martes, 21 de septiembre de 2021 | 3:19 AM

Las maras venezolanas

Los llamados “colectivos”, supuestos a ser promotores de actividades culturales, defensores de la democracia y de la revolución bolivariana, se convirtieron una fuerza paramilitar, que desde hace rato se le fue de las manos al régimen, primero de Chávez y luego de Maduro. | Foto BBC Mundo

Los llamados “colectivos”, supuestos a ser promotores de actividades culturales, defensores de la democracia y de la revolución bolivariana, se convirtieron una fuerza paramilitar, que desde hace rato se le fue de las manos al régimen, primero de Chávez y luego de Maduro. | Foto BBC Mundo

@cjaimesb

En la década de los años 80, miles de jóvenes centroamericanos llegaron a los Estados Unidos huyendo de las guerras civiles en sus países. La mayoría fue a parar a los suburbios de varias ciudades del estado de California. Allí se convirtieron en pandillas, principalmente para enfrentar a las pandillas ya establecidas de mexicanos, asiáticos y afroamericanos. En los años 90, Estados Unidos deportó a la mayoría de esos pandilleros de vuelta a sus países de origen. Y El Salvador, con un país resquebrajado en su tejido social por la guerra civil, fue el perfecto caldo de cultivo para que las maras se fundaran, crecieran y se multiplicaran. Además, la institucionalidad pendía de un hilo y la situación económica era catastrófica.

Más que una pandilla, las maras son una especie de secta, donde los integrantes se prometen lealtad y solidaridad. Miles de jóvenes sin rumbo se han unido a ellas. Allí encuentran una razón de ser (¿o de no ser?) y un sentido de pertenencia. Desde el establecimiento de las maras, los enfrentamientos entre ellas no se hicieron esperar, cada día más sangrientos.

Hoy en día, se calcula que sólo en El Salvador hay 60 mil miembros de maras, que con sus aliados (familiares y negociantes) pueden llegar a casi medio millón de personas, en un país que apenas tiene 6,7 millones de habitantes. Los mareros se rapan la cabeza y se tatúan en el cráneo las siglas de la mara a la que pertenecen, así como el resto del cuerpo. Están presentes en todos los municipios y son responsables por la mitad de los asesinatos del país. Está por verse qué hará el presidente Bukele en el largo plazo.

En Venezuela, el chavismo hizo crecer nuestras propias maras. Los llamados “colectivos”, supuestos a ser promotores de actividades culturales, defensores de la democracia y de la revolución bolivariana, se convirtieron una fuerza paramilitar, que desde hace rato se le fue de las manos al régimen, primero de Chávez y luego de Maduro. “El brazo armado de la revolución bolivariana”, los llamó Chávez. Los proveyeron de armas, sistemas de comunicación por satélite y vehículos para desplazarse. Hoy actúan motu proprio e independientes de sus creadores y financistas originales.

Pero hay otra mara, mucho peor que los colectivos, que es la del FAES, la Fuerza de Acciones Especiales instituida por Maduro en 2016. Los miembros de la FAES se han convertido en asesinos. La gente les tiene pánico, aún más que a los colectivos. Sus uniformes parecen estar diseñados para infundir terror desde la distancia. Sólo en enero de este año protagonizaron una matanza en La Vega, en Caracas, que dejó un saldo de 23 muertos, según Provea. “Mano dura contra la delincuencia” había prometido Maduro. Pero lo cierto es que la mayoría de los fallecidos en esa masacre no tenía antecedentes penales.

Los enfrentamientos entre las maras venezolanas también ha dejado una cantidad de muertos inocentes, que estaban simplemente en el lugar y la hora equivocados.

Recientemente fue asesinado -delante de su madre- un joven, hijo de uno de los jefes de los colectivos de La India, en El Paraíso, porque su padre no quiso ir, por temor a que lo mataran. Lo habían amenazado y cumplieron su ofrecimiento.

Estas historias dantescas, que hoy son parte de nuestra cotidianidad, eran impensables antes de que Hugo Chávez se hiciera con el poder. Y lo peor es que nos estamos acostumbrando a ellas: ya nada nos asombra, ni nos conmueve, ni nos duele. Somos un pueblo anestesiado, dominado por asesinos. El deseo común de la mayoría de los jóvenes venezolanos, de la clase D hasta la A, es irse del país. Y los que se quedan no tienen oportunidades de surgir, como en El Salvador, por eso muchos terminan uniéndose a los colectivos o a fuerzas como las FAES, que al final son lo mismo.

¡Pobre juventud, pobre futuro, pobre Venezuela!

¡Mantente informado uniéndote al canal de WhatsApp o Telegram del Correo del Caroní!

Hazlo a través de los siguientes links https://chat.whatsapp.com/Gk9ekJ3cLHT6eHXvCIjFBZ | https://t.me/NoticiasCorreldelCaroni

Más del autor

USBistas… ¡a defender su universidad!

Mi llamado es a la comunidad USBista en general: tienen que hacer escuchar su voz y plantarse ante esta nueva ignominia con la que el régimen pretende rematar con una estocada mortal a la Universidad Simón Bolívar. | Foto cortesía

Venezuela en blanco y negro

La industria y el comercio viven su peor momento de nuestra historia republicana. Peor que en el siglo XIX, básicamente porque en el siglo XIX los corruptos estaban solo en la cúpula gubernamental. No es esta historia de hoy donde hay corruptos en todas partes. Y no solamente dentro del régimen. Los testaferros, aguantadores y cómplices están a lo largo y ancho de toda nuestra geografía.

¿Cómo debe ser un ministro de Educación?

Un ministro de Educación debe saber organizar, administrar y sistematizar. Debe conocer a fondo qué es lo que está organizando, administrando y sistematizando. | Foto Prensa Presidencial

“Matrimonio”: ¿por amor o arreglado?

Hay que seguir presionando con las herramientas que tenemos. Y aunque suene trillado, tener paciencia. Comportémonos como en un matrimonio arreglado: sin expectativas, para que sepamos reconocer las ganancias. | Foto cortesía

¡Síguenos!

Notas relacionadas

Las batallas por el agua

Los bolivarenses no tienen acceso a los montos asignados para la construcción de acueductos modernos ni a los documentos oficiales para determinar los millones de bolívares o dólares que debían mostrar las obras culminadas, mil veces diagnosticadas en décadas pasadas. | Foto cortesía

Dictador, soberbio y además muy ordinario

Habla de unas elecciones, que él ganará de antemano. Pero, por cualquier eventualidad, ha puesto preso a una cincuentena de críticos y opositores y a todos los candidatos a la presidencia que le podían vencer y que sin duda lo vencerían en unas elecciones libres, lo que, para el caso sí se trata de ciencia ficción.

“El Coqui” pa’ México

Y si el hombre de la comida pútrida no se presenta por inasistencia muy justificada, digamos su próxima gira por los juzgados del sureste de Miami, seguro que le envían a “El Coqui” de primer suplente. Porque esas oportunidades no se presentan todos los días.

Venezuela en tiempos de Biden: una aproximación

El pragmatismo geopolítico del presidente de los Estados Unidos ante las amenazas internas y externas de su país, aunados a la creciente influencia de China el mundo y los intereses de Rusia, dibujan un nuevo ajedrez político global donde Venezuela no deja de ser preocupación.

¿Epidemia sin vacuna?

El último informe sobre la violencia contra niños, hecho público por Cecodap, el OVV y la Redhnna, da cuenta de 3.738 menores que fueron víctimas mortales y de incremento de la violencia intrafamiliar. | Foto William Urdaneta

El machismo en las tiranías

El expresidente de los Estados Unidos se ha convertido en un modelo para quienes le aplauden su desdén por víctimas, perdedores y débiles, una marca neo-reaccionaria de moda.