martes, 26 de octubre de 2021

Un año más o un año menos

Un cambio por sí mismo no tiene por qué ser para bien. Lo es si produce progreso. No lo es si produce retroceso, o como en la situación venezolana: salto al vacío.

La expresión es válida para la vida de las personas como para la vida de los sistemas o regímenes políticos. Pero no es igual. En el primer caso es inexorable. En el segundo puede haber más flexibilidad. Esto lo digo por la larga duración de la tragedia venezolana del siglo XXI, con sus correspondientes períodos o temporadas, porque no todo el tiempo ha sido absolutamente uniforme, ni habría podido serlo, aunque los fundamentos de la hegemonía no han tenido variaciones claves en cuanto a su despotismo y depredación.

¿Qué 20 años, casi 21, no son nada? No es verdad. Son mucho o demasiado tiempo para la existencia cada vez más precaria de Venezuela. La devastación ha sido tan extensa y profunda que hasta estamos dejando de ser un país petrolero. Algo inconcebible antes de la llamada “revolución bolivarista”. Algunos desde una cierta oposición al poder establecido, ven esto con buenos ojos y lo llegan a calificar de cambio histórico… Tienen razón en un sentido pero por motivos muy negativos.

Nada de ello forma parte de una estrategia de diversificación de la economía, sino que es consecuencia de un desastre colosal. Con cambios históricos así, pronto nos podríamos extinguir como nación. Y de hecho, ya la nación venezolana es incapaz de proveer un presente o un futuro digno y humano a su población. La emigración masiva lo confirma plenamente, sobre todo la emigración de los más jóvenes.

Un cambio por sí mismo no tiene por qué ser para bien. Lo es si produce progreso. No lo es si produce retroceso, o como en la situación venezolana: salto al vacío. ¿Hay exageración en esto? Ojalá, pero más bien sostengo que hay subestimación. Nadie sabe a ciencia cierta, ni dentro ni fuera del país, la generalización de la catástrofe política, económica y social en la que está sumida nuestra patria. Hay innumerables estimaciones, pero son aproximativas y no realmente expresivas de la catástrofe.

Lo que si sabemos todos, incluyendo a buena parte de los jerarcas que destruyen al país, es que un año más para ellos en el poder es un año menos para Venezuela en el mapa. Quisiera estar equivocado. Pero lo que acontece cada día no refuta sino sustenta lo dicho. De allí que sea crucial que para que Venezuela tenga muchos años por delante, una cantidad indefinida de años como nación viable, es indispensable que la hegemonía que aún impera sea superada. Indispensable.

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El sustento de la esperanza

Algunos llamados expertos sostienen que las “dificultades” están en las “estrategias prácticas”, como si la lucha política contra una hegemonía despótica, depredadora y corrupta, fuera una cuestión técnica, más o menos como de tecnología electoral. Craso error.

Indignación y sufrimiento

El sufrimiento del pueblo venezolano indigna. Indigna también que sus responsables se burlen malévolamente del sufrimiento popular.

Un país secuestrado

Un país puede ser secuestrado poco a poco, sin que una buena parte del mismo tome conciencia al respecto, e incluso con la aceptación entusiasta de amplios sectores sociales. Lo clave es que se establezca un poder cuya finalidad sea despotizar, depredar, corromper, y hacer todo lo que sea posible para permanecer en el control del país.

Un camino culebrero

El camino culebrero está en medio de una catástrofe humanitaria de tal magnitud, que la principal vía de escape, hasta ahora, son millones de emigrantes que ya no pueden sobrevivir en su patria.

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