viernes, 15 de octubre de 2021

Lucha abierta

El lenguaje y la actitud esperada es la de tender a una acción política más proactiva y menos untuosa que muestre una definición y firmeza no quebrantable por ninguna oferta ni promesa futura.  

Hay mucha gente crédula, ingenua, cándida, de buena fe y limpias intenciones que piensa y siente que los habitantes del mundo en general sufren de la misma particularidad. No obstante está demostrado que los hechos son tercos y la verdad todavía más; esto ya fue dicho con anterioridad por ilustres personajes de la historia terrenal.

Lejos de ser una crítica establece ciertas verdades innegables que la fantasía y el deseo no pueden desvirtuar alegremente. La pregunta surge al criollizar los conceptos y adaptarlos a nuestra realidad: ¿por qué los venezolanos seguimos creyendo que el gobierno va a cambiar, o va a mejorar, o se va a ir de manera civilizada motivado al rechazo del noventa por ciento de los ciudadanos? ¿Acaso ellos tienen algún interés en dejar la manguangua que les proporciona el poder y lo que chorrea?

Tienen al partido verde, las armas, dinero, colectivos, pranes, y las fuerzas del desorden a su merced para imponer el terror, el abuso, la persecución, los tribunales sin excepción para distribuir equitativamente la injusticia. Todo.

Entonces, ¿para qué hacerlo diferente a los ventiún años de prosperidad pasados si los venideros pueden ser inclusive más provechosos? Sin importar si la razón es de los radicales, guerreros del teclado, ausentes irreductibles o de los principistas, académicos, teóricos, ilusos, complacientes, oportunistas y similares, estos anquilosados en las mieles del disfrute orgásmico de hacer y deshacer a voluntad sin que nadie les pare el trote, no tienen ningún incentivo para alterar su estilo de vida. En verdad nadie nos va a ayudar a hacer la tarea de salir de la lacra constituida por los gobernadores.

Ni el TIAR, ni los marines, ni los habladores diplomáticos con su grandilocuencia, ni los países de la Unión Europea o latinoamericana, ni los organismos abocados al conocimiento de la situación, van a resolver nuestro problema. Si no, pregunten a los cubanos que llevan sesenta años a merced de unos cuantos que se piensan ungidos y con razones para esclavizar. Voten o no. Las sanciones no hacen mella en las tiranías porque las mismas son transferidas directamente a los pueblos, tanto en la teoría como en la práctica, y son ellos los que asimilan el impacto que es toreado cómodamente por aquellos a quienes van dirigidos.

El asunto tendrá que enfrentar a dos bandos, como sucedió en el conflicto español durante tres largos años, lo cual produjo hambre, miseria y sufrimiento a toda la población. O como pasó entre los polacos, los salvadoreños, nicas, mexicanos y rusos, en una época. La misma gente enfrentada para aniquilarse unos a otros sin compasión.

Para mayor inri de la nación, carecemos de dirigentes y líderes aptos, con visión de futuro y estadista para entender que el enemigo está enfrente y no a los lados, para superar las vanidades y protagonismos inútiles al manifestar  opiniones lejos de ser bien fundamentadas y orientadas en sentido positivo  contribuyen a la desesperanza de la mayoría y le dan placer al régimen. El lenguaje y la actitud esperada es la de tender a una acción política más proactiva y menos untuosa que muestre una definición y firmeza no quebrantable por ninguna oferta ni promesa futura. Los opositores radicales tienen su contrapeso en aquellos que abogan por distintas fórmulas democráticas, improcedentes, porque no hay democracia; y viceversa, estos  tienen su igualación en los inflexibles.

Ambas aceras pretenden estar en lo cierto, sin embargo se equivocan mientras no unifiquen los instrumentos de lucha en pos de liberar al país, sin importar quién lo comanda después por un tiempo. Eso es tan real que hasta el presente inmediato, guste o no, acusado falsamente o con base, el único reconocido como opositor en funciones legítimas es el presidente interino; y hago constar que no es publicidad o aval parcializado. Los hechos son tercos.

Feliz navidad para todos, sin sarcasmo.

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