jueves, 27 de enero de 2022

Árboles

Como llegó a decir alguna vez el poeta Eugenio Montejo, en los árboles todo es vago y fragmentario y es por ello que resulta tan difícil comprender lo que tienen que decirnos. Sin embargo, tras varios intentos de escucha, logré transcribir algunos pensamientos vegetales. Son casi aforismos... Vagos y fragmentarios.

Como llegó a decir alguna vez el poeta Eugenio Montejo, en los árboles todo es vago y fragmentario y es por ello que resulta tan difícil comprender lo que tienen que decirnos. Sin embargo, tras varios intentos de escucha, logré transcribir algunos pensamientos vegetales. Son casi aforismos... Vagos y fragmentarios.

@diegorojasajmad

Tenemos muchas cosas en común con los árboles. Como ellos, estiramos de a poco nuestro ser para ver más allá, anhelamos otros paisajes, aunque sin poder abandonar del todo el terruño.

Como los árboles, somos un afán de cielo en cárceles de raíces.

-o-

Luis Beltrán Guerrero señaló en cierta ocasión que los árboles han tenido una presencia significativa en la poesía venezolana. Desde el arte oral indígena, lleno de mágicos follajes, pasando por Andrés Bello, Lazo Martí, J.A. de Armas Chitty, Pedro Sotillo, hasta llegar a Andrés Eloy Blanco y Vicente Gerbasi, entre muchos otros, los árboles han estado allí, en nuestra literatura, como un símbolo de un saber y una pasión que hemos olvidado. “Poseemos, ciertamente, magnífica literatura sobre el árbol”, concluyó Guerrero.

Los poetas son de los pocos que han logrado descifrar esa lengua de savia.

-o- 

Ya lo había dicho Carlos César Rodríguez en 1959:

“Sobre su propia sombra, ya sin vida,

quedó tendido el árbol:

el tronco contra el suelo

y la copa en pedazos.

Solo un muñón quedó con sus raíces

como una araña ciega batallando

a orillas de la muerte.

Y allá, a lo lejos, un dolor de pájaros”. 

-o-

Erróneamente se piensa que los árboles son, por decir lo menos, meros elementos de decoración: seres inmóviles, mudos, “dichosos y apenas sensitivos”, según nos recuerda un punzante verso de Rubén Darío.

Los árboles son algo más que simples vigías silentes, meros convidados de madera, y en ellos quizás sea posible reconocer nuestra propia condición y destino. 

-o-

Encuentro en un libro de Mircea Eliade la curiosa nota acerca de Jagadish Bose, un científico hindú del siglo XIX que llegó a demostrar que los árboles sienten. Bose -“el Tesla de la India”, como se le conoce- construyó los dispositivos necesarios para registrar las sensaciones y emociones vegetales. De esa manera, Bose descubrió que los árboles se comunican, se apoyan mutuamente, son antojadizos: “demuestra, utilizando aparatos extremadamente precisos (especialmente el resonant recorder, presente ahora en todos los laboratorios) la identidad de naturaleza del impulso nervioso tanto en una planta como en un animal. Demuestra que las plantas padecen el mismo cansancio periódico que los animales y que los árboles empiezan a dormir a partir de las 12:00 pm y se despiertan a las 8:00 am. Demuestra que los árboles incluso son caprichosos y que pueden negarse a dar frutos durante ciertos años; pero si se les golpea, se corrigen y darán frutos en abundancia al año siguiente… Al revelar el misterio de la vida de los árboles, sir Jagadish Bose hizo algo extraordinario: con el fin de trasplantar algunos árboles a Calcuta, los sedó con narcóticos, como sucede con el paciente inconsciente que es transportado a la mesa de operaciones”.

-o-

Árbol del conocimiento del bien y del mal. Árbol de la vida. Árbol del mundo. El árbol donde Buda alcanzó la iluminación. Árbol de la inmortalidad. Árbol genealógico. Los tepuyes como árboles fosilizados. Los baobabs de B 612. El árbol blanco y los Ents, hombres árbol, de Tolkien. El sauce boxeador de Harry Potter. Árbol, libro e hijo. La casa en el árbol. Al árbol debemos solícito amor. Por sus frutos los conoceréis. A quien buen árbol se arrima. Del árbol caído todos hacen leña. Árbol que nace torcido. Árboles. 

-o-

Ya lo había dicho Eugenio Montejo en 1976:

“Hablan poco los árboles, se sabe.

Pasan la vida entera meditando

y moviendo sus ramas.

Basta mirarlos en otoño

cuando se juntan en los parques:

sólo conversan los más viejos,

los que reparten las nubes y los pájaros,

pero su voz se pierde entre las hojas

y muy poco nos llega, casi nada.

Es difícil llenar un breve libro

con pensamientos de árboles.

Todo en ellos es vago, fragmentario.

Hoy, por ejemplo, al escuchar el grito

de un tordo negro, ya en camino a casa,

grito final de quien no aguarda otro verano,

comprendí que en su voz hablaba un árbol,

uno de tantos,

pero no sé qué hacer con ese grito,

no sé cómo anotarlo”.

-o-

Como los árboles, somos un afán de cielo en cárceles de raíces.

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Como llegó a decir alguna vez el poeta Eugenio Montejo, en los árboles todo es vago y fragmentario y es por ello que resulta tan difícil comprender lo que tienen que decirnos. Sin embargo, tras varios intentos de escucha, logré transcribir algunos pensamientos vegetales. Son casi aforismos... Vagos y fragmentarios.

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