lunes, 18 de octubre de 2021

Muchos cándidos

Lo empezado hace 20 años por el otro sigue siendo igual de malo que lo continuado en tiempo excepcional por el maduro fracaso. El legatario ha profundizado de forma triunfal lo negativo del anterior, con antivalores agregados a granel.

El mundo está lleno de confusiones y de confundidos. Entre nosotros abundan los segundos como consecuencia de la poca claridad con la que usan las palabras aquellos llamados a orientar a los menos privilegiados por las luces del estudio formal y sistemático de las distintas ramas del conocimiento humano.

A la gente hay que hablarle claro, con palabras sencillas y entendibles para que no que tengan que recurrir a diccionarios o fuentes de complicaciones gramaticales. Hay que llamar las cosas por su nombre para que el significado llegue al pueblo llano. Los políticos, que mayormente tienden a mentirle al pueblo para hacerse atractivos y populares, lo podrían hacer sin complejidades ni tergiversaciones conceptuales que contribuyan a distorsionar más las esperanzas de mentes simples que se creen cualquier idea, sobre todo desde las alturas del régimen o desde la oposición, verdadera o aparente.

El pueblo se la pasa desconcertado y engañado con proyectos y procesos diferentes que no se cumplen porque los promotores basan sus quimeras depravadas en el comunismo que no resiste ni ha resistido jamás un experimento exitoso. Todavía hay una porción exigua de la población que cree ingenuamente en que este proceso se impondrá. Que el plan de la patria, la convivencia ciudadana, las comunas y otras necedades parecidas llegarán a funcionar.

El capataz que nos mareó empecinado en la tarea de destruir el país, trataba de ser gracioso y con eso sedujo y embaucó a unos cuantos miles de acólitos que subsisten creyendo que el hombre sí hubiera podido, porque era eficaz, honrado y bien centrado, por lo cual llevaría a feliz término todo el vapor de la fantasía. Embuste, lo empezado hace 20 años por el otro sigue siendo igual de malo que lo continuado en tiempo excepcional por el maduro fracaso. El legatario ha profundizado de forma triunfal lo negativo del anterior, con antivalores agregados a granel.

La gente no capta que el plan no sirve ni servirá y tampoco asimila que no existe humano que no quiera distinguirse de otro. El proceso comunal y el plan comunista no se activarían ni siquiera con la oposición colaboracionista al mando.

Gente incapaz, ignorante y corrupta habrá en cualquier tolda política y dentro de cualquier pensamiento o corriente doctrinal, y por ahí no está el cambio; el verdadero cambio radica en decirle la verdad a la gente. En decirles que nada se logra sin trabajo y esfuerzo individual. En tratar de no ser popular a costa de mentiras y engaños. Los políticos de este vecindario tienen que deslastrarse de la ambición minimalista de un puestico público o la presidencia de una nación a fuerza de prometerle al pueblo fantasías. Tienen que aprender a ser estadistas con visión de futuro, de país, de sociedad. Atreverse a encarar a los electores con propuestas no tan simpáticas pero beneficiosas para la nación y la sociedad mayoritaria. Tienen que mostrar valentía ante el pueblo para ofrecerles un panorama difícil pero ventajoso y productivo. Tienen que desprenderse de vanidades narcisistas, para dedicarse al país nacional antes que a sus bolsillos y sus privilegios. Modestia personal y grandeza pública.

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