viernes, 17 de septiembre de 2021 | 8:37 PM

Los bramidos de la fiera en la oscuridad

El poder inamovible del régimen, tras 22 años, que es como lo señalan los ahora colaboracionistas, no es tal, y aunque puedan pasar días, esas flores no retoñan dijera la añeja melodía no tan revolucionaria. | Foto cortesía

El poder inamovible del régimen, tras 22 años, que es como lo señalan los ahora colaboracionistas, no es tal, y aunque puedan pasar días, esas flores no retoñan dijera la añeja melodía no tan revolucionaria. | Foto cortesía

@OttoJansen

La cartilla revolucionaria clásica explicaba todo elemento de acontecer de carácter social, partiendo de los flujos (y reflujos) que la incidencia del proceso revolucionario impactaba en una sociedad. Así no había, o no hay, desde la perspectiva del análisis citado, ningún episodio por pequeño que fuese que no estuviera condicionado por la “realidad objetiva”. Los manuales soviéticos que llegaban por incontables cantidades de cajas a la Venezuela de los años 60 y 70 del siglo XX eran portadores de estas lecciones.

Con el tiempo este enfoque dogmático empezó a relativizarse; a desmitificarse sería el término exacto, a lo que contribuyeron con visiones críticas pensadores como Teodoro Petkoff o Carlos Rangel, desde trincheras distintas del pensamiento, pero coincidiendo en lo del sentido común y circunstancial que  muchas veces llegan a presentar los hechos políticos. Pero si hay algo que nos parece percibir en esta hora negra del país, donde la involución, el primitivismo, la piratería y la estafa de la mano del modelo de la revolución bolivariana se han apoderado de la nación, es que poco a poco han vuelto estos enfoques signados por el “devenir inevitable”.

Así se observa la “visión estratégica” de algunos factores, con aquello de “volver a la política”, que construyen con pasajes de la situación social y económica, siendo indiferentes a la magnitud  del caos institucional (el Estado totalitario en marcha) en la que se encuentra inmersa Venezuela y sus regiones. Son “progresistas” con las viejas teorías de Lenin que no acompañaron (lo que suponía sensatez) a esos caricaturescos izquierdistas ahora en el poder persiguiendo a quien no les aplauda y haciéndose millonarios con el dinero público. Son los “demócratas” que en su “volver caras” recurren, otra vez, a los catecismos de la rueda de la historia y son los que en aras de la política “real”, descartan las luchas por el rescate del orden constitucional, y actúan cediendo principios, acompañando atropellos, cultivando las corruptelas y argumentos del gobierno. Este es el caso de muchos de los grotescos episodios que hemos vivido en los que se han destacado conocidos opositores; que en lógica normal no tendrían explicación pero que obedecen más que a afinados cálculos de la revolución, al aprovechamiento de las indecisiones, la cobardía y falta de consistencia intelectual y moral de las dirigencias para afrontar una gigantesca e inédita operación revolucionaria moderna. Allí, como se sabe, se han impuesto las incoherencias y el recostado permanente a la “verdad histórica” de varios “guerreros” que han apelado a sus tradicionales y únicos manuales. Con esto, la revolución que usa estos textos como propaganda, ha logrado mantener su proyecto (una vez desaparecidos los presupuestos monumentales de las instituciones públicas), en el engaño colectivo. El cuento, no exento de telarañas y de olvidadas categorías marxistas, viene al caso en virtud de que en estos mismos días se repiten los zarpazos de la revolución contra el intento de poner la civilidad en el tapete nacional. Muchos se han preguntado: ¿Qué tiene de misterioso trasfondo la detención del diputado Freddy Guevara? ¿Cuál es la novedad de los delitos que se le imputan que antes no hayan sido repetidos, igual de grotescos, contra otros? ¿Hay necesidad de reproches desgarradores, de algunos “valientes” que juegan a mánager de tribuna, porque el régimen repite su guión relacionado con negociaciones?

El desastre también los tiene locos 

Los flujos y reflujos del proceso revolucionario han sido desbordados por la balacera antisocial de la semana pasada en barriadas populares de la gran Caracas. Aún la población de esas comunidades no sale del estupor y el régimen está “picado de culebra”. La nunca esperada rebelión del pueblo cubano, todos estos días, poniendo al desnudo el fracaso y la vergüenza de la “isla de la felicidad”, ha profanado el altar de la mitología revolucionaria: todas esas sandeces del hombre nuevo, el malvado capitalismo y la igualdad social con las que se ha alimentado el proceso bolivariano en nuestro país se quedan sin santos; les ha dolido en el alma de sus mentiras. El materialismo histórico, del que hablan apenas en incongruentes enunciados, se ha venido yendo por la borda con la profundización del hambre, la aniquilación de la moneda, la ineficiencia y desaparición de estructuras e instancias de gobierno que se han diluido en las localidades y que pretenden reaparecer con elecciones trucadas para después continuar con el Estado comunal aniquilador de la libertad. El poder inamovible del régimen, tras 22 años, que es como lo señalan los ahora asumidos en colaboracionistas, tanto en el país como aquí en Guayana, no es tal, y aunque puedan pasar días en esa condición vegetativa, esas flores no retoñan, dijera la añeja melodía no tan revolucionaria.

En la oscurana nacional brama la bestia con un aullido punzante, pero en este instante de entreverados pasajes, en el que ningún factor está exento de los atropellos y la indefensión, corresponde que la resistencia democrática  muestre su firmeza y alce con bríos sus propuestas a la emergencia humanitaria compleja y a la destrucción de la institucionalidad: el Plan de Salvación Nacional.

Es momento de rigor y coraje. De la experticia civilista que nos permita afrontar la complejidad. Se impone el sentido común, la grandeza y el arrojo ante la oscurana que persiste. Que ningún ciudadano se paralice por los aullidos; sean estos manotazos o los ruinosos cuentos de los catecismos revolucionarios.

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