viernes, 3 de diciembre de 2021

Ratificando convicciones conocidas

Acabaron con el Bolívar normal, con el Fuerte, con el Soberano y hasta con buena parte de la memoria histórica del Libertador. Nadie sabe a qué atenerse. | Foto William Urdaneta

Acabaron con el Bolívar normal, con el Fuerte, con el Soberano y hasta con buena parte de la memoria histórica del Libertador. Nadie sabe a qué atenerse. | Foto William Urdaneta

@osalpaz

Son tantos los asuntos que progresivamente agravan la situación de Venezuela que es imposible abarcarlos todos en estas líneas semanales. Pero hay que hacerlo, al menos con algunos de los que más importan.

Uno de ellos está referido al tema de las elecciones regionales y municipales convocadas por el régimen para el 21 de noviembre. Nuestra posición es contraria a la participación en esta nueva farsa destinada a ganar tiempo, distraer a la oposición en un debate increíble sobre lo bueno o lo malo de concurrir y, por supuesto, apartarla del objetivo central del cambio radical y definitivo que el país necesita. Ya uno no sabe qué pensar sobre los electoralistas. Son opositores verdaderos aunque equivocados o, por el contrario, son “cazadores” oportunistas en busca de espacios para hacer cualquier cosa mediante una convivencia pactada con el régimen en base a una estabilidad mutua. Creo que hay de todo, pero falta una dosis importante de honestidad que trasmita las verdaderas intenciones de cada sector o personalidad. El problema de fondo no es electoral. Eso funciona en democracia, pero no en una dictadura totalitaria orientada por este socialismo comunistoide que ha fracasado, entre otras cosas, por la alta dosis de incompetencia y corrupción que lo ha caracterizado.

Sumado a lo anterior irrumpe con una fuerza terrible el gravísimo problema monetario del país. Acabaron con el Bolívar normal, con el Fuerte, con el Soberano y hasta con buena parte de la memoria histórica del Libertador. Nadie sabe a qué atenerse. No hay explicaciones razonables que permitan vivir el presente y mirar hacia el futuro inmediato con una dosis mínima de optimismo. Lo cierto es que el calumniado dólar sigue su marcha indetenible en un país cuyo pueblo cada día tiene menos bolívares y le cuesta mucho el acceso al dólar para compensar aunque sea parcialmente.

La crisis avanza. Los mejores y más reconocidos economistas del país hacen diagnósticos excelentes pero todos con proyección negativa. Sus valiosos aportes no son compartidos por el régimen. Necesitan de un gobierno verdaderamente democrático que garantice la libertad de trabajo y de empresa. A ese trabajo deberíamos dedicarnos todos, más allá de las diferencias circunstanciales en lo ideológico y en lo político. Hay un enemigo común que nos amenaza a todos. O estamos con él o estamos en contra. No hay términos medios que puedan justificar las omisiones.

Venezuela está en el ojo de América toda y del mundo entero. Especialmente de nuestros vecinos empezando con la hermana República de Colombia. Hay circunstancias y factores concretos que amenazan por igual a ambas naciones. El narcotráfico, el terrorismo y las ocupaciones territoriales más allá de las tradicionales fronteras hay que enfrentarlas con decisión. Atención ahora con lo que está ocurriendo y puede agravarse, en el Perú.

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