martes, 26 de octubre de 2021

Protesta sin retorno pero… ¿y San Félix?

La misión superior de la resistencia será cruzar los puentes hacia las definiciones que hacen falta: los de San Félix y los necesarios. Por sobre malandros, mafias, el régimen revolucionario, cálculos grupales y los primitivismos.

La revolución en el estado Bolívar actúa con absoluto desparpajo ante la conflictividad social que cuan tormenta en cielo encapotado, a cada rato asoma sus destellos aun cuando inmediatamente se esconde. Las voces de la vecindad aseguran -esas que se expanden en un coro anónimo- que las autoridades revolucionarias se pasean por la depredación minera repartiéndose el resumen de las arenas y las “gramas” extraídas entre los grupos que se disputan el negocio. La administración pública agoniza en los municipios, en los presupuestos que son figuras fantasmas en sedes abandonadas. El mermado activismo socialista “patria o muerte” les queda estar atentos en planear las emboscadas a las bolsas de comidas que les lanza el gobierno invisible cada vez que les participan de alguna actividad sobrevenida por lo general para Caracas. Perciben altos funcionarios civiles y militares que no hay tiempo para otra cosa porque apura (y solo ellos, entre muchas desconfianzas, lo saben) la posibilidad de huidas, de canjes políticos o de confrontaciones, lo que ciertamente les espanta.

La revolución está desahuciada, aunque sobreviva un trecho y sea capaz de llevarse por delante todavía a muchos más venezolanos. En ese sentido la RESISTENCIA y la MOVILIZACIÓN son de obligación para concretar las definiciones. Son la principal arma de la Asamblea Nacional para cumplir con el decreto de transición democrática e implementar los pasos del cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. El empeño contra la inacción es imprescindible para los sectores opositores, pero por supuesto, a once meses del reconocimiento de Guaidó como presidente (e.) de la República por parte de importantes países de la comunidad internacional, ya se imponen nuevas consideraciones para no caer en la trampa del “arroz con pollo pero sin pollo” del que habló alguna vez don Rómulo Betancourt, a propósito de estrategias de otros tiempos venezolanos. Sobre todo en este extenso estado Bolívar, teniendo en cuenta el punto de hacer “visible” a San Félix, el otro y determinante sector, que con Puerto Ordaz, integra Ciudad Guayana.

Antisociales contra la política

La movilización del 16N corroboró fortalezas consolidadas: Ciudad Bolívar, Upata, El Palmar, Tumeremo, Caicara y por supuesto Ciudad Guayana mostraron una vanguardia ciudadana significativa que no abandona, ni se rinde ante las dificultades y ante la falta de claridad de la dirigencia partidista en propósitos locales dentro del cuadro nacional. Esto es inobjetable. Pero a la angustia, al desespero normal de la gente sobre la eficacia de la protesta de los factores democráticos “hasta que el gobierno se vaya”, resaltan aspectos ineludibles.

San Félix, no solo es poblacionalmente el motor de Ciudad Guayana. A su número de habitantes (solo las parroquias Chirica, Vista al Sol, 11 de Abril, de las cinco que le conforman son casi la mitad del municipio y es casi un tercio del estado), es menester observar e interpretar sus vivencias, condiciones de viviendas, alimentación y enfermedades. Problemáticas entronizadas como los servicios públicos: agua, luz, transporte, gas y recreación; inseguridad, altas cifras de deserción escolar y embarazo precoz. A ello hay que valorar la insurgencia laboral en medio de una crisis bestial, que los ha puesto a hacer gala de oficios y rumbos novedosos (determinante en el nuevo perfil económico de la zona y la región), una vez quebradas las empresas básicas. Ciertamente, el histórico San Félix, como acotaba el poeta Francisco Arévalo en breve encuentro el 16N: “Ha sido malandrizado”. La política y la dinámica social han sido llevadas a este terreno, lo que traduce que las luchas por la calidad de vida o los derechos democráticos son atajadas por el hampa y la utilización de las comunidades por la revolución bolivariana. Es conocido el control que la presencia delictiva tiene de barriadas, urbanizaciones y espacios públicos, con la complacencia socialista, estableciéndose la perversión perfecta contra la aspiración de modernidad. No es sencillo entonces construir (y ejercitar) la acción política y ciudadana en esta parte de Ciudad Guayana. Este hecho, sin embargo, no invalida esfuerzos, propósitos e imaginación para acometer los planes que acompañen el rescate del orden constitucional. Esa complicada circunstancia no puede castrar las tareas contra la dictadura, como es en el fondo lo que resulta de una concepción burocrática dirigente y la función distorsionada de las organizaciones políticas en territorio guayanés.

La ciudad: arma de resistencia democrática

La ciudad como un todo (Ciudad Guayana más que las otras en el estado Bolívar, pero también en todas) con sus potencialidades, limitantes e historias es la llamada al protagonismo de la resistencia democrática. Sin democracia y libertad no se concibe el mandato de igualdad de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, pero como afirmara, hace muchos años, el ruso, León Trotsky: “La ciudad organiza” que en conceptos de modernidad implica nuevas dimensiones de participación y ejercicio de civilidad. De allí que San Félix, por las razones enumeradas hace obvia su importancia, pero lo son todas comunidades del municipio: las del otro lado de los puentes y las de Puerto Ordaz. La CIUDAD debe ser el fundamento de la recreación, por lo tanto de la protesta en contra del desmantelamiento, la ineptitud, la corrupción y el hambre.

Ciudad Guayana se reinventa todos los días y ahora remarca la condición singular de responder colectivamente al mensaje de gran metrópolis, en primer lugar. Lo segundo son las particularidades de sus incontables barrios y enormes urbanizaciones con perfil propio y donde San Félix ocupa lugar especial. Cada uno de estos elementos explica hasta la saciedad por qué la política no puede ser concebida como un espectáculo o como una iniciativa de dibujo libre, mucho más cuando nos jugamos la vida ante una dictadura con un buen número de víctimas. Las últimas movilizaciones locales de este año se han convertido en un rito y ante esto la ciudadanía se resiente. Son una especie de actos de franquicia, donde los discursos no tienen novedad -a menos que sea conocer las nuevas franelas partidistas de los “líderes” que en marchas anteriores contaban con otros colores- y para colmo, tampoco pasión, ni guía. La protesta por lo tanto no se inscribe desde el ánimo dirigente (sobradamente jactancioso) en desafiar al poder usurpador. En representar la indignación guayanesa ante la ausencia de futuro y en elevar la voz contra los padecimientos de la familia en la precariedad y la impotencia.

Por eso el ciudadano murmulla, reclamando que la política explore caminos hasta hacerse efectiva, e igualmente sea capaz de conectarse con el sentimiento de justicia. Pretender lazos “civilizados”, como en Guayana ha sido práctica de algunos sectores en no desenmascarar las tropelías de la revolución no conduce sino a la mordaza, igual que pretender que las luchas sean extensión de los gritos de portón en honor a la nostalgia industrial, se hace además de lastimoso, nada creíble.

La misión superior de la resistencia será cruzar los puentes hacia las definiciones que hacen falta: los de San Félix y los necesarios. Por sobre malandros, mafias, el régimen revolucionario, cálculos grupales y los primitivismos. ¡Sin retorno!

Trocitos…

Canaima: El paraíso envenenado por el oro de Runrun.es y Alianza Rebelde Investiga, es un trabajo periodístico de altísima calidad que deben tener presente quienes aquí buscan soluciones para la región.

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