domingo, 28 de noviembre de 2021

Lo público y lo privado: una confluencia urgente ante la COVID-19

En nuestro país, más allá de la desnutrición y deficiencias generales, la mayor falla es la falta casi total de Unidades de Terapias Intensiva a disponibilidad y aptas para su uso, además de la falta de medicamentos y mantenimiento de equipos.

El planteamiento es primordial: el sector privado de clínicas en Venezuela y, más aún, en Guayana, requiere ser escuchado para recibir toda la colaboración por parte del Estado Venezolano.

En nuestro país, más allá de la desnutrición y deficiencias generales, la mayor falla es la falta casi total de Unidades de Terapias Intensiva a disponibilidad y aptas para su uso, además de la falta de medicamentos y mantenimiento de equipos.

Ya antes de la pandemia la necesidad de una unidad de cuidados intensivos era una tragedia (hay que entender que la UTI no son sólo respiradores artificiales). Mañana, en caso de necesitarla, como están ya varios países, sería una catástrofe. En Ciudad Guayana, en el sector público del municipio Caroní no hay ni una sola cama a disposición de UTI pediátrica. Para adultos no alcanzaría ni a diez camas a disposición inmediata ni por un acto de magia del gobierno.

El hospital militar Doctor Manuel Siverio Castillo podría habilitar dos a tres camas. Uyapar, Guaiparo y Ferrominera tienen problemas fatales en todos los mantenimientos de equipos, así que sería un esfuerzo gigante por parte del gobierno habilitar dichos servicios. En el sector privado podría haber más de 20 camas habilitadas pero todos los centros están en recesión y más de un centro está bajo cierre técnico (situación de quiebre). Hablo de clínicas importantes.

Estadísticamente, en los países desarrollados la necesidad de UTI es de 2 al 10 por ciento, así que considerando eso, sería fatal para nuestro municipio llegar a 100 casos reales de coronavirus. Es importante ver las estadísticas diarias de crecimiento. Por ahora, en Venezuela, según las cifras no ha sido potencial. De 80 casos hace unos días atrás tenemos ahora 388 casos y diez fallecidos a nivel nacional. Aunque poco, los pacientes con estatus positivos se siguen sumando y no se detiene.

La temperatura parece ayudar y la falta de vuelos hacia y desde Venezuela eran ya escasos. También se tomaron decisiones oportunas para la cuarentena y la ciudadanía ha cumplido con “quedarse en casa”. Preparémonos para una inmunidad colectiva lenta que seguro va a suceder y eso es lo que se recomienda, ya que es evidente el hecho de que la COVID-19 posiblemente va a tocar a nuestra familia. Hay que poner en resguardo a los niños, tercera edad y pacientes inmunológicamente comprometidos, y prepararse para lo que pueda venir en especial cuando el crecimiento por infección pueda ser potencial.

En Ciudad Guayana renunció casi todo el personal médico y enfermeras en todos los servicios públicos. Sólo quedan dos especialistas en terapia intensiva en el sector público para toda una ciudad y debe considerarse que solo deberían trabajar no más de 8 horas. Hay que evaluar cuántos médicos se pueden “arriesgar” a cumplir su deber sin tener los equipos de protección adecuados para atender una emergencia por Coronavirus. Así que no hay personal para UTI en Ciudad Guayana. 

Nuestro sector privado de salud es fundamental para atender cualquier emergencia. Ante esta realidad descrita, es necesario e imperativo que la Asociación de Clínicas Privadas se pronuncien en cuanto a su realidad y se accionen todas las iniciativas para suministro de insumos y equipos a los diferentes centros de asistencia públicos y privados que garanticen la salud y en especial la vida de todos los guayaneses.

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