domingo, 20 de junio de 2021 | 12:22 PM

Madres que son comadres

El domingo es Día de las Madres. Las madres son algo grande, y si se les da herramientas, son capaces de muchas cosas.

El domingo es Día de las Madres. Las madres son algo grande, y si se les da herramientas, son capaces de muchas cosas.

@luisaconpaz

“Es una bendición ser una madre promotora de paz”, dijo la señora Elsy, de San Félix, una vez que la entrevistaron. Y es que este programa de Fe y Alegría, nacido en Ciudad Guayana en el 2010, trae muchos beneficios para las madres que participan en su curso básico, y sobre todo para las que quedan integradas en algún grupo.

Recuerdo su origen. En Fe y Alegría Guayana había varias víctimas, producto de la violencia delincuencial. En solo dos años mataron a una estudiante de 15 años de un colegio de Ciudad Bolívar, una pequeña que estudiaba 5° grado fue atrapada en una balacera en San Félix, un adolescente de 13 años fue asesinado por una banda en Puerto Ordaz, a un chico de 17 lo mataron en un atraco, la madre de unos alumnos fue secuestrada y asesinada, y al esposo de una maestra lo mataron al robarle su carro. Dijimos que teníamos que hacer algo más por la convivencia pacífica en hogares, centros educativos y comunidades.

Mientras tanto, las tasas de violencia en el país crecían, y Venezuela se iba convirtiendo en un país muy violento.

Fe y Alegría decidió trabajar de manera sistemática la prevención, reducir y erradicar diversos tipos de violencia. Ello suponía atender estudiantes, maestros y familias. Proponemos entonces comenzar por las madres, pues a ellas todo el mundo le echa la culpa y nadie o casi nadie les tiende la mano. Surgen pues los primeros ensayos del programa MPP en varias comunidades de Ciudad Guayana. Luego se convertirá en programa nacional.

Al principio sólo pensamos en un curso, para dar herramientas a las madres participantes. Un curso con 3 niveles: el personal, el del hogar y el de la comunidad. Después comenzamos a soñar con un movimiento de madres organizadas. No hemos dejado de soñar.

Con el primer nivel del curso las participantes entendían el fenómeno de la violencia: que es pluricausal, que no es natural -no se nace violento, se aprende a ser violento- pero que se puede prevenir, reducir y erradicar, como se ha demostrado en países en donde se han implementado políticas públicas para ello. En este nivel se trabaja la paz personal: se descubren y sanan heridas de la infancia, la historia dolorosa y también la bondadosa, y se trabaja el perdonarse, pedir perdón y perdonar. Las participantes salen felices, sanadas, con autoestima elevada. No son charlas, son ejercicios personales.

En el segundo nivel se trabaja el nivel de hogar: cómo comprender mejor a la familia, algunas habilidades sociales, como saber escuchar. Las causas de la violencia en la casa. En ese nivel nos volvemos “comadres”, porque los hijos de ellas son ahijados de los educadores. La familia y la escuela deben jugar del mismo lado de la cancha. Son aliados, no enemigos.

En el tercer nivel se hace un diagnóstico de la comunidad, las amenazas y las oportunidades, con quiénes se pueden aliar para promover la convivencia pacífica; también se ven los derechos que tienen los niños, niñas y adolescentes en relación con la vida en paz y posibilidades de acción para conseguir esa paz. Se ven propuestas de participación para promover la convivencia pacífica.

Al final, una “graduación” y cada participante dice por qué se puede graduar, que fue lo más relevante de lo que aprendió. Recuerdo que una señora dijo que ella se podía graduar porque su esposo le había dicho que desde que estaba en ese curso se llevaban mejor y que entrara en todos los cursos de la escuela, Nos reímos y la graduamos.

De esos ensayos salió el libro Conversaciones sobre la violencia y la paz: una invitación a la convivencia pacífica, autoría de quien escribe estas líneas, y el cual ya tiene dos ediciones.

El programa no fue concebido solo para Fe y Alegría, sino para quien lo necesitara. Por eso, por ejemplo, en la Diócesis de Ciudad Guayana, el curso se dictó a varias parroquias que lo pidieron, y se han mantenido.

¿Resultados? Los grupos deciden en qué van a trabajar al terminar el curso: replicar el mismo en la escuela, cooperar con los maestros en su labor diaria, planes vacacionales, dictar charlas en escuelas que no sean de Fe y Alegría, formar grupos de madres e hijos en navidad, estar pendientes de los “niños dejados atrás” en su comunidad… en Guayana y Caracas han incorporado “compadres”. Ser mejores madres es la base de todo.

En estos tiempos de emergencia educativa el programa se ha ido reinventando: hay un par de grupos de Whatsapp, en Caracas hay madres promotoras auxiliando a sus escuelas por el tema de las renuncias de maestros y hasta están estudiando educación, cooperan en sus parroquias…

Claro que con la diáspora y la cuarentena prolongada el programa se ha visto afectado, puesto que se han ido líderes, facilitadoras, pero estamos en proceso de relanzamiento, porque promover la paz se sigue necesitando, pues se sabe que con la pandemia se ha incrementado la violencia intrafamiliar, y además, estamos conscientes de la necesidad de incorporar contenidos de prevención de la violencia de género y la violencia sexual, así como el asedio de bandas organizadas para reclutar niños y adolescentes en comunidades muy violentas.

¿Impacto? Hay un documental producido por HBO latinoamericano sobre el programa, y en algunas partes son referencia de ser luces en medio del apagón. Así que “madre, hay más de una” porque existen las Madres Promotoras de Paz, que se vuelven co-madres.

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