lunes, 20 de septiembre de 2021 | 10:10 AM

Síndrome de Playa Seca

El ‘Síndrome de Playa Seca’ merodea como un espíritu burlón entre la godarria bolivariana. Camarados y camarudos con prontuario, menor, igual -mayor casi imposible- al del mencionado representante de las des-generaciones de relevo robolucionario.

@omarestacio

“¿Volver pa’ nuestro pent ¡jau! y palacete playero, en el llamado Litoral Central de la Bolivariana de Venezuela? ¡Qué va, oh! ¡Jamás de los jamases!”.

La negativa que retumbó en él, no menos pent ¡jau! y no menos palacete, propiedad de los bolivarianos Yakelíngertrudis y Güilliamsfreddy II, sito en la Lagunita Contrisss Clusesss, extrarradio de Caracas, fue la de Clintonvizquel, el menorcito de la familia.

Este último, como los lectores se servirán recordar, es el prototipo, tipo y arquetipo del “Hombre Nuevo Bolivariano”. Un tarajallo de 29 años bien cumplidos. No pudo trasponer las infranqueables barreras del tercer grado de educación primaria -infranqueables para, su cerebrito- lo que no ha sido óbice para darle un patadón a la pobreza, en gang, gavilla o patota, con sus amantísimos progenitores, gracias a los negociados con Cadivi, Sicad I, Sicad II, Pdvsa, Dicom, los CLAP, el Petro -cada vez que los bolivarianos lanzan nuevo acrónimo o sigla, los venezolanos, tenemos que sujetarnos la cartera- aparte del tráfico con carburante de alto octanaje, cual un narcosobrino o narcotío, cualquiera.

Prosiguió la retahíla de Clintonvizquel:

– Pa’ la playa ¿Yo? ¿A ver si cuando estoy surfeando con mi tabla de 50 mil dólares o fondeo mi megayate, emerge un submarino, desembarca un escuadrón SWAT, de la DEA, la Interpol o de cualquier policía de rolito ¡zas! me ponen los ganchos y directo, pa’ la Súper Max de Colorado, Yunaites Estates, a compartir posada con el Chapo Guzmán?

El “Síndrome de Playa Seca” merodea como un espíritu burlón entre la godarria bolivariana. Camarados y camarudos con prontuario, menor, igual -mayor casi imposible- al del mencionado representante de las des-generaciones de relevo robolucionario. Además de las playas de, mares, ríos, lagos y hasta charcas, les han cogido pánico a piscinas, yacusis, bañeras, incluidas las poncheras para el aseo personal. Inútil convencerlos que desde algunos cuerpos de agua es imposible que emerjan comandos de capturas.

Adiós fines de semana en Aruba, islas griegas, Costa Azul, Fisher Island, Mayamis Bichos -donde todo narcobolivariano que se precie de serlo, tiene palacetes- a hacer mercado y, de paso, darse una zambullida. El supuesto mal olor que alguna maledicencia le atribuye a cierta integrante del alto funcionariado de la narcotiranía robolucionaria -nos reservamos, su nombre y apellido pues aunque ella, no es un dama, servidor sí es un caballero- no es por lo que creíamos. Es otro coletazo del “Síndrome de Playa Seca”, simplemente.

¿De qué valen megacuentas en Suiza, Andorra, Baréin, si se tiene que vivir asustado?

Me hago tales reflexiones mientras me doy un chapuzón, con mi mujer, en la playa de cualquier parte. No importa el país. Sin miedo porque al inocente la Providencia lo protege. Viene una ola y gozamos una ola. Vienen dos y gozamos un olón.

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Inmortalizar la épica de la chapuza que autoseatribuyó el remoquete de Revolución Bolivariana, no exige ni el esfuerzo, ni la genialidad de obras como la referida. Una cosa fue la sublevación, que condujo a nuestra emancipación y otra, el detritus de unos chafarotes.

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Lo comprobamos con el pretendido “enroque” ministerial de la semana pasada, en Venezuela. Las mismas caras, con diferentes botines.

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