martes, 28 de septiembre de 2021

La “vacuna” Abdala, otro guiso más

Salvo que demuestren lo contrario, tras el “capricho” con la vacuna cubana se agazapa un monumental guiso. Otro más, porque para la pandilla que ha saqueado y sigue saqueando Venezuela, ni la imaginación más enfebrecida es el límite. | Foto William Urdaneta

Salvo que demuestren lo contrario, tras el “capricho” con la vacuna cubana se agazapa un monumental guiso. Otro más, porque para la pandilla que ha saqueado y sigue saqueando Venezuela, ni la imaginación más enfebrecida es el límite. | Foto William Urdaneta

@omarestacio

En la presente crónica, no vamos a escribir sobre vacunas. Sería impropio que lo haga, quien no es especialista en la materia. Otra cosa, es que a lo largo de estos calamitosos veintitantos años, los venezolanos nos hayamos convertido en verdaderos eruditos en lo que se refiere a las corruptelas que son capaces de cometer, los que han narcodesgobernado nuestra muy querida ex Venezuela.

Creo que lo tenemos escrito: La llamada Revolución, vive para robar y roba para vivir. Es su ethos, su leitmotiv, su imperativo cromosómico, el saqueo de toda riqueza o miseria, pública o privada, en cualquier circunstancia. Fortuita o previsible. Por obra de la naturaleza o por la mano del Hombre. Producto del azar o del esfuerzo personal o colectivo. Por dichosos o desgraciados, se han valido y se seguirán valiendo, de cualquier acontecimiento, para el enriquecimiento ilícito, sin que se les salve ninguno y la presente pandemia, no se les podía escapar, así como así.

¡Al demonio! conque, “eso”, que lleva el remoquete de Constitución Bolivariana de Venezuela, consagre el principio de la transparencia en la Administración Pública. No había, aún, el coronavirus, tocado nuestros puertos y aeropuertos, cuando la narcotiranía, decidió tratar ese infortunio con la mayor opacidad y secretismo posible, a través del Decreto N°. 4.161 del 13 de marzo de 2020 que sentó las bases para mandar, ¡preso, carrizo! a todo el que informase, detalle alguno, sobre el flagelo.

A saber: El director del postgrado de medicina del Hospital Universitario de Maracaibo, doctor Freddy Pachano, perseguido por la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), por orden del guapetón que usurpa funciones de gobernador del estado Zulia; los doctores, Luis Araya en Lara, excarcelado con medidas cautelares; doctora, Carmen Hernández presa, en Nueva Esparta; doctor, Jorge Yéspica, preso, también, en Aragua, entre muchos más trabajadores de la salud, por lo que varios Colegios de Médicos y la ONG Médicos Unidos hicieron llamados de respeto a los DD HH, a diversos entes multilaterales.

Los comunicadores sociales, tampoco se podían salvar de esta razzia, como lo atestiguan las 18 detenciones denunciadas por el Colegio Nacional de Periodistas. Hasta los padres de un reportero, Darvison Rojas, fueron a dar a la cárcel por el delito de informar, veraz y oportunamente, cometido por su hijo.

Las desinformaciones de quien asumió la vocería oficialista sobre el tema, se repitieron una tras otra: Ocultamiento de los verdaderos, números de muertos y contaminados; manoseo de la figura de nuestro beato, José Gregorio Hernández en la promoción de supuestas pócimas milagrosas, como el Carvativir; mentidos y desmentidos del propio Maduro sobre el pago de las vacunas a través del Covax, para llegar a la coda del desprecio, la burla, el desdén por la salud, la vida y el Patrimonio Público de los venezolanos -como detallaremos- con la pretensa vacuna cubana, que mal puede ser calificada como tal conforme el alerta de la Academia Nacional de Medicina, entre otros entes con auctoritas en la materia.

Además de los irreparables daños humanos, se juegan millones de dólares en el asunto. Cualquiera que se tome la molestia de averiguarlo, (en el enlace siguiente, entre muchísimas fuentes) constatará que el costo aproximado de las principales vacunas es como sigue: La elaborada por Moderna, primera y segunda dosis a un estimado de US$ 32,00 a US$ 37. La elaborada por Pfizer, primera y segunda dosis a un estimado de US$ 39.00; la Johnson & Johnsons una sola dosis, a un estimado de US $10; la Astra Zeneca, la más económica de seis a ocho dólares las dos dosis; la Novavax US $32 las dos dosis. Los lectores se servirán, calculadora en mano, totalizar el monto final de las posibles remesas. Se les alebrestan las tripas perpetradoras a las huestes gobierneras con semejante cantidad de dígitos.

¿Cómo explicar que en un país, sumido en la más espantosa miseria y en la más pavorosa incuria sanitaria, Nicolás Maduro, se haya jactado de no “mendigar vacunas”? ¿Cómo explicar que haya rechazado donaciones o renunciado a utilizar el auxilio de entes multilaterales? ¿A cuento de qué ese empeño de comprar doce millones de la pretensa vacuna Abdala, cuyo precio no aparece en ningún boletín y de cuya efectividad todos dudamos?

Dado el prontuario revolucionario, en lo que a corrupción se refiere, el cronista no se traga el cuento de la pretendida ideologización en la escogencia del país fabricante de las vacunas. Por el contrario, nos consideramos con legítimo derecho a presumir, iuris tantum, salvo que nos demuestren lo contrario, que tras el “capricho” con la vacuna cubana se agazapa un monumental guiso. Otro más, porque para la pandilla que ha saqueado y sigue saqueando Venezuela, ni la imaginación más enfebrecida es el límite.

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