martes, 20 de abril de 2021 | 4:28 AM

Viacrucis y resurrección en la escuela

Las cruces de la escuela venezolana no aparecieron con el Covid-19, pero esas cruces se han vuelto más pesadas. Después del vía crucis está la resurrección. | Foto William Urdaneta

Las cruces de la escuela venezolana no aparecieron con el Covid-19, pero esas cruces se han vuelto más pesadas. Después del vía crucis está la resurrección. | Foto William Urdaneta

@luisaconpaz

El vía crucis, camino de la cruz, de la escuela venezolana, no comenzó con la cuarentena. Hace tiempo ya que estudiantes y maestros vienen pasando por estaciones dolorosas, con cruces muy pesadas, pero recordemos que al final del camino de la cruz vino la resurrección. Los educadores cuando recibimos a los niños pequeños confiamos en que luego aprenderán a leer y a escribir, y sembramos sin estar haciendo cálculos, pero confiamos en su vida futura. Así estamos hoy en esta cuarentena, confiando en que luego vendrá la resurrección.

Meditemos frente a algunas de las estaciones del vía crucis de la escuela hoy.

Primera estación: no han venido casi niños al salón. Da tristeza, podemos juntar tres secciones y a veces no llegamos a la cantidad que antes tenía una sola. Según la encuesta Encovi, solo la mitad de los escolares asiste normalmente a clases. Y ahora las escuelas cerradas. No hay juegos en el patio, no hay sonrisas en los pasillos. Las escuelas existen porque hay niños y niñas que estudian. Es una cruz difícil de entender, de aceptar y de cargar: escuelas vacías. Unicef dice que en Venezuela hay un millón de población en edad escolar fuera de las aulas. El INE ha dicho que en el 2019 teníamos menos escuelas que en el 2018. Te pedimos, Señor, las escuelas se llenen de nuevo.

Segunda estación: hay niños que vienen, pero están aletargados. No están comiendo ni en sus casas y tampoco la escuela les puede garantizar su alimento. Según el Programa Mundial Alimentario de la ONU, 1 de cada 3 venezolanos está sufriendo de inseguridad alimentaria. La letra, con hambre no entra. Esta cruz se ha ido poniendo más pesada cada día, y con la cuarentena, ni siquiera esos que antes comían o medio comían en el plantel, podrán hacerlo. Te pedimos Señor que les des el pan de cada día a los pequeños, que esta nueva emergencia no agrave la que ya teníamos.

Tercera estación: los jóvenes, de camisa beige dicen que prefieren irse a trabajar que seguir estudiando. Cruz pesada esta del no ver horizontes y la cuarentena profundiza la incertidumbre. ¿Cómo mantenerlos en el liceo cuando en el país los méritos no parece que valen? Señor, que los jóvenes no dejen de soñar.

Cuarta estación: renunciaron cuatro maestros más esta semana. Escuelas sin alumnos es una pesada cruz, pero escuelas sin maestros es un amenaza a la propia institución Sin maestros no hay escuela. Con el salario actual no puede comer un docente, ni siquiera le da para el pasaje. Según el INE, hay 33.000 vacantes en los planteles y deben ser más. Los educadores han cargado con esta cruz los últimos años, y cada vez se hace más pesada, y esa cruz la comparten los directivos, administrativos y el personal de ambiente. En esta cuarentena, las familias han sentido la importancia de los maestros… Las tabletas no sustituyen la sonrisa de las maestras. Señor, que la sociedad y el Estado protejan a los educadores, dales fuerza a los maestros para que consigan caminos creativos para luchar.

Pero el camino de la Cruz termina el domingo de resurrección: esta larga vigilia nos obliga a estar despiertos para poder ver las luces que nos van anunciando que hay vida en medio de las cruces.

Jesús resucita cuando las señoras Mary Carmen y Ángela, de la isla de Margarita, perseveran y escriben a mano tareas, ejercicios para las niñas de la cuadra que no tienen internet y no van a la escuela, y esas dos “madrinas” les sirven de “maestras temporales”.

Resucita cuando la maestra de la pequeña Beatriz, de Maracaibo, se da el trabajo de copiar en Whatsapp las clases que el Ministerio de Educación está pasando por televisión, y esa maestra lo envía a sus alumnos porque sabe que algunos no se habían enterado de los programas por TV y no quiere que se queden atrasados y con mil piruetas se ha comunicado con las madres. Nadie le pagará su esfuerzo.

Resucita cuando equipos de escuelas de Fe y Alegría no han descansado preparando materiales para la radio y poder llegar a estudiantes que no tienen teléfonos inteligentes ni internet en sus casas y están haciendo unos micros para clases diarias por radio. Se aprende sobre la marcha. A nadie se le ocurre decir que no fuimos preparados para estas nuevas tareas.

Resucita la escuela cuando recibo mensaje de Del Valle, madre promotora de paz de San Félix y ahora directora de una escuela, que anuncia los proyectos de vida de su colegio, ubicado en una comunidad violenta y muy pobre. Le robaron su teléfono, pero consiguió uno prestado y por ahí contará sus historias del Sábado de Gloria.

Uno se anima y ve luces cuando sabe que hay grupos juveniles, como Huellas, de alcance nacional, que no se han desmovilizado. Siempre con planes B y C para multiplicar grupos de referencia para adolescentes y jóvenes.

Resucitan las escuelas cuando los docentes buscan mil maneras de llegar a sus alumnos y ve uno las fotos de niños y adolescentes con trabajos desde sus casas, como esas que hemos visto de planteles de Fe y Alegría de oriente. En las fotos los estudiantes aconsejan a la gente a quedarse en sus casas, a ser responsables con sus vidas y las de los demás. No hay notas de por medio.

Y sueña uno con que las autoridades que tienen la responsabilidad de tomar medidas de alcance nacional sepan buscar y conseguir los recursos para que el PAE (Programa de Alimentación Escolar) llegue todos los días, y no dos a la semana (según informe de Provea). Y también comprenda y atienda el clamor de los docentes.

Jesús resucitará también cuando logremos un gran acuerdo nacional a favor de la educación, por encima de diferencias de colores y franelas.

Sueña uno con un domingo de resurrección en donde nos reencontremos madres, estudiantes y personal de las escuelas, sintiéndonos más hermanos que antes.

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