domingo, 9 de mayo de 2021 | 10:06 AM

No por negro, ¡por favor!

Aristóbulo deja como trágico legado el desmantelamiento del sistema educativo. ¿Por qué no le reclaman eso, en lugar de decirle “negro”? | Foto Reuters

Aristóbulo deja como trágico legado el desmantelamiento del sistema educativo. ¿Por qué no le reclaman eso, en lugar de decirle “negro”? | Foto Reuters

@cjaimesb

Aunque aquí en Venezuela no debería haber razones para el racismo, porque desde que Colón llegó a estas tierras, los conquistadores se mezclaron con los indígenas, y más tarde con los esclavos negros que el muy racista Padre de Las Casas trajo de África, hay racismo.

En Venezuela el ascenso social ha sido netamente económico. No hay razón para el clasismo. Sin embargo, hay clasismo. El odio fue convertido por Hugo Chávez en el régimen de gobierno y le dio resultados. Hay familias divididas por diferencias en sus apreciaciones y gustos políticos, algo jamás visto en Venezuela. “Yo soy bolivariano” dicen para diferenciarse. El hombre que luchó por la hermandad debe estar revolcándose en su tumba.

La Venezuela de hoy es la antítesis de lo que fue ayer. Un país de gente alegre se convirtió, por obra y gracia de Hugo Chávez, en un pueblo resentido. La gente más parejera del mundo ahora es racista, clasista y varios “istas” más, todos indeseables para una sociedad. Han aflorado las miserias humanas y las más bajas pasiones de uno y otro lado.

La última manifestación de este racismo -solapado, hipócrita, imbécil- se desató con la muerte de Aristóbulo Istúriz. Fotos de gorilas, de chimpancés, invitando al velorio. Otros posts con alusiones racistas absolutamente inaceptables.

Conocí a Aristóbulo en Globovisión, cuando tenía el programa con Carlos Blanco, Blanco y negro a principios de la primera década del milenio. Era un individuo sencillo y simpático. Le comenté que había sido alumna de su hermano Aníbal, mi profesor de Educación Física en cuarto y quinto año de bachillerato. Hablamos de educación e intercambiamos teléfonos. Nunca lo llamé, y él tampoco me llamó a mí.

Muy poco tiempo después comenzó su actuación en distintas instituciones del Estado. Se convirtió en un chavista acérrimo. Racista y clasista, sus complejos salieron a flote.

Pero toda esa obra destructiva de Aristóbulo no se debió a que era negro. Se debió a que era acomplejado, resentido, inepto, bruto… póngale usted el adjetivo. Pero no por negro. Hay blancos brutísimos, ladronísimos, resentidísimos, ineptísimos… Mestizos e indios también. Esto nada tiene que ver con el color de la piel.

Aristóbulo deja como trágico legado el desmantelamiento del sistema educativo. ¿Por qué no le reclaman eso, en lugar de decirle “negro”?

La creación de instituciones paralelas al Ministerio de Educación -y con más presupuesto que éste- (aquellas patéticas “misiones”) para repartir diplomas a diestra y siniestra, sin impartir conocimientos, tuvo su impronta.  ¿Por qué no sacan eso a relucir?

Los cientos de miles de bachilleres que no saben ni sumar, ni escribir, ni siquiera leer, también son producto de su gerencia “educativa”. El proceso de ideologización anacrónico, obsoleto e imposible de llevar a la práctica, también. ¿Alguien ha hablado de eso?

También se dice que metió mano pareja en el erario público, pero como no tengo pruebas, espero a que de eso se encargue la justicia cuando retorne la democracia.

Pero el racismo sí tiene mucho que ver con la reconstrucción del país… No podemos darnos el lujo de convertirnos en algo que nunca fuimos. Todos esos “ismos” socavan las bases de la sociedad.

No nos convirtamos en lo que criticamos…

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