jueves, 28 de octubre de 2021

Uruguay: perdió la izquierda

Lacalle ya ha anunciado que será un gobierno multicolor, con un gabinete multicolor. Está decidido a afianzar esa alianza y necesita hacerlo por cuanto la tarea es difícil.

Cambio de mando en Uruguay. Tras 15 años en el gobierno el Frente Amplio (FA; coalición de partidos y movimientos de izquierda) perdió el poder. El domingo 24 los uruguayos divididos en mitades casi iguales, por una ajustada diferencia de 28.666 votos entre 2.433.216 votantes, eligieron a Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional -PN; el histórico partido “blanco”- para presidir al país por cinco años a partir del 1 de marzo.

Y todo se desarrolló tranquilamente. Sin incidentes, sin denuncias serias de irregularidades. Hasta el filo de la medianoche del domingo decenas de miles de “frentistas” y decenas de miles de partidarios de Lacalle y de lo que él llamó la “alianza multicolor” (de centro, centro derecha y derecha) conformada por su partido, el “Colorado” -PC; el otro partido histórico y fundacional-, el Partido de derecha Cabildo Abierto -CA- (la sorpresa de estas elecciones ) y otros partidos menores partidarios de “el cambio”, esperaron el cierre definitivo del escrutinio vivando a sus líderes. Pese a la tensa y larga espera y a que ambas multitudes se dieron cita en el centro de Montevideo, a poco más de un kilómetro una de otra, todo se desarrolló muy pacíficamente. Y fue un final de bandera verde, tanto que la Corte Electoral no proclamó formalmente a Lacalle, por cuanto restan computar 35.229 votos observados (la diferencia son 28.666) lo que quedará finiquitado al fin de esta semana, que matemáticamente impiden hablar oficialmente de un ganador. No obstante ello es cosa juzgada que Lacalle ganó, aunque su rival, el oficialista Daniel Martínez por esa razón matemática no lo haya formalmente reconocido. Es casi imposible que los “observados” cambien el resultado primario. Nunca ocurrió, incluso con cifras aún más cercanas y ajustadas.

La cuestión es que la izquierda perdió. Y eso fue lo que ocurrió en las elecciones generales del pasado 27 de octubre en que el FA obtuvo del 39.2% de los votos, frente a un 28,6% del PN, 12,3% del PC, 10,9% de CA, más 2% de partidos menores, todos de oposición, que sumaban un 54% del electorado y los colocaba en una situación de ventaja para la segunda vuelta de un mes después entre Martínez y Lacalle, los dos más votados. Las elecciones de octubre hacen que el FA pierda la mayoría parlamentaria que lo acompañó durante los tres gobiernos (de 16 bajó a 13 senadores en un total de 31, y de 50 a 42 diputados en 99). Los partidos opositores pasaron a ser mayoría y de hecho se coaligaron para apoyar a Lacalle -la alianza multicolor- en el balotaje.

Pasado el mes Martínez y el FA lograron un importante repunte y consiguieron el 47,51% de los votos válidos (quedan por fuera en blanco y anulados 3,78%). Lacalle ganó con el 48,71%, apenas un 1,2% de diferencia.

La variación electoral muestra que la izquierda mantiene mucha fuerza, pero a su vez que en la coalición ganadora hay algunas pequeñas fisuras que dicen que aún no está del todo consolidada. Lacalle ya ha anunciado que será un gobierno multicolor, con un gabinete multicolor. Está decidido a afianzar esa alianza y necesita hacerlo por cuanto la tarea es difícil y tendrá que realizarla con una izquierda que será la minoría mayor en ambas cámara y que domina a la poderosa central sindical PIT-CNT, y que nadie sabe cuál será su conducta.

El FA perdió por varios factores, entre los que resalta un aumento muy importante de la inseguridad pública, -en un país acostumbrado a vivir sin problemas en ese campo-, un deterioro grande de la educación, -que era uno de los orgullos de los uruguayos-, algo de corrupción de quienes se autoproclamaban los fiscales de la nación y los dueños de la honestidad, y la política exterior de apoyo a la dictadura venezolana, que se apartó de lo tradicional y se vinculó a “negocios”, y tuvo su incidencia. Y por supuesto el tema económico: la inflación prevista del 7%, va en el 8,34, el desempleo ha trepado al 9,5% (hace un año era del 8,7 y hace ocho no llegaba al 6%), el déficit fiscal, en aumento, está en el 4,9% del PBI, y este en el 2019 no llegaría crecer un 1% (del 2005 al 2014 el crecimiento fue del 5,1% promedio y del 2015 al 2018 del 1,6%). Más una creciente deuda externa.

Todas estas razones, que no son pocas ni chicas, conforman la herencia que recibirá Lacalle Pou, con la izquierda enfrente, que no asumirá sus culpas y responsabilidades sin duda alguna.

No será tarea fácil para el nuevo presidente ni la flamante alianza.

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