viernes, 22 de octubre de 2021

¿Quién es el presidente legítimo y legal de Venezuela?

Ojalá que ante todo este embrollo de disparates cometidos prevalezca la cordura y la sindéresis humana. Que la diplomacia logre los mejores objetivos para bien de todos.

Venezuela, que simplemente no es un territorio geográfico que ocupa 916.445 km² de la porción geográfica ubicada más al norte de América del Sur, sino el conglomerado de los ciudadanos que legalmente, sea por nacimiento o por haber recibido la ciudadanía venezolana lo somos; aunque me consta, hay entre nosotros quienes poseen cédula de identidad venezolana que los acredita como tales, a pesar de que resulta evidente la ilegalidad de muchos, puesto que doy fe, porque me consta, hay entre los tales quienes no saben ni tan siquiera expresarse en castellano, no saben pronunciar ni un “no” o un “si”, en la lengua de Miguel de Cervantes y Saavedra. Aunque usted no lo crea.

Al respecto, puedo certificar, como, para poder obtener la residencia australiana, el extranjero tiene que, como paso fundamental, hablar muy bien el idioma inglés, pues quien la desee y que no sea de padres australianos (haber nacido en Australia no hace ciudadano australiano a nadie), deben pasar un examen con más del 75% de la nota, del 1 al 100; si no, no la reciben. En Estados Unidos, para recibir la ciudadanía estadounidense, tienen que conocer las bases fundamentales de su historia, si no, tampoco reciben el estado de ciudadano estadounidense. Me consta.

No se trata, sobre la base de todo lo anteriormente expuesto, que Maduro sea o no ciudadano venezolano por nacimiento; o de que hable o no el castellano como Dios mande, o que la RAE exige, no es un asunto que por los momentos trataré, tampoco que, según el artículo 227 de nuestra Constitución vigente, haya podido reunir los requisitos que le permitieran haber sido recibido por el CNE como candidato presidencial, porque el estado legal que ostenta, a pesar de los cuestionamientos que al respecto ha sido objeto, a pesar de las sendas defensas que la Tibisay Lucena y otros adláteres del régimen como Elías Jaua, entre otros, han presentado para demostrar que sí lo es, más son las dudas que las certezas que al respecto tenemos todos los venezolanos. Hubiera bastado con presentar al menos su partida de nacimiento venezolana y plantárselas en el cachete de quienes lo dudan como para eliminar por completo todo tipo de cuestionamientos sobre su ciudadanía, así como sus calidades para ser o no candidato presidencial.

Que no la haya presentado, no sé si se ha debido a que el régimen, progresivamente se acostumbró a mandar mediante la “ley del me da la gana”; sin tener que rendirle cuentas a nadie de nada, o porque en verdad no haya nacido en Venezuela. Todo lo cual ha generado toda clase de dudas, cuestionamientos, críticas y demás yerbas aromáticas que al respecto han existido, a pesar de que cada uno de los ciudadanos venezolanos tenemos el derecho a tener, a que se nos aclare cualquier intersticio, tipo o modo de duda. A pesar de los pesares, todo persiste en la más abismal e inadmisible oscuridad, silencio y opacidad. Nada, ni un papelito mínimamente creíble se ha presentado como para que aún no persista, aunque sea, un resquicio de duda sobre la ciudadanía de Maduro. A pesar de ello, en Venezuela, territorio donde hasta el más absurdo de los disparates, se hace posible, la duda ha seguido su curso histórico, hasta haber llegado a su incomprensible estado actual.

La cadena de disparates que al respecto se han cometido, cual arruga, ha sido corrida como alfombra vieja con el que se quiere tapar bajo de si la basura, hasta haber alcanzado los hechos inéditos que hoy nos está afectando en grado sumo. Hechos que no tienen parangón en los anales de la historia mundial, de ningún país, tribu o grupo étnico en todo el mundo, por más prehistórico que sea. Desde el Código de Hammurabi: una serie de leyes de la Babilonia antigua, escritas con el fin de preservar el orden y la vida coherente de sus ciudadanos, que datan del 1750 a.C., no se tiene registro de que, sobre todo en un pueblo medianamente civilizado, haya existido tal estado caótico, de anarquía e ilegalidad como acontece en Venezuela; afectándonos a los venezolanos, todos; y lo que es peor, ha afectado al mundo entero; sin excepción.

En tales condiciones cuestionables, a Maduro se le permitió haber sido dos veces candidato presidencial; un primer período seriamente cuestionado, y un segundo, en el que no cabe ni una mínima duda sobre si ilegalidad.

Ahora, Venezuela toda, los venezolanos todos, así como el mundo entero, andamos jalándonos las greñas sobre si el segundo período de Maduro es ilegal o no, si es usurpador o no, si Juan Guaidó es legítimo o no, si se autoproclamó o no, todo porque la arruga, por irresponsabilidad incuestionable de todos los actores que han intervenido en las últimas elecciones de por lo menos los últimos quince años. Ojalá que ante todo este embrollo de disparates cometidos prevalezca la cordura y la sindéresis humana. Que la diplomacia logre los mejores objetivos para bien de todos los humanos, que no lleguemos hasta extremos que nadie, ni aún en sus peores pesadillas quiere llegar a pensar puedan suceder, porque los venezolanos estamos necesitados, ansiosos, urgidos, de una u otra manera, por uno u otro motivo, pero lo que sí es sentimiento universal, en todo el país, es que necesitamos que, de una vez y por todas, podamos todos los venezolanos vivir en un país, no sin problemas (eso no existe), al menos medianamente normal.

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