jueves, 17 de junio de 2021 | 5:27 AM

Los pueblos sí se equivocan

Cada uno de esos seres mesiánicos pueden condensar en su retorcida personalidad lo peor de la condición humana, eso sí envuelta en el líquido amniótico de su “inconmensurable sensibilidad.

Eso de que los pueblos no se equivocan debe catalogarse como la fake news que más daño ha hecho a los conglomerados humanos, que se hacen mayorías para entregarle el poder a tiranos desquiciados, salvadores megalómanos, ignorantes verborrágicos, malvados descontrolados, resentidos, farsantes, ególatras, perversos, narcisos, histriónicos, mitómanos, redentores, libertadores y lectores de Eduardo Galeano. Una verdadera fauna que habitó y habita la selva de los predestinados, llamados por la providencia a dirigir los destinos de los países donde nacieron.

Cada uno de esos seres mesiánicos pueden condensar en su retorcida personalidad lo peor de la condición humana, eso sí envuelta en el líquido amniótico de su “inconmensurable sensibilidad”, que los hace únicos, especiales y superiores a sus congéneres. En torno a esta supremacía nadie podrá equiparárseles, porque el redentor no tiene ningún asomo de duda sobre su procera condición, mientras el resto, es solo eso: el resto. Por tanto, es inferior, subalterno, minusválido y debe ser llevado de la mano –como a un indefenso y desvalido niño- hacia el paraíso construido por aquel salvador.

De esos fuera de serie, todos son recordados por el daño, el mal, el perjuicio y la desgracia que dejaron sembrada en la historia de la humanidad. Heridas que todavía sangran y cicatrices profundas que van quedando como huellas de la destrucción y la venganza perpetradas por estos elegidos. Los de antes y los de ahora fueron cortados con la misma tijera. El patrón parece repetirse en el fenotipo, aunque los que se escoran hacia la izquierda son doblemente siniestros. Eso significa que la catástrofe, la devastación y la ruina serán peor, porque la conjunción de maldad con zurda superioridad siempre es letal.

Stalin es el ejemplo más conspicuo de lo deletéreo que pueden ser estos sujetos. Hitler también, y bautizo su partido como nacional socialista, de lo que se desprende la similitud con el del carnicero georgiano. Por ahora, la historia ha puesto la lupa sobre el alemán y de manera muy tangencial se ha ocupado del perpetrador de la URSS. Hitler estuvo 12 años en el poder, pero Stalin permaneció tres largas décadas. El balance no puede ser más desolador en ambos casos, pero hay estalinistas en cualquier lugar de la tierra que idolatran a su héroe comunista. En tanto que a los nacional-socialistas, tatuados con la esvástica se les considera un peligro allí donde estén. En la propia Alemania están proscritos.

Todo esto viene a cuento por ese desbalance que apreciamos en la percepción que tiene la sociedad con relación a los predestinados. Si son de izquierda se les venera, adora y se les imita, sin que hasta ahora se hayan levantado muchas voces contra estos siniestros individuos, tan dañosos y lesivos. Esto hace que sus idólatras e imitadores estén presentes en los cinco continentes, desde lo más civilizados hasta los subdesarrollados, tercermundistas y hasta primitivos.

En España tienen a Pablo Iglesias, a Zapatero y al propio Pedro Sánchez. Este último con una inexplicable popularidad, y a punto de sacar un caudal de votos al que no le encuentro justificación alguna, si valoramos su desempeño en estos 8 meses como jefe del gobierno español. Hasta el plagio de su tesis doctoral está documentado y demostrado, pero las encuestas le favorecen. Y es que cuando eres de izquierda cierta gente te asocia con honestidad, generosidad y solidaridad.

Fidel es un paradigma del bien, aunque haya perseguido, encarcelado, hostigado y asesinado a cientos de miles de cubanos. Todos sus crímenes –de flagrante lesa humanidad- no han impedido que sus adoradores sigan arrodillados y venerándole. Algunos de estos devotos han sido elegidos como presidentes en varias naciones, donde el afán de imitación ha llegado a calcar el modelo castrista e imponerlo a sangre y fuego, como ocurrió en este triste, destruido y asolado ex país llamado Venezuela.

Lula, el obrero metalúrgico, los abogados Kirchner en Argentina y el economista de Harvard, Rafael Correa en Ecuador, son tres de los idolatras del comunismo castrista, que se erigieron dueños del erario público de los Estados que dirigían, y hoy están presos o investigados por corrupción. Sin embargo, pueden ser relectos y demostrarse que los pueblos no solo se equivocan, sino que chocan -de nuevo- con la misma piedra. Estoy segura que el libro de cabecera de esta camada de comunistas es: Las Venas abiertas de América Latina. Texto indispensable para alimentar la leyenda negra de la conquista, que nutre el resentimiento del ñangarismo regional, que sigue exigiendo perdones y disculpas después de 500 años. Esto forma parte de ese ritualismo de la izquierda borbónica, esa que no aprende pero que tampoco olvida. Y se me viene a la cabeza el extinto paracaidista de Sabaneta y López Obrador, que ojalá le sea leve al pueblo mexicano.

 Agridulces

 Los rusos llegaron ya, y no bailando chá, chá, chá precisamente. Pisan duro y toman posesión de sus dominios, con la sumisión de los nativos castrocomunistas. Ni Stalin llegó tan lejos, pero Putin es mucho Putin en esta “ribera del Arauca vibrador”.

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