martes, 11 de mayo de 2021 | 12:53 PM

Las historias de la literatura venezolana

Existen pocas historias de la literatura venezolana y ellas, que son el balance de nuestra tradición, la foto de familia de nuestras letras, han permanecido olvidadas en el polvoriento cajón de cachivaches de la desmemoria.

@diegorojasajmad

De los tres ámbitos que conforman los estudios literarios, la teoría, la historia y la crítica, los dos primeros han tenido escaso o nulo desarrollo en nuestro país.

En cambio, el valorar las obras literarias ha sido práctica común, tal como lo demuestra el trabajo Bibliografía de la crítica literaria venezolana 1847-1977, realizado por Roberto Lovera De Sola (1982), en el cual se registran 1.749 textos de crítica en un lapso de 130 años, ello sin contar los aparecidos en prensa y revistas, con lo cual este número aumentaría con desmesura. Sin embargo, la reflexión sobre los fundamentos de lo literario, su teoría, no ha encontrado en estas tierras sustento que la convierta en tradición. Y el ejercicio historiográfico de la literatura venezolana no ha corrido con mejor suerte.

Esta misma afirmación ha sido planteada por Rafael Arráiz Lucca quien, en su libro Literatura venezolana del siglo XX, sentencia: “Las aproximaciones a la literatura venezolana con un propósito totalizante no abundan. (…) Escasean, pues, los que de un solo envión examinan el devenir histórico de nuestras letras”.

En nuestro país solo se han publicado seis historias de la literatura venezolana. Ellas son: La literatura venezolana en el siglo diez y nueve (1906), de Gonzalo Picón Febres; Formación y proceso de la literatura venezolana (1940), de Mariano Picón Salas; Compendio histórico de la literatura venezolana (1948), de José Barrios Mora; Historia y antología de la literatura venezolana (1952), de Pedro Díaz Seijas; Cincuenta años de literatura venezolana (1969), de José Ramón Medina y Panorama de la literatura venezolana actual (1973), de Juan Liscano.

Se han excluido de esta lista a José León Escalante, Ideas sobre el movimiento literario actual en Venezuela, de 1936; Manuel García Hernández, con su Literatura venezolana contemporánea, de 1945; Arturo Úslar Pietri, Letras y hombres de Venezuela, de 1948; Mario Torrealba Lossi, Literatura venezolana, de 1954 y a Pedro Pablo Barnola, con Altorrelieve de la literatura venezolana, de 1970, entre otras del mismo tenor, por cuanto ellas no constituyen historias orgánicas completas. Aunque en algunas antologías se mencionan a estas obras como “historias de la literatura venezolana”, en realidad son compilaciones de artículos publicados previamente en la prensa, dedicados a un trabajo exegético de autores y obras aislados y sin interés de panorámica o búsqueda de orígenes y causas.

El mismo Arturo Úslar Pietri dirá de su libro Letras y hombres de Venezuela, afirmación que puede ser aplicada al resto de las obras mencionadas: “Están por eso lejos de ser una historia de la literatura venezolana. Para serlo les faltarían muchas cosas. Entre las más inexcusables: un recuento de la extensa y valiosa obra de los historiadores y ensayistas y un panorama de la poesía, sobre todo la de los últimos años, tan decidora y alta. A lo que más se acercan estas páginas es al esbozo de una cronología del espíritu venezolano, acompañada de una corta galería de siluetas de los hombres en quienes encarna con torturada vocación”.

Entonces, solo se han escrito seis historias de la literatura venezolana, y de ese pequeño conjunto, hecho por tres merideños, dos guariqueños y un caraqueño, que registran la literatura venezolana desde inicios del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, hemos sustentado las reflexiones sobre nuestras letras.

Hoy es muy difícil encontrar esas historias y no estaría de más hacer el esfuerzo de volver a ellas para reconstruir el rostro que esconden en sus páginas.

Otras páginas:

-Un país de poetas: Esta semana nos sorprendió la noticia de saber que Yolanda Pantin fue galardonada con el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca. No es un premio cualquiera. Se entrega anualmente, desde el 2004, y se otorga a un autor vivo cuya obra total sea de relevancia a la cultura literaria hispanoamericana. En ediciones anteriores, el premio ha sido entregado a Ángel González (2004), a José Emilio Pacheco (2005), a Rafael Cadenas (2015), entre otros. Este reconocimiento, muy merecido, nos viene a decir una vez más que Venezuela es un país de poetas de resonancia universal, cosa a la cual no le hemos dado la importancia debida.

-La obra y la vida del autor: “Objeto la tendencia contemporánea de la crítica a conceder demasiada atención a la vida de los autores y los artistas. Solo distraen la atención de la obra de un autor (si la obra, de hecho, es digna de atención) y termina, como a menudo se observa, por convertirse en el mayor motivo de interés. Pero solo el propio ángel de la guardia, o en verdad el mismo Dios, podría desenredar la relación entre los hechos personales y la obra de un autor. No el mismo autor (aunque sabe más que cualquier investigador) y por cierto no los llamados “psicólogos”. J.R.R. Tolkien.

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