domingo, 24 de octubre de 2021

Sea Biden o Trump, quedará Marco Rubio

La muestra de que esa continuidad democrática no es gratuita es visible en las tensiones actuales con el conteo de votos en los Estados Unidos. Es desde la mismísima Casa Blanca que se está presionando para resquebrajar esa fortaleza institucional bicentenaria.

@RinconesRosix

El dilema de los Estados Unidos es el mismo que se le puede presentar a cualquier otro país: o se construye una nación guiada por leyes sabias, o se agarra el camino de la viveza, de ver quién es más vivo que quién. Acogernos a las leyes no nos hace perfectos puesto que la sabiduría humana es limitada; sin embargo, nos permite construir la convivencia y organizarnos. Por el otro lado, optar por el camino de la viveza podrá dar éxitos rápidos para algunos, pero se hunde la sociedad en un pozo sin fondo porque la estupidez humana sí puede ser ilimitada.

Prueba de que el apego a la ley trae frutos extraordinarios en Estados Unidos. Cuenta ese país con doscientos cuarenta años de continuidad democrática sin precedentes en la historia del mundo. Sus padres fundadores redactaron una constitución magnífica que se ha mantenido en la mente de sus ciudadanos, y el problema con Trump es que él está jugando a romper ese nexo casi sagrado entre el texto fundacional y la mentalidad colectiva.

La muestra de que esa continuidad democrática no es gratuita es visible en las tensiones actuales con el conteo de votos en los Estados Unidos. Es desde la mismísima Casa Blanca que se está presionando para resquebrajar esa fortaleza institucional bicentenaria. Los padres fundadores habían advertido sobre el peligro de las tiranías y lo tuvieron siempre presente en sus discursos. En los inicios de esa nación, Benjamín Franklin llegó a decir: “aquí tienen la república, si es que pueden mantenerla”. Estaba claro él, como los antiguos sofistas o como Maquiavelo, que las democracias son vulnerables. Una de sus curiosas debilidades es que a la gente se le olvida proteger esa misma democracia, felices como están de vivir en un sistema de libertades. Piensan, quizás, que sus privilegios están servidos desde las alturas, y se abalanzan contra ellas en tiempos rabiosos. Y eso es lo que está ocurriendo ahora mismo.

La papa caliente de decidir un voto

Sin embargo, hay un dilema, y es sobre la validez de algunas de las políticas propulsadas por Trump. Sus prioridades aparecen en presentación de combo: unas políticas pueden ser válidas, pero vienen revueltas con otras desquiciantes y hasta peligrosas. El Abraham Lincoln Project, un grupo de republicanos expertos en campañas electorales, ha debido sortear la dificultad de decidir en una circunstancia como la de ese combo. Ellos siguen siendo los conservadores republicanos de siempre, igualmente preocupados por las tendencias liberales dentro del partido demócrata, pero decidieron apoyar a Biden por una sola razón, la misma que yo he esgrimido hasta ahora.

Pero hay que entender a la gente, un combo es un combo. Yo he dejado de comprar combos porque incluyen cosas muy innecesarias y porque no vale la pena pagar tanto por lo que me interesa, pero esa es la trampa de las decisiones: cualquiera se puede equivocar. Y el combo de Trump posee unas mercancías deplorables, ciertamente, pero hay otras sobre las que, aunque válidas y discutibles, la gente prefiere no hablar de ellas. Es por esta razón que muchos de estos seguidores no responden fielmente a los encuestadores. Los medios y los partidos deben interpretar esos silencios convenientes o esos particulares miedos al rechazo.

Por ejemplo, existe la presunción de que los seguidores de Trump son racistas, y por esa premisa un encuestado podría negarse a responder sobre si lo respalda o no. Quizás no desee ser tildado como racista, y eso tiene un valor. Hay de todo. Esa persona que no informa sobre sus preferencias por el presidente, quizás decidió hacerse la vista gorda con la separación de familias en la frontera, o la corrupción dentro de la fundación o de la universidad de Trump, o de sus impertinencias de viejo loco, solo porque le gusta cuando él se enfrenta a los liberales. Lo digo porque me llama mucho la atención que hay quienes se han mudado de California a Texas porque “Texas es mejor para criar a los hijos”. Eso es un indicador de esa niebla silenciosa que se esparce sobre la tierra. Un test de olfato.

Pero si hay algo en lo que los electores estadounidenses se han expresado abiertamente es en su condena al asesinato de George Floyd y también a los disturbios de estos últimos meses. Por una parte, las imágenes de esa agresión despiadada contra George Floyd recorrieron las redes y le abrieron los ojos a los Estados Unidos y al mundo sobre las acusaciones de abuso policial contra la minoría negra. Paradójicamente, de acuerdo con los analistas, este racismo de la era Trump está disminuyendo ese prejuicio entre los ciudadanos. La gente estaba asqueada y los números de Trump descendieron tanto que, desde esos primeros días, muchos analistas avizoraron que el presidente no sería reelecto. Sin embargo, fueron los disturbios, las quemas de iglesias y estatuas, la destrucción de negocios, los que despertaron nuevamente el miedo y las reservas de los encuestados ante una posible presidencia demócrata. Temen un mayor envalentonamiento de estos grupos radicales.

Porque los disturbios pueden partir de impulsos genuinos, rabia, pero para la comunidad cercana a esos eventos queda claro cuándo una rebelión es desordenada y genuina, y cuándo es ajena y orquestada. Que lo digan los venezolanos, los chilenos, los colombianos. Imagínense cuando eso ocurre en un país conservador como los Estados Unidos, con las tradiciones de luchas civiles de Henry David Thoreau y de Martin Luther King. No es de extrañar que a partir de allí, Trump haya subido en las encuestas. Y algo más, es palpable su liderazgo ante su formidable llamado a votar en estas elecciones.

En estos momentos en que escribo aún no se ha declarado quién es el ganador de la contienda, y por Twitter se nota la simpatía de muchos venezolanos por Trump, muy ligada a su apoyo por la causa venezolana. Sin embargo, le siguen el juego al presidente sobre el supuesto robo de votos y comentan sobre eso como si se tratara del CNE de Tibisay: no logran sacársela de la cabeza. Compran el discurso de la criminalidad en el conteo, pero no: Estados Unidos aún tiene mucha fortaleza institucional. Uno les responde a estos tuiteros pero no lo creen, porque están inmersos y ahogados dentro de esa pesadilla que es el imperio de la viveza y de la desconfianza mutua.

La oposición venezolana, es decir, los que vivimos esta pesadilla

El liderazgo opositor de Venezuela sabe muy bien lo que sabemos todos, tanto la legítima Asamblea Nacional como la oposición venezolana cuentan con el reconocimiento y apoyo de ambas cámaras del Congreso de los EE UU y eso no va a cambiar. Esa alineación demócrata debe apreciar el que los republicanos hayan dado un paso adelante, algo que muchos en ese partido no se hubiesen atrevido a dar. Biden, hay que decirlo también, es un centrista, como lo es también Nancy Pelosi o Hilary Clinton. No obstante, sabemos que los electores del sur de Florida tienen sus resquemores con el partido demócrata y los ven como unos comunistas disfrazados. Al menos cuando se trata de juzgar los acontecimientos en la América Latina.

Como consecuencia de eso, el estado de Florida se convirtió en un bloque rojo durante estas elecciones. De acuerdo a James Hohmann (junto a Mariana Alfaro) del The Daily 202, la campaña de Biden cojeó con los hispanos y se dedicó más al llamado blue wall o muro azul (un conjunto de estados de los Grandes Lagos con tendencias demócratas). No visitó Texas, su mensaje no cuajó en Florida. Quizás la complacencia de Obama con los Castro está demasiado fresca en la memoria del electorado. Lo cierto es, y aquí voy a mi punto, que Marco Rubio salió muy fortalecido con el triunfo de Florida, independientemente de la derrota o no de Trump.

Nuestra carta en esta lucha es y ha sido Marco Rubio y los republicanos del sur de Florida. Él sigue siendo uno de los mejores mediadores de la oposición venezolana ante Washington. El triunfo de su partido en Florida es una señal contundente del fracaso de los demócratas en sus políticas, no sólo con los estados fronterizos, sino en su comprensión de la América Latina. Precisamente por esos resultados, Marco Rubio tiene en sus manos una carta, por no decir, una gran palanca. La oposición siempre podrá trabajar con políticos como él o incluso como John Kerry (D). La mesa está servida y es favorable. Hay trabajo que hacer y no está permitido equivocarse.

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