domingo, 9 de mayo de 2021 | 12:26 AM

Revolución terminal: la estafa convertida en única ley

La cúpula socialista subyuga la colaboración de aquellos que viven del parasitismo y de la estafa, impidiendo al resto social su reclamo de los derechos y la reivindicación de la democracia plena.

@ottojansen

 “Mientras tanto, sin embargo, los diferentes elementos de la sociedad, desde los oportunistas a los radicales y desde los coalicionistas a la extrema derecha, habían decidido qué clase de política necesitaban de sus representantes y qué método debían emplear. La política adecuada era la defensa de sus propios intereses, y el método oportuno era la corrupción. Después de 1881, la estafa (citando a León Say) se convirtió en la única ley”.

Quizás haya que estudiar con detenimiento adecuado el texto citado (Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo, punto referido a “La tercera República y la Judería Francesa”) para comprender la actuación de las naciones en coyunturas de grandes catástrofes y cómo esas condiciones dieron origen a motivaciones sociales, a las manipulaciones políticas que produjeron episodios monstruosos y de inhumanidad con el nazismo y a la par la instauración mejorada, según cita la renombrada autora, del ejercicio totalitario soviético. Debemos acordar esa premisa, pero dígame usted que la conmoción institucional, política, económica y social como la que regularmente describimos de Guayana y Venezuela por estas líneas no tiene ese mismo tipo de ambiente y condiciones que las enumeradas en el texto de la señora Arendt.

Vivimos en nuestra sociedad nacional momentos cruciales y terribles cuyo norte no tiene explicación fácil ni, por supuesto, ritual. Sobre esto pensamos es menester impulsar que se expresen las voces de alerta en un estado de la significación de Bolívar, ya que topamos reiteradamente con los cantos de sirenas que intentan producir recomendaciones sin salpicarse del terreno de realidades oscuras y retorcidas fabricadas por la revolución bolivariana. El rescate del orden constitucional y la recuperación del funcionamiento de Venezuela (que ejercitó, con sus fallas y por cuarenta años, la libertad, el Estado de derecho, las reglas de una economía de libre mercado, el progreso y desarrollo) no se establecen solo desde el voluntarismo o la asepsia de los análisis. Es imperativa la conjunción de acciones y visiones que vayan más allá del activismo ramplón, de posturas meramente formales, de las rivalidades de liderazgos, trayectos donde se cobijan los tartufos de la comarca que se inmovilizan con el disfraz de prudencia, y que en esta región extensa son expertos los de la vieja política y los políticos más recientes que transitan como dirigentes.

Hoy la conducta institucional venezolana es la del control total del poder usurpador -en las más amplias instancias- en contra del resto de la sociedad. Es el poder empleado desde los grandes, pequeños y hasta de los más insignificantes que integran el funcionariado del sector público. El caso de las fuerzas de seguridad, son los más visibles pero todos los sectores de la revolución actúan desde la arbitrariedad. Mientras, la cúpula socialista subyuga la colaboración de aquellos que viven del parasitismo y de la estafa, impidiendo al resto social su reclamo de los derechos y la reivindicación de la democracia plena. Ellos son la legalidad y a su cinismo y maldad, la población debe someterse.

Corrupción y COVID-19

El ecocidio dejó de ser una abstracción exquisita en voz de singulares especialistas ambientales y propugnadores del amor a la naturaleza; los guayaneses han observado cómo equipos pesados, gandolas de combustibles y mercancías se han adentrado por todos estos años en las sierras protegidas por ley en el parque nacional Canaima, en toda la extensión de la selva y la Gran Sabana, arrasando a su paso comunidades indígenas o criollas, vialidades, flora y fauna. Allí se han instaurado aniquilamiento, matanzas y desforestación gigantesca. A la vez, las otrora ciudades consolidadas, aun cuando resisten la ruina que las carcome, están acosadas por prácticas del mercado negro e ilegal, la involución acelerada de sus espacios de civilidad y modernidad. El carácter de las autoridades desapareció. Habitan los edificios de Gobernación, alcaldías y concejos municipales de la región fantasmagóricas figuras sin posibilidad de mediar ante la violencia y el retroceso. Los escenarios de amparo de la justicia, son brazos del autoritarismo, invisibles para el drama social como nunca antes fue posible. En circunstancias donde la muerte reproduce emboscadas del COVID-19 y se envilece la vida de la región por la miseria que no se detiene, pretende el cálculo del régimen, acompañado de una visión tradicionalista o simplemente falsa, mediante agentes políticos de las mil maromas, ofrecer de alternativa a la tragedia de las mayorías la republica del engaño y la miseria.

 La pandemia muestra reportes estadísticos oficiales manipulados y los anuncios de las restricciones sanitarias (que no tienen en el estado Bolívar ninguna replica local que articule la supuesta función de atender la salud colectiva) construyen el mejor cuadro para una economía paralizada, extendiendo más hondura al hambre e impulsando la agilidad del aparato represivo. Es el panorama -inocultable- que facilita que los oídos de los responsables tengan menos acceso al clamor popular. Son la camisa de fuerza del control político y social para que el régimen de la revolución bonita pueda presentar a sus agentes, mimetizados de demócratas: el fraude y la estafa perfecta.

 Vista así la gangrena social, con similitudes que en otras épocas fueron antesala a la barbarie mundial de la opresión, toca específicamente en Guayana convocar a los que luchan por la decencia y la ética: esos que no se rinden. A los que se sienten cómodos en el charco de sus intereses y de la corrupción la población sabrá identificarlos.

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