domingo, 19 de septiembre de 2021 | 7:28 PM

Pedro Suarez: poeta, editor y promotor

De tal suerte, que su generación y la mía -con muchas más razones- vive con un pie afincado en el libro de papel, con su carátula que anuncia y seduce, con esas páginas que podemos oler y acariciar amorosamente, mientras sólo tenemos ojos para esos textos que nos hacen amar u odiar.

Poetas del Río  abona equidad y es más ecuánime al homenajear a un ser humano excepcional como es Pedro Suárez, quien ha realizado un trabajo encomiable desde la provincia, que ha tenido impacto regional, nacional, y me atrevo a decir que hasta internacional. Él es uno de los herederos más destacados de la tradición de figuras tan relevantes como Pedro Cova, quien llevó la imprenta a Upata, de las hermanas Acevedo, esas adelantadas, que en ese valle que es la puerta de entrada al sur profundo, materializaron el milagro editorial de “El Alba”. También de Concepción Acevedo de Taylhardat, de María Cova Fernández o de Ángel Romero, el sempiterno cronista de Upata, a quien despedimos el pasado 11 de septiembre.

Pedro pudo dejar el pueblo y puede hacerlo, pero estoy segura que no se irá, porque sabe que el terruño es la patria del corazón, como dijo José Ingenieros, el mismo que afirmó que “de todos los sentimientos humanos, ninguno más natural que el amor por la aldea, el valle o la barriada en la que vivimos los primeros años. El terruño habla de nuestros recuerdos más íntimos, estremece nuestras emociones más hondas… Todo lo suyo lo sentimos nuestro en alguna medida, y nos parece que de algún modo le pertenecemos: como la hoja a la rama”.

Él siente y sabe lo que Ingenieros apuntó en aquellos momentos, pero Pedro es un hombre de estos tiempos, marcados por las nuevas tecnologías que han impuesto -a punta de gigas y megabytes- una nueva forma de vivir, de sentir, de informarse y de comunicarse. Incluso ha tenido que sufrir -al lado de los que nos sentimos ciudadanos de la galaxia Gutenberg- una enconada guerra contra la tinta, el papel y la imprenta. La pantalla impone nuevos códigos, otras dialécticas, e inéditas y hasta controversiales maneras de conectarnos en ese mundo virtual, que instrumentaliza, comprime y desvirtúa la majestad y nobleza de la palabra.

De tal suerte, que su generación y la mía -con muchas más razones- vive con un pie afincado en el libro de papel, con su carátula que anuncia y seduce, con esas páginas que podemos oler y acariciar amorosamente, mientras sólo tenemos ojos para esos textos que nos hacen amar u odiar, sentir, reflexionar, aprender y hasta dudar de nuestras más robustas e inconmovibles convicciones.

El otro pie está colocado sobre una plataforma tecnológica que intimida y en la que hasta el más pintado se siente amateur. Vamos detrás de esa dinámica de la hiperconección que, paradójicamente, nos aísla -y nos recluye y excluye a la vez- en un creciente soliloquio que se parece -cada vez más- a la solitaria orfandad de los cautivos y abandonados.

Con todo ese desafío al que tienen que enfrentarse los que nunca fuimos millennials o nativos digitales, es menester seguir adelante, pero sin olvidar que el pasado acompaña siempre al presente, y que en esencia el ser humano es historia en pretérito imperfecto.

Hoy el pasado se hace presente para rememorar parte de lo que ha hecho Pedro Suárez, y que justifica ampliamente este homenaje. En primer lugar, es de Upata. Es un escritor reconocido en Venezuela y más allá de nuestras fronteras. Es un editor que ha incursionado en ese difícil oficio y ha sido exitoso, pero también es un reconocido promotor cultural, que ha propiciado la difusión, el conocimiento y disfrute de las artes en todas sus manifestaciones.

Como editor se involucró desde la idea primigenia, el nacimiento y materialización de publicaciones fundamentales de nuestra historia reciente. Logros de importante repercusión como la revista Predios, un referente que acogió las plumas más destacadas de la creación y el talento, regional, nacional e internacional. Una publicación que atesoro junto a Letras Libres, Quimera o Gatopardo, entre otras, que ya no tienen como destino esta provincia guayanesa.

Cuadernos de la Memoria es otro acierto editorial, que hoy tiene la fuerza testimonial del documento, al que puede recurrirse para conocer esas historias de lo cotidiano, que alimentan la nostalgia. También Clase Turista tiene la impronta de ese editor que se arriesga para diversificar la temática y seducir a otro tipo de lector,

Entre sus libros podemos mencionar: Colinas y colindantes, Remiendos, Perfil de agua, Las formas del fuego, 50 Haikú para amarrar el sol, entre otros. Colabora en revistas y diarios regionales y nacionales y ha recibido reconocimientos como: el Premio Nacional de Gerencia Cultural María Teresa Castillo del Consejo Nacional de la Cultura, Premio a las Artes de la Dirección de Cultura de la Gobernación de nuestro estado, Premio César Rengifo como Promotor Cultural, Premio Nacional de Poesía Tomás Alfaro Calatrava del Ateneo de El Tigre del estado Anzoátegui. La Fundación del Teatro de Títeres Jau Jau, El Cine Club de Upata y el Fondo Editorial Predios, son instituciones creadas por nuestro querido Pedro Suárez.

Experiencia laboral también la ha tenido, por eso en su hoja de vida aparece registrado que se desempeñó como: secretario de Desarrollo Social y Económico de la Alcaldía de Piar, de la que también fue director de Cultura. Igualmente fue director de la Casa de la Cultura María Cova Fernández y director de la Biblioteca Yocoima.

Quiero destacar una experiencia con mucho significante y trascendente significado, tanto para este intelectual y poeta como para los nacidos, aclimatados y arraigados en estas tierras del sur. Me refiero a Predios, que es una creatura de Pedro. Como fuerzas telúricas fueron creadas por demiurgos, que primero lo soñaron y luego lo hicieron realidad. Me refiero a la revista y al Fondo Editorial Predios.

Carlos Villaverde, Adán Astudillo y Pedro Suárez, desde ese municipio cargado de tanta historia, crearon una asociación civil en 1992, cuyos objetivos estaban animados por la nobleza y magnanimidad de esta terna de seres especiales. Se plantearon “promocionar, difundir y expandir la literatura en general, tanto en Venezuela como en el exterior, editar publicaciones de temas diversos, de autores nacidos o residenciados en la región, el país o el extranjero y organizar eventos de índole literario, tales como foros, conferencias, coloquios, simposios, que permitieran el conocimiento de las ideas sobre las letras de la región, Venezuela y el mundo”

Puedo decir, con propiedad, que los objetivos fueron cumplidos en toda su extensión. Upata, en esos descentralizados años noventa, fue un verdadero faro de luz, lucidez, talento y trabajo que no descansaba. A ese valle llegaban intelectuales, poetas, prosistas, investigadores, historiadores, periodistas, escultores, pintores, et al, a vivir con los nativos la experiencia de la creación y del quehacer cultural.

La revista Predios fue un brillante y luminoso objeto del deseo en el que muchos querían ver sus trabajos, otros sólo buscaban leer lo que contenían sus páginas y descubrir a figuras consolidadas y también a las jóvenes promesas que veían -con asombro- como sus creaciones pasaban del manuscrito o del papel ya arrugado y amarillento al glasé 80, en el que se imprimía Predios. Toda una experiencia que, simplemente, se asemeja a lo sublime.

El Fondo Editorial Predios fue más allá de la revista al adentrarse en la retadora tarea de la publicación de libros. Gracias a lo cual gente como yo y muchos otros, han podido vivir en carne propia lo que significa ver un libro con tu nombre en la carátula y el título que propusiste.

Puedo afirmar que Predios -el Fondo y la revista- fue un fenómeno en la Venezuela del momento, pues pocas veces la dinámica editorial se ha desarrollado y ha salido desde un municipio para impactar la capital y otras grandes ciudades del país. Todo ello fue posible gracias al esfuerzo, la dedicación, la constancia, la generosidad y el talento de Pedro Suárez, quien gerenció sin mezquindad y buscó los recursos para llevar adelante un proyecto literario sin precedentes en y desde nuestro amado pueblo de Upata.

Pedro, creo que nos merecemos un haikú para el cierre: Cuatro caras/invitan a un encuentro/ el reloj juega y es hado. Y hasta otro: El cuento fue contado/sin príncipes ni dragones/Las palabras al caer, salpicaban.

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