lunes, 10 de mayo de 2021 | 8:35 PM

Pasión y crucificción, según la RoboLución

No hay ni buen, ni mal ladrón, en “Pasión y Crucificción, según la RoboLución”. Todos son choros, por igual. Desde el raso hasta el muy encumbrado. Sin matices. A calzón quitao. Incorregibles. Insaciables. Con furor de Mesalina en lo de meter mano en la Tesorería Pública.

@omarestacio

Fue lo primero que chillaron, los agentes de la Fuerza de Acción Especial de la Policía Nacional Bolivariana (FAES), al localizar al Nazareno, orando en el Monte de los Olivos:

¡Ciudadano! ¡Brazos extendidos contra la pared! ¡Piernas separadas en forma de tijeras!

Hijos míos, si aquí no hay pared, ni tampoco tijeras.

Después de los consabidos malos tratos constitucionales sin derecho a pataleo, un segundo alarido volvió a rasgar el silencio de la madrugada:

¡Cédula en mano, de inmediato! ¡Y no se atreva a volver a amenazarnos, ciudadano!

¿Hijos míos, cómo voy a mostrarles mi cédula “en mano” si, ustedes mismos, mientras me cacheaban, acaban de despojarme de ese documento al robarme la cartera?

Cuarta sesión de culatazos, porque a estas alturas de la presente “Pasión y Crucificción, según la RoboLución” los matones de las FAES, ya le habían propinado, un-dos, tres tandas, sin preámbulos ni preguntar mucho.

No hay ni buen, ni mal ladrón, en “Pasión y Crucificción, según la RoboLución”. Todos son choros, por igual. Desde el raso hasta el muy encumbrado. Sin matices. A calzón quitao. Incorregibles. Insaciables. Con furor de Mesalina en lo de meter mano en la Tesorería Pública.

Los Poncio Pilatos en este dramatis personae, son: Los alcahuetes de NN UU, los pisaverde de los grupos de Lima, Oslo y de Contacto de la UE. Papa Pancho, más sabe por diablo que por Papa. Al unísono y en coro, lavándose las manos, ante el secuestro del país por esa mafia internacional del crimen, muy peligrosa. Zapatero, también se las lava. Aunque no hay agua ni jabón para el dinero sucio de las coimas entregadas por el Iscariote.

Y ahora que mencionamos a este último. Es sabido, que antes de su traición bíblica, fue ratero vulgar como su émulo del Siglo XXI. No les caían mal a los asistentes a los sermones de su Maestro las raciones de pan y pescado por cabeza. De las multiplicaciones, como es sabido, se encargaba el Redentor. Pero los alimentos a multiplicar, había que comprárselos y pagárselos a los respectivos pescaderos y panaderos. Ahí, entraba el Iscariote. Era el tesorero del aquel grupo de 13 predicadores. Y en arca abierta, el justo peca y el injusto peca más todavía. Con todo, era un hombre comedido. No andaba, pavoneándose por Cafarnaúm, pese a la orden de captura internacional de la Interpol en su contra, por distribuidor y vendedor de cocaína. Tampoco presumía de bailarín de salsa después de asesinar jóvenes, fresca, todavía, la sangre de sus víctimas. Ni torturaba o apresaba a políticos o a fariseos por el solo hecho de adversarlo y aunque, era reconocida su carencia de escrúpulos, jamás pagó penitencia por habérseles colocado en decúbito ventral (“jamás se les puso en cuatro patas”, según traducción literal del arameo al castellano) a filisteos, hebreos, cananeos y a cuanto bicho de uña iba a guisar a Jerusalén. Decente, si a ver vamos, comparado con su émulo del Siglo XXI. Me parece ver y oír a este último:

¿Devolver, yo, aunque sea una sola de las 50 monedas de cualquier traición, coima, sobreprecio, soborno, alijo, como las devolvió, según relato que corre en el Nuevo Testamento, mi tataragüelito? ¡Qué va, oh! ¡Judas que se devuelve se “esnuca”!

El Pueblo, el irredento Pueblo, el sufrido Pueblo venezolano, ese Nazareno del Siglo XXI, crucificado, martirizado, flagelado, cual el mismísimo, Redentor. Su resurrección no la detendrá ningún Judas. Denlo por seguro. Y después ¡monigote a la broaster! En esta casa, las tradiciones se respetan.

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