lunes, 20 de septiembre de 2021 | 1:24 PM

Mis aprendizajes de un año en cuarentena

Hace un año que el mundo está en medio de una pandemia que nos ha llevado a una cuarentena prolongadísima. ¿Hemos aprendido algo? ¿Podemos rescatar algunos elementos? Creo que hemos aprendido mucho. | Foto William Urdaneta

Hace un año que el mundo está en medio de una pandemia que nos ha llevado a una cuarentena prolongadísima. ¿Hemos aprendido algo? ¿Podemos rescatar algunos elementos? Creo que hemos aprendido mucho. | Foto William Urdaneta

@luisaconpaz

Ha sido un año difícil, aunque ya teníamos dificultades, no todo empezó en marzo, pero el confinamiento, el miedo al contagio, las restricciones de movilización, a causa de la pandemia y por la escasez de combustible, han complicado aún más las cosas.

Comparto mis aprendizajes, no sólo como educadora, sino como ciudadana de un país que ya lleva cuatro años con una hiperinflación que pulveriza los salarios y con una emergencia humanitaria compleja que genera mucho sufrimiento. A pesar de ello, rescato elementos para nuestro crecimiento.

1.- Todos somos vulnerables, unos más que otros, porque habrá menos formas de enfrentar la situación, pero nadie está blindado. Hemos visto nuestra fragilidad. El virus igual ataca a pobres y ricos, profesionales y analfabetas, jóvenes y ancianos, gente importante y gente común, gente de la realeza y plebeyos… Esta vulnerabilidad no es percibida por todos, y por eso hay gente que ni se cuida ni cuida. Lo cual aumenta los riesgos.

2.- Las relaciones sociales son muy importantes. Nos hacen falta las visitas, los alumnos y compañeros a los que somos educadores… Suspender las reuniones en navidad fue doloroso, triste, pero no se trata sólo de ese tipo de reuniones, también el contacto diario con compañeros de trabajo, tomar café y comentar el día… Actuar juntos en la comunidad, cantar con los vecinos… Ya sabemos que lo que se nos pide es “distanciamiento físico”, pero la verdad es que los mensajes de Whatsapp no pueden llenar todas las necesidades de expresar afectos.

3.- Hay cosas que no son tan importantes. ¿No les ha pasado en este año de confinamiento que se dan cuenta de cuánto perol innecesario tienen en sus casas? ¿No consumimos más de lo necesario? También nos pasa con el uso de nuestro tiempo. ¿Si hubiésemos sabido de esta cuarentena prolongadísima no hubiéramos valorado más esos espacios y tiempos de interacción personal? ¿No sentimos que perdíamos mucho tiempo en acciones inútiles?

4.- Hay mucha gente buena, que se arriesga por los demás, como los que trabajan en hospitales. A pesar de los bajos salarios. También hemos aprendido a revalorizar a los educadores. “Maestra, yo sólo tengo dos hijos a quien ayudar, y me canso, ¿qué tal usted?”, le comentaba una madre a una docente. Esos son otros, con bajísimos salarios, y hay muchos perseverando y haciendo malabarismos para atender a sus alumnos. Igualmente, se asombra uno de iniciativas solidarias para mitigar el hambre, para atender la salud mental de otros. ¡Hay mucha gente buena y generosa en este país!

5.- La familia es el verdadero centro de nuestras vidas y no le dedicábamos tiempo. Unos chamos, con los que conversé por el Día del Niño, me dijeron que eso era algo que les gustaba de la cuarentena: “Pasamos más tiempo con papá y mamá”.

6.- Nos hemos vuelto expertos en resiliencia: reinventarnos frente a las adversidades, aprender de los problemas, pues, como ya mencionamos, esta cuarentena entra en medio de la EHC, y ya teníamos rato con planes variables: A, B, C y D si hace falta. Es verdad que ya llevamos años en esta práctica de saltar obstáculos, pero en la cuarentena se ha afinado, pues hay más problemas que solventar. ¡Es increíble la velocidad con la que resolvemos, cambiamos la ruta!

7.- Muchos hemos tenido que aprender un poco o mucho de tecnología. La primera vez que me invitaron a dar una videoconferencia confesé que no tenía idea cómo conectarme a ninguna plataforma. “Nosotros le ayudamos. Verá que es fácil”, y con una especie de “tutorial” por el teléfono me enseñaron. Igualmente cuando me pidieron que participara en un forochat… No puedo calificarme de “experta”, pero al menos ya no tiemblo. Los miedos vienen por si se cae la conectividad, lo cual sigue siendo una lotería en este país. Educadores, padres y madres, hemos aprendido mucho en tecnología, y ahora es que falta.

8.- Tener las dos manos extendidas: para pedir ayuda y para ayudar. Percibir cuando el otro requiere un mensaje, o un audio, para no abusar del texto, y tener la humildad y la inteligencia, como para saber recurrir a alguien para que nos auxilie.

9.- La importancia de reír. ¡Cuánto se agradece un chiste a mitad de tarde! Ya eso lo sabía, pero en el encierro, sin ver a esos compañeros ocurrentes, creo que los valoro más. Reír distiende, reduce el estrés, favorece la atención… Estoy segura de que el buen sentido del humor de los venezolanos hoy es más preciado que antes.

10.- Lo útil de desconectarnos, del teléfono, de las noticias, del internet. Lo importante que es tener una rutina que incluya descanso, receso, desconexión, cambio de actividad.

11.- También se han puesto al descubierto la gravedad de algunos problemas del país: la debilidad del sistema de salud, la escasez de medicinas, el crecimiento de las desigualdades: la Venezuela que puede comer, que puede hacer mercado suficiente, y la que no come todos los días, o no puede comer tres veces. Igualmente se ha puesto de manifiesto la brecha entre los que tienen internet y los que no. La vulnerabilidad de la educación de los que están en los planteles públicos…

12.- Finalmente, hemos aprendido la importancia de rezar y orar. ¡Cómo consuela poder orar! ¡Cómo reconforta saber que alguien reza por uno! “Padrenuestro, pido que protejas/ a periodistas, médicos… a gente/ que sale cada día a servirnos/ arriesgándose, son muy valientes”.

Seguro que usted también tiene aprendizajes. Póngalos sobre la mesa, compártalos, y siga creciendo en medio de la adversidad.

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