lunes, 17 de enero de 2022

Sobre China: dos visiones

¿Es factible un avance bélico de China? ¿Le conviene? ¿Cómo quedan otras potencias ante esa eventualidad? Rosix Rincones Díaz comparte su columna con el periodista Ramsés Ulises Siverio para presentar visiones pertinentes en torno de este tópico que preocupa a buena parte del mundo.

¿Es factible un avance bélico de China? ¿Le conviene? ¿Cómo quedan otras potencias ante esa eventualidad? Rosix Rincones Díaz comparte su columna con el periodista Ramsés Ulises Siverio para presentar visiones pertinentes en torno de este tópico que preocupa a buena parte del mundo.

En meses recientes hubo preocupación por las pruebas militares de los chinos y surgió en esos días el fantasma de la guerra nuclear. Aunque las armas atómicas son más usadas para mostrar diente y persuadir a los rivales o enemigos, da vértigo pensar en la tentación de los humanos por la destrucción y la muerte.

El problema con China, para usar las palabras del exprimer ministro del Reino Unido, Tony Blair, es que no se sabe exactamente qué rol persigue en el mundo.  Sus vecinos se cuidan de ellos, por sólidas razones. El tamaño de China obedece a sus históricas incursiones militares. Por otra parte, los miedos de Occidente son de otro talante: le teme a la venganza de los chinos, quienes fueron humillados por británicos y franceses durante el siglo 19. Pero China no tiene esa mentalidad del ojo por ojo porque no la necesita. Ellos se han hecho del poder en el mundo por hacerse necesarios. Por ejemplo, cualquier enfrentamiento, conflicto, pase de factura que afecte a China puede hacer peligrar la cadena de suministros a nivel mundial.

Varios expertos han declarado que el gigante asiático tiene suficiente con sus problemas domésticos. De suyo, sólo mantener el poder en su territorio es un logro, un privilegio. Su posición como potencia tecnológica depende de una clase media burguesa que en estos momentos no ve con buenos ojos la disminución de sus libertades. De la misma manera, Beijing está acorralado con los problemas económicos en casa y justamente le urge anotarse un éxito, recuperar Taiwán. Sin embargo, es una movida que debe sopesar muy bien porque ni sus vecinos ni los Estados Unidos se van a quedar con los brazos cruzados. No sé cómo van a cuadrar su anhelada toma de Taiwán, rodeados de rivales y de un país como la India que cada día se coloca más a la vanguardia en la región.

Tanto a China como a los Estados Unidos les conviene un acuerdo y no embarcarse en aventuras de fuerza. Sólo Rusia saldría beneficiada de semejante confrontación, y tanto Xi Jinping como Joe Biden no se pondrían en bandeja de plata. Varios actores políticos han indicado que aun cuando las tensiones entre Occidente y China son permanentes, la postura de Biden ha sido acertada en sus últimas conversaciones con Xi Jinping. No es casual el reconocimiento. Biden es un comprobado negociador que ha contado con el respaldo de tirios y troyanos en su país que data de la primera guerra fría. El primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, quien es una referencia para adentrarse en el tema de China y el lejano oriente, asegura que Estados Unidos no está en declive y con eso apuesta al fortalecimiento de Occidente.

El aliado económico clave de China es la Unión Europea, aun cuando ésta no lo apoye en sus posturas políticas, porque si de política se trata, China está cada día más aislada. Según los entendidos, sus amigos son Corea del Norte y Venezuela. Puedo entender su asociación con Corea del Norte, pero con Venezuela, es de esas cosas que me hacen recordar los tiempos del liceo… El régimen de Maduro le es útil a China, uno por los votos en la ONU, y segundo que le asegura explotación de recursos con contratos no auditables, y eso sin mucho esfuerzo. Sin embargo, a China no le debe quitar el sueño si sale el régimen de Maduro y se hacen unas elecciones libres. La conspiración antidemocrática pertenece a las prioridades de la Rusia de Putin, en cambio China es otra cosa. Sea quien fuere que en un futuro dirija el poder desde Caracas, deberá manejarse con astucia ante el pragmatismo de Beijing.

Soy de las que piensa que las fuerzas democráticas de Venezuela pueden, junto con el Gobierno de los Estados Unidos y la Unión Europea, trazar alianzas para recuperar la democracia en el país. Una vía hacia ella es contar con políticos profesionales, negociadores de visión amplia, que sepan darle a Venezuela el puesto que merece. Porque algún día este grupito de gánsteres se irá de Miraflores.

La grandeza del país de los tres reinos está rodeada tanto de mitos como de realidades. Y aunque hay cifras que hacen ver al gigante más grande de lo que en realidad es, lo innegable es el enorme y sostenido crecimiento chino en lo político, económico, tecnológico y por supuesto, en lo militar.

Parte de esa realidad es el desarrollo tecnológico en favor de lo armamentístico. La reciente prueba de un misil hipersónico con capacidad atómica, capaz de orbitar la tierra, evadir escudos antimisiles y alcanzar cualquier objetivo en el planeta ha despertado consabidas preocupaciones en el globo, especialmente de los Estados Unidos, que aún trabaja en esta tecnología. Si a esto se suma la ventaja estratégica china por su alta disponibilidad de superconductores, en lo que se conoce como la guerra fría tecnológica con Estados Unidos, el futuro de los rojos luce más que promisorio para seguir aumentando su influencia geopolítica.

Pero volvamos al principio. El crecimiento chino está lleno de hechos y propaganda. Si bien es cierto que semejante desarrollo militar se perfila como un game changer a nivel geopolítico, la rotundidad de los números permite poner al monstruo en perspectiva:

El gasto militar de Estados Unidos es tres veces el de China (778 mil millones de dólares en 2020 vs 252 mil millones). El Ejército chino, el más grande del mundo, con unos 2 millones 183 mil efectivos, implica un incremento de costos tan grande que estimaciones que van desde el 2008 indican que el aumento del costo de personal constituye más de la mitad de los aumentos del presupuesto militar chino. En otras palabras, China sigue apostando por un ejército cada vez más numeroso y costoso de mantener en un contexto de guerra moderna en el que más tropas ya no es sinónimo de mayor capacidad militar.

El Ejército chino no tiene experiencia de combate y su entrenamiento, bastante pobre en comparación con el estándar estadounidense, comprende 20% del tiempo al estudio de la ideología comunista y a participar de mítines políticos. Además, su frontera terrestre, de unos 22.800 kilómetros, y una costa continental de otros 18 mil, ocupa a casi la mitad del ejército solo en control fronterizo y seguridad interna. Esto sin contar su desventaja con Estados Unidos en cuanto a bases militares en el extranjero (3 países de Asia vs 50 países en los cinco continentes) y otras potencias de la OTAN.

¿Es de preocupar este avance tecnológico y militar del país de la Gran Muralla? Indudablemente. Es cierto que su desarrollo militar aún dista mucho del de una potencia mundial, pero lo evidente es que el dragón rojo sigue creciendo y de manera sostenida. Por el momento su desarrollo militar apunta más a consolidarse como potencia regional en el mediano plazo, aunque quedarse en estos límites sería pecar de ingenuidad.

El crecimiento militar de China es solo parte de un rompecabezas multidimensional con el que pretenden no solo incrementar su poder geopolítico, sino atizar su carrera por un nuevo esquema de dominación mundial, donde el epicentro político, económico, tecnológico y militar del mundo ya no esté en ambos lados del Atlántico, sino en el corazón de Asia.

La erosión de la institucionalidad democrática estadounidense, una de las más longevas y referente en el orden mundial occidental, no es ajena a esta medición de fuerzas. Recordemos que durante ocho siglos, las tribus bárbaras fueron inferiores al todopoderoso imperio romano; pero fue la debacle social y política de Roma, y las alianzas soterradas de los bárbaros, las que produjeron su caída.

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