lunes, 17 de mayo de 2021 | 2:58 PM

Que canten los niños

En este Día del Niño tomo prestado el título de una canción de J.L. Perales, “Que canten los niños”, y comparto lo que 6 niños y niñas, entre 8 y 11 años, me contestaron sobre cómo se habían sentido en este tiempo, qué harán cuando vuelvan a la educación presencial y qué quisieran para su día.

@luisaconpaz

“Que canten los niños que alcen su voz/ que hagan al mundo escuchar/ que unan sus voces, que lleguen al sol/ que en ellos está la verdad”, dice uno de los versos de esa linda canción de José Luis Perales, titula Que canten los niños. La traigo a colación porque el domingo se celebra el Día del Niño y la Niña, y me pareció que era una buena oportunidad para escuchar a algunos de ellos. Así que pude conversar con 4 niñas y dos niños, de entre 8 y 11 años. Dos que viven en Maracaibo, 1 en Caracas, y 3 en la vía a El Junquito. Comparto lo que me dijeron.

Les pregunté a todos, por separado, cómo se sentían en este tiempo de cuarentena, qué era lo mejor que les había pasado. Todos contestaron que lo mejor había sido poder compartir con sus padres y su familia. “Jugué con mi hermanita también”, comentó Susana (11 años). “Pasé más tiempo con mi mamá y mi papá”, dijeron los 6 de diferente manera. Claro, también una apuntó que había tenido tiempo de jugar más con su perro, Oso: Beatriz, de 8 años), quien dice que “Es muy juguetón” y hasta mandó una foto de su perro. Llama la atención que es posible que la sociedad no se haya dado cuenta antes de la importancia de los tiempos dedicados a los hijos… el corre y corre de este tiempo acelerado no se ha percatado de que los hijos valoran esos tiempos en familia. También llama la atención que ninguno dijo que era bueno “no tener que ir a clases”, o levantarse más tarde…

Susana (11 años) vive en Maracaibo, estudia en un colegio afiliado a la AVEC. Me dijo que sí había sido un período difícil, pero “esto va a pasar”. Me lo dijo varias veces, en tono reflexivo. Casi que me dio pena la angustia que a veces siento de esta larga cuarentena… “En ellos está la verdad”, dice la canción.

Tres niñas dijeron que también había sido bueno haber hecho todas sus tareas. Beatriz, Ohana y Susana. Esta última me dijo que había sido muy constante: “Ahora paso a sexto grado”, me comentó con cierto tono de satisfacción. Beatriz, que estudia en el Municipio San Francisco, en una escuela pública y que nunca vio el programa de VTV Cada familia, una escuela, porque en su sector por los apagones eléctricos no se ve el canal, fue atendida por su maestra por Whatsapp. “Eran muchas tareas, pero yo las hice todas”, me dijo, y su mamá me contó que la maestra, muy dedicada, le había mandado a cada alumno un diploma por mensaje. El trabajo cumplido es entonces importante.

Todos también dijeron que jugarían con sus amigos…o sea, que la función socializadora de la escuela no se sustituye por teléfonos inteligentes. La relación hace falta. Hay que decir que los 6 niños han sido atendidos por Whatsapp por sus maestras. Una estudia en una escuela pública, como lo apunté antes; 3 en una de Fe y Alegría, una en una escuela católica subsidiada y una en una privada.

Es verdad que no todo fue bueno. A todos les afectó el encierro y no ver a sus compañeritos. Por eso cuando les preguntamos qué harán cuando vuelvan a las clases presenciales, todos dijeron, palabras más palabras menos, abrazar a sus amiguitos, a su maestra, decirles que la han extrañado. ¡Todos han extrañado a sus maestras! ¡Eso es muy bonito! Parece que ese estereotipo de la maestra regañona y gritona no encaja con las que tienen estos niños. Y usaron esa expresión: “la extrañamos”. Conozco a una de ellas, la de los tres que estudian en una escuela de Fe y Alegría vía a El Junquito, es muy cariñosa, creativa y nunca perdió el contacto afectivo con sus alumnos. Les llamaba al menos una vez al mes para ver cómo estaban, no solo se trataba de mandar tareas. Así que no me sorprenda que quieran verla.

Y cuando les pregunté qué les gustaría hacer o tener para el Día del Niño, miren qué cosas tan lindas dijeron: “Si no estuviéramos en cuarentena, me gustaría ir al parque, pero mi mamá dice que hay mucha gente en la calle… Que por ahora no podemos, pero me encantaría entonces hacer una torta en la casa, no sé si tenemos todos los ingredientes, y pasarla bien con mis papás”, dijo la pequeña Ohana. Beatriz, con rapidez, dijo que le gustaría ir a un parque, pero si no se puede, quisiera comerse un helado. Susana le gustaría festejar con sus amigos, pero no se podrá. “Me gustaría comer algo sabroso, algo así como pastelitos”. La otra niña, Gabrielis, también quiere comer helados y hamburguesa pero “fuera de la casa. Ya estoy cansada de comer aquí”. Y los varones, Dayoni y Xavi, el primero, si no hubiera cuarentena, le gustaría salir a jugar con sus amigos, y el segundo, ir a la playa.

Como verán, no hablan cosas del otro mundo: estar son sus padres, comer un dulce, algo así como “Yo canto para que sonría mamá/ yo canto por el cielo azul”, como dice la canción que nos guía.

“Que canten los niños, que viven en paz”, podría ser el otro título de estas líneas.

Es verdad que en este país no todos los niños “viven en paz”, pero necesitamos saber que también hay familias pacientes, maestras cariñosas, niños y niñas que han visto como bueno poder estar más tiempo con sus padres. Ese país también existe y nuestro deber es seguir trabajando para que este canto sea el de todos, y “cantar porque el mundo sea feliz”. Cada quien que haga lo suyo para que los niños sean importantes y para que formemos un coro multitudinario y cantemos por los que no se les escucha su voz.

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