martes, 30 de noviembre de 2021

Salvajismo a la orden del día

Me queda la pregunta de por qué la señora Rodríguez no pidió la llave a la Dirección de Cultura. Pero es una tontería hacerse esa pregunta: como los talibanes, el salvajismo en Venezuela está a la orden del día. | Foto cortesía

Me queda la pregunta de por qué la señora Rodríguez no pidió la llave a la Dirección de Cultura. Pero es una tontería hacerse esa pregunta: como los talibanes, el salvajismo en Venezuela está a la orden del día. | Foto cortesía

@cjaimesb

En marzo de 2001 los talibanes destruyeron las colosales estatuas de Gautama Buda en Bamiyan, Afganistán. Hoy, hombres armados talibanes montan guardia en las enormes cavidades rocosas que alguna vez albergaron dos antiguas estatuas de Buda, voladas con dinamita por los militantes durante su penúltimo período en el poder. 1.500 años tenían las estatuas, pero su destrucción fue ordenada por el régimen por estar en contra de la fe musulmana. “Son ídolos”, sentenció el Mullah Omar.

Cientos de obreros se encargaron de que no quedaran pedazos que pudieran reconstruirse. La Unesco sentenció que hacerlo era prácticamente imposible. Un patrimonio de la humanidad perdido a manos de los salvajes. Sin embargo y aunque parezca mentira, el nuevo régimen talibán insiste en que quiere proteger “el patrimonio arqueológico del país”, a pesar del horror que causó en todo el mundo ver las imágenes de los budas desapareciendo en nubes de polvo, destruidas por los mismos que hoy las quieren proteger.

“Con la economía del país tambaleándose se dan cuenta de que el trabajo para proteger el patrimonio proporciona ingresos regulares”, dijo Philippe Marquis, director de la delegación arqueológica francesa en Afganistán, según reportó Channel News Asia. Es decir que, si aporta ingresos regulares, la religión según la cual destruyeron los ídolos supuestamente prohibidos, se puede ir al mismísimo cipote.

Otro patrimonio de la humanidad declarado por la Unesco es la Universidad Central de Venezuela. A lo largo de veinte años hemos visto cómo los regímenes de Chávez y de Maduro han ahorcado la autonomía universitaria cortando el presupuesto que le corresponde y por consiguiente, cómo se han ido deteriorando unas instalaciones que constituían un orgullo nacional.

Hace una semana, Luis Palacio Herrera, presidente de la FCU-UCV, señaló que “adeptos al régimen violentaron una de las puertas del Aula Magna”, para que entrara la flamante vicepresidente Delcy Rodríguez. Con la excusa de que “están reconstruyendo la universidad” -¿qué los diferencia de los talibanes?- se hacen cruces y se muestran escandalizados por “el estado de destrozo en que se encuentran las instalaciones” y por las declaraciones de la rectora García Arocha donde exige que se respete la autonomía y se entregue el presupuesto completo. En junio de 2020 se había caído el techo de uno de los pasillos por falta de mantenimiento. Si no le dan a la universidad el presupuesto que por ley tiene asignado ¿con qué dinero se van a hacer labores de mantenimiento? La prioridad es pagar a quienes allí laboran.

Me queda la pregunta de por qué la señora Rodríguez no pidió la llave a la Dirección de Cultura. Pero es una tontería hacerse esa pregunta: como los talibanes, el salvajismo en Venezuela está a la orden del día.

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