jueves, 27 de enero de 2022

Sí, ¡paz y aventura!

Es la presencia activa que permite valorar el sentimiento de los 15 dirigentes sindicales, padres de familias, tras las rejas de la cárcel por defender sus derechos laborales ante un régimen que ignora la justicia social.

@OttoJansen

Recorrer la Guayana desde la perdida población de La Urbana, en el municipio Cedeño, siempre fue una gran aventura. El barón y naturista Alejandro Humboldt, describió en Viajes a las regiones equinocciales del nuevo continente la ruta que por la vía fluvial enlazaba caseríos y pueblos históricos del occidente guayanés, pasando por la antigua Angostura e internándose en la serranía, luego de tocar el Puerto de Tablas de San Félix. Eran los inicios del siglo XIX y la imponente naturaleza con sus pobladores, apuntados en las notas del investigador alemán, sigue siendo sorprendente y magnifica. Existe otra descripción de un misionero capuchino, Eulogio Villarin, que se internó en las trochas que desembocan en la Gran Sabana, en los años 30 del siglo XX. En esas líneas: 40 años entre los pemones, refiere al ascenso por la Sierra Lema: “Y llegamos a La Escalera, que ha de ser famosa por los siglos de los siglos para todos los que tuvimos la terrible necesidad de pasar por ella. Me sería difícil describirla, pues es un artefacto fuera de todo arte, y además, porque fue tanto el miedo que, como quien huye de la quema, apenas me detuve a mirarla; lo único que recuerdo es que eran palos amarrados con bejucos, que se cimbraban como si fuesen de goma y que un abismo abría sus fauces a nuestra izquierda y espaldas”. La ingeniería civil venezolana de los años 70 y 80 transformó aquel fangoso pasadizo y hoy al subir la serranía y abrirse la impactante topografía de explanadas verdes; contemplando el firmamento de miles de estrellas con el manto gigantesco del silencio en medio de la noche, la sensación es la definitiva presencia de Dios y su poder por sobre cualquier voluntad o pensamiento humano. Existen relatos, precedentes a la descripción del sacerdote, cuando un correo humano (un militar, por cierto) atravesaba a pie todas las comunidades sirviendo de comunicación entre estos parajes y el centro poblado más asentado que era la población de Tumeremo.

Toda esa línea desde Cedeño hasta Santa Elena de Uairén supone unos mil y tantos kilómetros que ponderando la significativa distancia de contemplaciones e historias, no agrega, sin embargo, a otros espacios con no menos impacto por sus recursos y bellezas. El ahora bautizado municipio Angostura que ha podido mostrar en el tiempo sus yacimientos del material de hierro en sus cerros majestuosos; a la par de la actividad agropecuaria que proporcionó imágenes sustantivas del esfuerzo tesonero con enormes extensiones de tierras cultivadas. Idéntica caracterización tiene la histórica población de El Palmar o la sensación que deja el actualmente desmantelado polo industrial de Ciudad Guayana que como lo reseña un capítulo del libro Constructor en Democracia. Leopoldo Sucre Figarella editado por la fundación que lleva su nombre, tocó al ingeniero desde una de las orillas del Caroní, soñar con la construcción de vialidades, asentamientos y empresas, cuya visión no ha podido escamotearse pese a los empeños; siendo en retrospectiva el reclamo a esa valiosa generación, el que no tuviera la misma capacidad para sentar bases de defensa de ideales para Guayana y el país entero, llegando con los años (en donde aún estamos) el fariseísmo y los mercenarios, mimetizados en falsos profetas.

Horizonte de múltiples voces

“Lo que está claro es que no hace falta ir tan lejos para ver la desgracia”, afirma el reconocido periodista argentino Martin Caparrós a propósito de coberturas con afán de encontrar en otras latitudes, lo que está en las narices. Observación feliz que muy bien puede trasladarse a otros ámbitos, tal es el caso venezolano cuyos actores en su generalidad intentan las transformaciones, apremiantes e ineludibles desde horizontes distantes de la cotidianidad, sacrificios pequeños o grandes. Lejos de las alegrías, tristezas, bellezas o escenarios con los que contamos. El propósito de rescatar el siglo XXI, del atraso totalitario, no es un cálculo impertinente: Es imprescindible escuchar la región; a las localidades de larga trayectoria y las que recién se consolidan. Esos urbanismos con identidad propia, que hoy día constituyen la metrópolis de San Félix y Puerto Ordaz, e igualmente gran parte de las poblaciones del estado. Solo la relación constante conduce a conocer del hambre que atropella a los guayaneses; conocer a los pemones que defienden con sangre sus terrenos de los embates del hampa y del Estado. Es la presencia activa que permite valorar el sentimiento de los 15 dirigentes sindicales, padres de familias, tras las rejas de la cárcel por defender sus derechos laborales ante un régimen que ignora la justicia social. Es el pulso cotidiano y el contacto insustituible el que mide la ira de las vecindades ante la falta de comida, con el engaño y la humillación por instituciones que son estafas de toda expectativa. Escuchar la nostalgia de los muchachos desde otras fronteras: “Pocos podrán entender el dolor de dejar la tierra que nos vio nacer. Muchos tendrán curiosidad de cómo lo podemos sobrellevar. Pero realmente no hay palabras tan elocuentes, ni versos tan armoniosos que puedan describir no ver el sol salir en tu tierra amada. Nos esparcimos por el mundo, y mi mente me hizo creer que los iba a perder, que era mejor no correr riesgos y simplemente volver. Tristeza arrastraba, y que bien maquillada que ni yo la notaba. A mi familia añoraba sin darme cuenta que en esta vida las distancias no nos separan. Cada estrella, a miles de kilómetros del sol, se conecta con él por la luz que emite, la luna se conecta con el mar y se lo recuerda al hacer cambiar la marea, así, cada vez que mi corazón palpita con el recuerdo de mi familia en mente, me hará recordar que de corazón a corazón la distancia física es irreal y que nuestras almas siguen siendo familia por los siglos de los siglos… Hasta pronto Venezuela”, de Hernán E. Jansen. Madrid.

Campanitas, que vais repicando

Todas las épocas han sufrido y aun así han dejado sentir su voz en Venezuela entera y en la Guayana extensa y profunda: ahora no será distinto. El estado Bolívar, de los recursos naturales que en el presente pretenden saquear los grupos del poder político con sus aliados. Y la Guayana levantada por el tesón de sus habitantes, son el reflejo de la vida entendida para la justicia, uso y beneficio colectivo. De allí que las convicciones enfrenten con firmeza la restricción de libertades y el desmantelamiento de los derechos en nombre de Estado dictatorial. El complejo momento nacional apunta, en lo único perceptible del horizonte, a que es la sociedad en su conjunto la protagonista estelar del tiempo inmediato. Por eso… si la bienaventuranza; la invocación auténtica de la paz. Y por sobre las acciones del mal y las tormentas en ciernes, el deseo de felices navidades y próspero año 2019.

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