martes, 21 de septiembre de 2021 | 4:14 AM

Mercenarios contratados

Pero el que estos mercenarios hayan sido cazados por unos pescadores en peñero, me permite intuir que estos tipos no cumplieron el contrato firmado con Guaidó, y que esta conspiración fue pergeñada en un cafetín cucuteño.

Estoy sorprendida con la formalidad de los mercenarios cazados en las costas venezolanas. La verdad es que no tengo tanto vuelo como para imaginar semejante rectitud y escrupulosidad. ¡Tenían firmados contratos con Juan Guaidó! Seguro que estaban registrados y notariados, como manda la honradez. Porque así lo exigieron, quienes acogiéndose al origen latino de su oficio (mercenarius) y a su tradición y solera, siempre trabajan con un documento legal por delante.

Tienen en tan alta estima su profesión, que se cotizan siempre al alza en el mercado sarracino de las hostilidades. El convenio estipulaba, -con lujos de detalles como los de las Khardasian- hasta la marca de agua francesa con la que hidratarían sus musculosos cuerpos, antes, durante y después de la travesía. Ni qué decir de las embarcaciones, los camarotes, el chef a bordo, las comidas, los uniformes, el escocés, las armas y otras cosillas.

Todo estaba fríamente calculado. Sus estipendios pagados por Donald Trump en billetes verdes y en sus manos. Nada de cheques, transferencias o criptomonedas. Es gente seria y responsable que cumple sus compromisos, como si el emperador Julio Cesar los comandara en aquellos tiempos del naciente imperio romano, que acumulaba territorios y poder para ser lo que fue: el más grande, fabuloso y extenso de todos.

Aquí la cosa no era tan exigente, pues la tarea era simple. Invadir un protectorado castrista, con una población confinada, casi muerta de hambre, aterrorizada por el covid 19 y chapoteando en la más absoluta miseria. Perpetrada por una macolla, que tiene como lema la expresión acuñada por Jorge Giordani, según la cual “sin pobres no hay socialismo”. Diría que el trabajo de estos mercenarios era más fácil que pelar mandarinas. Al tiempo que tendrían razones para repetir aquel latinazo del siempre triunfador Julio Cesar: veni, vidi, vici.

Pero el que estos mercenarios hayan sido cazados por unos pescadores en peñero, me permite intuir que estos tipos no cumplieron el contrato firmado y que esta conspiración fue pergeñada en un cafetín cucuteño. Los tipos se enfundaron unos uniformes verde oliva –tú sabes, para confundir al enemigo- alquilaron unos botes que estaban para el desguace, compraron algunos salvavidas anaranjados y embarcaron, con armas y bagajes, hacia las costas venezolanas a cumplir con el encargo magnicida. Otro más. Pero en este caso, emularon -como quien no quiere la cosa- la invasión de Bahía de Cochinos. Maniobra que pretendía liberar a Cuba del castrismo, pero que fue también un rosario de torpezas que dejó muy mal parado, para la historia, a J.F. Kennedy.

Por cierto, lo de Playa Girón fue en abril de 1961, y el castrocomunismo le ha sacado punta hasta la saciedad durante casi 60 años, al convertir una algarada en una batalla heroica librada contra el imperio norteamericano. Aquí, después de la “incursión frustrada” como la llama el psiquiatra de enigmática sonrisa, ahora nos tenemos que calar la propaganda invasiva y omnipresente que repiten sin cesar, de cómo el socialismo del siglo XXI venció a los terroristas llorones. Los mismos que incorporaron en su documentación informes odontológicos, porsi las moscas. Son previsivos estos matones a sueldo.

Creo que las neuronas de estos prepagos se consumieron al idear el nombre de su incursión, denominada “Operación Gedeón”. Sustantivo de origen hebreo que significa destructor. Me gusta la palabra Gedeón, pero no bautizaría ninguna acción con ella, pues su sentido retrata de cuerpo entero a la cúpula podrida. Verdaderos Midas al revés, que han demolido, destrozado, derrochado, arruinado, aniquilado y exterminado a esta Venezuela: avasallada tiránicamente hace 21 años. El nombre no les cuadra a genuinos demócratas, que son en esencia constructores.

Nótese que ni la oportuna intervención de la DEA en Petare, donde soliviantaron mafias rivales para generar confusión, cumplió su cometido. Tampoco funcionaron los gringos contratados, y mucho menos los criollos y militares desertores. Y para redondear esta ópera bufa, los tipos, cantaron hasta La Traviata, apoyados en videos y audios para darle credibilidad a la delación. Para cerrar con broche de oro, el pran Wilexis, desmiente a tirios y troyanos y declara que “No se trata de un tema político, que no tiene nada que ver con Guaidó y no está contra Maduro” ¡O sea!

Agridulces

La represión no descansa en Venezuela. La paranoia no deja dormir a la villanía enmacollada. Por eso el número de presos políticos aumenta en medio del hambre, de la violencia oficial, de la ingobernabilidad y de la desesperación e indefensión de los venezolanos.

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