por los derechos ciudadanos.

En las regiones (Guayana es un ejemplo estelar) la dinámica de involución política es acelerada y mediante pequeños dictadorzuelos y la proliferación de especie de antiguos jefes civiles del siglo XIX, son declarados por la revolución los jefes de calles, miembros de consejos comunales e integrantes de las salas situacionales a medio construir. Para este 21N, con las elecciones regionales, es innegable que el régimen de antemano se está anotando un triunfo mediático: ha hecho mediante alianzas con sectores en algún momento de oposición al proyecto chavista, incorporar a comicios sin condiciones del modo exigido por parámetros internacionales a los partidos, antiguos defensores de la democracia pero viciados de burocratismo, sin vocación de luchas, ni contactos con la realidad social que tanto invocan. Han logrado los jefes de la revolución mediante negociados con dirigentes nacionales y regionales, alguna vez de significación en la movilización de la protesta, llevarlos a competir cuan concurso de vanidades, sin atender las prioridades que tanto han costado vidas como la emergencia humanitaria compleja y de manera fundamental el rescate del orden constitucional, donde se encuentra usurpada la figura presidencial y parlamentaria. Sin embargo, para los cálculos de una ceguera política que no reconoce la naturaleza de los nuevos estados totalitarios, el “realismo” aconseja desechar el planteamiento de un cronograma electoral supervisado y participar con las migajas de supuestas concesiones en elecciones inútiles que no aportan solución estructural al complejo nudo de intereses que atropellan y aniquilan a la población. El efecto mediático está logrado. Falta ver si la gente, directamente, se come esa rueda de carreta con el hambre y la casi total desesperanza donde se encuentra.

Mi derecho al voto libre

En estos 22 años de socialismo del siglo XXI Venezuela ha estado plagada de advertencias sobre los peligros a la libertad: todas fueron desestimadas. En opinión de diversos sectores no había alarma de algún propósito dictatorial. Cada consulta siempre estuvo libre de aprehensiones en relación al valor del voto. Supuso, sin sospechas de ninguna naturaleza, el ejercicio legítimo de la expresión de la democracia. No había, por lo tanto, nada que temer de los “excesos” verbales del comandante muerto, o de los desafueros que ignoraban la Constitución de la República. Casi todos lo asumimos así.

Ahondándose con los años, la práctica de la persecución a la disidencia critica, el irrespeto a resultados como el referéndum constitucional que impidió que fuese decretada la república socialista y que sin embargo comenzó a armarse desde los decretos de la Asamblea Nacional controlada por el chavismo, además de los asaltos a las leyes electorales con designación de alcaldes o el desconocimiento brutal de victorias, como ha sucedido en el estado Bolívar, han sido actos con los que la comunidad internacional empezó a validar los signos del uso de la democracia para instaurar regímenes diferentes a los propósitos que le son inherentes. Quedó en evidencia con los golpes claros a la Constitución (adelantos de comicios de 2018 o realización de elecciones de 2020) a los mandatos presidenciales y parlamentarios, que el ejercicio democrático no se cumplía en nuestro país y alertó al mundo sobre los comportamientos de las nuevas expresiones del totalitarismo y de la dictadura del proletariado. Nicaragua, por su parte, adelanta sus pasos de Estado dictatorial, con total desparpajo.

Los tiempos han cambiado mucho, sobre todo en las regiones; nadie ha impuesto el abandono colectivo al voto manipulado que la revolución echa mano con elecciones de enormes ventajismos. Hay instinto popular sobre las maniobras del poder, más en estas cuestionadas regionales 2021 que han dibujado la peor de sus faunas (gobierno y denominados opositores) en intereses ocultos. Será desde los esfuerzos de los guayaneses de donde saldrán fuerzas para rescatar el voto libre que conlleve a los urgentes cambios; sin esa simpatía por el diablo representado en las tretas revolucionarias y que tendrá otra prueba en Venezuela con la opereta electoral dentro de pocos días.

Más del autor

Navidad: ¡oda a la ciudadanía despierta!

La guayanesidad despierta es como entendemos a la población que genera aprehensiones y construye caminos ante un complejo nudo de situaciones prefabricadas, que no pueden interpretarse en modo de normalidad.

Panchito pasea por Guayana en Navidad

El futuro, la luz de las transformaciones para una región autosuficiente y orgullosa de su modernidad y gentilicio que bien podemos tenerla, son los niños de hoy. Estos pagan desequilibrios y atropellos de un modelo político fracasado y corrompido.

Mirar y entender las nuevas realidades de Guayana

El encuentro guayanés con la civilidad, perdida por la destrucción del modelo revolucionario, tiene que darse con y desde la gente, a cielo abierto y en recorrido por los sectores ahora invisibles.

21N: el ruidoso silencio de las mayorías

En cada municipio y comunidad del estado Bolívar, la intervención del Estado-partido-gobierno tiene actuación por acción u omisión y es a ese clima tramposo al que la población en grados distintos manifiesta su rechazo.

¡Síguenos!

Notas relacionadas

El buscón más buscado

Tiempo mal invertido, desde el poder, incitar al odio público por el solo hecho de disentir.

La transición constitucional, un sindicato de quiebra

La vigencia del Estatuto original logra sostenerse con su primera reforma de 2020. Cosa distinta es, como se constata, la aprobación de la segunda reforma de 2022. Desde su versión inicial luego modificada, da lugar a un nuevo y distinto Estatuto para la Transición.

¿Dónde estaba el “Superbigote” a las 3:00 am, el primero de enero?

El gentío carece de los recursos elementales para sobrevivir, pero he aquí a semejante lisiado, mental y moral, tirando el dinero por el desaguadero de comics mal hechos, de peor gusto, en los que se auto se promueva, como ¡salvador! de la Patria.

La manada sin brújula

No es sabio dejarse llevar por una manada a ciegas, por la razón que fuese. Y hay manadas que se dejan arrastrar por esa ilusión de conocimientos que da la modernidad.

Un ente rojo rojito

Hay un grupete ominoso y atroz, pero existe una pandilla aborrecible y repugnante. Algunos siguen aterrajados, otros cambian de enchufe en ese enroque de los mismos en diferentes minpopos.

Nuestra partida de nacimiento

Ocurrido el descubrimiento, superado el tránsito de la conquista, llegado el tiempo colonial, el boceto de la nación que fuimos, por lo visto, era abiertamente doctrinero.