sábado, 23 de octubre de 2021

Lo peor de la crisis humanitaria venezolana

Cada semana, hay, al menos, diez nuevos casos de hepatitis A comprobados, mas no documentados por las presuntas autoridades sanitarias robolucionarias sucialistas, acostumbrados a no informar nada.

No es sólo la falta de comida ni medicinas, ni de hospitales bien dotados, ni la falta de insumos médico-quirúrgicos; sino la proliferación de las enfermedades hídricas que afectan al venezolano, enfermedades que afectan a todo humano que viva en las regiones de la tierra donde las condiciones de vida son muy precarias; verbigracia, las que en tiempos de la Guerra Fría eran llamados “países del tercer mundo”; de las cuales, las más peligrosas, dañinas y mortales son: gastroenteritis, hepatitis A, cólera y fiebre tifoidea, también conocidas como de transmisión alimentaria o ETA (en Venezuela nos falta sufrir de cólera; que por el camino que llevamos, no es de extrañar que nos alcance). Tales enfermedades son causadas por bacterias y virus que, transportados en el agua, los alimentos o las manos sucias, entran al organismo por la boca y son eliminadas al medio con las excretas, es decir: heces fecales. En su conjunto, estas enfermedades son generadas como consecuencia de todo un círculo epidemiológico de transmisión llamado: “ciclo fecal-oral”. Dicho sin tapujos, estas enfermedades son, en primer lugar, producto de que el ser humano consuma agua contaminada con excrementos. Para ser aún más explícito, estas enfermedades son ocasionadas cuando el ser humano consume agua literalmente contaminada con porquería; y las plantas de tratamiento no poseen la capacidad de filtración, ni poseen los sistemas de purificación y pureza sanitaria que los estándares internacionales médicos demandan para el consumo de agua potable.

Como todo lo que esta robolución sucialista (los términos no son barbarismos de este autor, sino neologismos, a los cuales pido formalmente a la RAE sean aceptados en posteriores ediciones del diccionario), incluyendo todo el sistema venezolano de plantas de tratamiento de aguas para el consumo de los venezolanos, que mientan hidrológicas “sucialistas”; de los cuales, al nuestro, se le conoce como Hidrobolívar (rebautizada así desde 2005), y de que es sucialista lo es. Me explico.

No es que me guste hablar mal de esta calamidad apocalíptica, que un mal día inventó un pajarito humanizado, quien dio por mentar al fulano parapeto ideológico-político: “sucialismo” del siglo XXI; sino que me han dado todas las razones para que me entretenga con ello, dado que toda esta cáfila de ineptos, quienes durante este tiempo (dicen por ahí), dizque nos han gobernado, hayan hecho todo tipo de esfuerzo, habido y por haber; hayan puesto, cada uno, según la especie zoológica a la que pertenezcan (según sus cualidades y capacidades), los extremos distales de sus extremidades, sean: pezuñas, garras o zarpas, para hacer devenir a Venezuela hasta lograr lo impensable: ubicarnos en el ranquin mundial de desastres histórico-geográficos que la humanidad haya conocido y padecido en toda su historia, en todo el planeta tierra, calamidad muy bien conocido por casi toda la coherente y decente comunidad internacional democrática (con sus poquísimas como consabidas excepciones), quienes horrorizados comprueban cómo los venezolanos hoy día tengamos la calidad de vida más espantosa, antes, durante, después de la II Guerra Mundial, y mucho más allá en los anales de la historia universal. Veinte años después de este invento satánico, todo lo que ha tocado este “sucialismo” inventado por el castrocomunismo, desde sus madrigueras de La Habana, transmitido al susodicho pajarito parlante, ha quedado en un estado de ruina absoluta. Verbigracia: Venezuela. Fuimos el país que, en los años sesenta ostentábamos la comprobable posibilidad de llegar a ser parte de los países del llamado del “primer mundo”. Sólo vino el “sucialismo del siglo XXI” y ¡zas! se esfumaron las esperanzas. ¡Qué mérito! ¿O no?

En lo tocante al estado Bolívar, que ha sufrido paulatinamente de una comprobable y cada vez calamitoso como doloroso estado de deterioro, de todo, empezando por sus empresas básicas, poseemos, además, y por si fuera poco, uno de los peores sistemas de almacenamiento, tratamiento, distribución y consumo de agua mundial. No hay ningún estado del país cuyo sistema hidrológico no sea una calamidad en ruinas. Hidrobolívar lo que ha generado son dos cosas, entre muchas otras: la proliferación de “microempresarios”, quienes montan en cualquier sitio disponible una venta de agua potable (eso espero), que presumimos sea filtrada para el consumo humano. Tal es su estado de ruina, que, un día sí, y el otro también, nos hacen padecer de una nueva suspensión del suministro de agua, con todo tipo de excusas. Pero como se les están acabando las excusas y los responsables del desastre (que, según ellos, siempre son otros, nunca ellos, a saber: saboteo del imperio, de la oligarquía colombiana, de roedores y todas sus especies, de iguanas, y de todo animal que se les ocurra, lo que comprobablemente son causa de este desastre, es una tropa de incapaces robolucionarios sucialistas, hasta para reconocer ante toda la colectividad que la precariedad del tratamiento de las aguas por los sistemas de recolección y almacenamiento de las aguas para el consumo humano, valga decir, todas las hidrológicas del país son el producto del desamparo e incompetencia; del abandono del mantenimiento de bombas, tuberías, electricidad, y hasta falta de los químicos indispensables para la potabilización del agua, entre muchas otras deficiencias.

Es por eso y no por otras causas, ni son otros los responsables, por lo que han proliferado las enfermedades hídricas, con el aumento en la morbimortalidad consecuente, que, dicho sólo de pasada, sufren las clases más desposeídas que ellos dicen defender, porque no tienen dinero ni para comer, mucho menos para comprar agua potable.

Literalmente, lo que nos llega por las tuberías (cuando tenemos suerte), no es agua sino barro mojado en algo de agua (no agua con barro). Además, para empeorar la cadena de interminables penas que sufrimos los venezolanos, se suma la de recibir agua con excrementos, la que, cuando mucho, cuando la recibimos, para lo que nos sirve es para desaguar nuestras pocetas, porque si nos bañarnos con ella para nuestro, acostumbrado, necesario y rutinario aseo personal que debería hacerse, no con agua con porquería sino con agua decente, nos exponemos a sufrir de alguna de ellas. Cada semana, hay, al menos, diez nuevos casos de hepatitis A comprobados, mas no documentados por las presuntas autoridades sanitarias robolucionarias sucialistas, acostumbrados a no informar nada. Eso no es aseo corporal, es lo más desaseado y asqueroso del mundo. Es lo que nos está enfermando y matando por falta de agua potable.

Nota final. Me informan que esta banda de cómplices incapaces, excusan con otra insólita coartada, que la consecuencia de la nueva suspensión del servicio de agua se debe al agua empozada en las inmediaciones del Centro Comercial Los Olivos; agua que se acumula cual lago artificial, cada vez que, como ahora, acurre un torrencial aguacero. ¡Embusteros!

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