martes, 30 de noviembre de 2021

La polémica con James Bond

En principio, James Bond corresponde a una época, es un ícono de masculinidad, una fantasía del soltero irresistible, sin embargo, es un personaje plano: que no se busque en él profundidades.

En principio, James Bond corresponde a una época, es un ícono de masculinidad, una fantasía del soltero irresistible, sin embargo, es un personaje plano: que no se busque en él profundidades.

¡Cómo le han sacado el jugo los comentaristas a No Time to Die! En vista de que muy pocos periódicos en el mundo tienen cómo justificar o costear a un crítico de literatura o cine, pues queda lo que hay, la red. Algunos canales de YouTube, un sobreevaluado mimadito de los gringos, Ben Shapiro, y algunos podcasts, aprovechan estos tiempos de todo vale para publicitarse como expertos. Los que se salvan de la mediocridad son quienes tienen sentido común, una virtud que poco abunda. No se puede pedir más, no hay diferencias reales entre unos y otros. Dicen que si Daniel Craig es el mejor 007, que si las escenas de persecución y peleas son impecables, pero que todo lo demás no sirve y se molestan porque el equipo de producción “tomó muy malas decisiones”. Hay casi un acuerdo unánime en varios medios sobre que la trama no tiene sentido. Y es así como estos comentaristas se valen de sus números de lectores y seguidores para aprovechar la publicidad y pegarla.

Sin embargo, nada se compara con debatir con los amigos después de una película. Después de salir de la sala de cine, tuve el privilegio de caminar con mi hijo por una larga avenida, de escuchar su experiencia con el filme y en eso me hizo una pregunta muy sencilla: “¿cómo se llama el villano?”. No pude responder. Le nombré a Madelaine, a M, pero no pude acordarme del nombre del personaje encarnado por Rami Malek. Fue entonces cuando me dijo: “no lo recuerdas porque él no parece un villano, ni siquiera aprovechó de negociar con Bond cuando lo tenía en su poder, ¿qué pasa con él? Y además ¿por qué no mató a la Madelaine niña tampoco?”.

Me había dejado muda un rato, pero aún faltaba una avenida que caminar. El diafragma me ayudó a responder, porque hay que respirar antes de responderle a ese muchacho. Le dije, ¿tú sabes cómo es la cosa? Esta es una película para verla en la pantalla grande, para sentir uno que está en la persecución con el Aston Martin, las motocicletas y el jiuuu, rrrrrrun, yiiiiiiu, ñññiiiiuuuu, y embasurarse con una gaseosa; para sumirse en el recorrido por las calles de un pueblito italiano, vacilarse el peligro y la expectativa. Con la entrada de Bond disparándole a uno desde el ojo y acompañado por los cuernos, trompetas y bongos de la banda sonora, ya allí se pagó el ticket. ¿Y qué espera el público de ella? Pues lo de siempre, no se cansa uno. Y menos cuando el cine es un privilegio en estos tiempos de peste.

Tampoco que lo persuadí, ¿no?, no había cómo sacarlo de su lógica del relato. Por cierto, uno de las “críticas” de Ben Shapiro, es que la niñita estaba demasiado quietecita y no hablaba y que esa no era la realidad, que los niños no son así. Bueno, me entero de que las películas de Bond tienen que ser realistas. El actor Daniel Craig, por muchísimo menos que los saltos de su personaje desde las alturas, bombazos con las paredes y caídas estrepitosas, se ha lesionado la rodilla o el tobillo con sólo resbalarse caminando. El rollo contra la muchachita reside en que los cultores de la saga están alertas de que no cambien los esquemas.

Lo más sensato es no hacerle caso a estos análisis ruidosos. Su estructuralismo del relato es superficial, no sirve. A veces uno usa un destornillador de estría porque el de paleta no encaja, sólo que en el caso de las obras de ficción, no siempre está claro qué herramientas usar. Yo sugiero repasar las imágenes como si se tratara de un sueño, y luego consultar sus significados en un diccionario de símbolos. Hay páginas muy buenas por internet, y desde allí es más divertido analizar el filme, para luego compartir con los panas.

En principio, James Bond corresponde a una época, es un ícono de masculinidad, una fantasía del soltero irresistible, sin embargo, es un personaje plano: que no se busque en él profundidades. Y para ser realistas, no es ni siquiera un espía, sólo un agente. El escritor John Le Carré dijo en una oportunidad que Bond es un “gánster internacional con licencia para matar” porque, entre otros detalles, ni siquiera tiene posturas políticas.

Lo fascinante del éxito de James Bond estriba en que es una hechura colectiva. Me explico: el autor de la saga, Ian Fleming, por ejemplo, no sabía de armas, y los productores debieron enmendar la plana y cambiar el modelo de revólver referenciado en la novela. El agente 007 es asimismo una hechura de los actores quienes realmente se fastidian con la llaneza del personaje. Todos y cada uno de ellos le han aportado una visión, un aspecto de ellos mismos que permitan imprimirle al agente un misterio, un sentido del humor, o mostrar una capacidad para amar. Sin embargo, no era eso suficiente. El giro de la historia en los últimos años responde a que era tiempo de que Bond no siguiera siendo tan invivible ni para los actores, ni para quienes objetaban la historia. Y Daniel Craig fue escogido para darle curso a esos cambios.

Hay un subtexto en la historia de No Time To Die que parece invisible para quienes “fiscalizan” las convenciones del personaje. En el mar de significados de estas películas, hay que prestarle atención al personaje de marras, el imperio británico. Y en cuanto al villano, pueda que no me acuerde de su nombre, le dije a mi hijo, pero nunca olvidaré su cara. Hay claves.

Y estoy de acuerdo con los productores, Michael Wilson y Bárbara Broccoli, sin amor, el agente es un ser fallido. Por cierto, el Bond de George Lazenby se casó, pero su novia fue asesinada a las pocas horas de la boda. El actor shakespeariano, Timothy Dalton, quien vaya que tenía el profesionalismo para crear un personaje con más oscuridad, fue quien convenció sobre un Bond sinceramente enamorado. No estaba el público listo para estos cambios, y quizás ahora con Craig tampoco, pero ¡vaya que el amor le da sustancia a la historia! Igualmente, vale decir que el amor tiene un espacio en las novelas de Fleming.

Nota: Yo me inclino más por las novelas de espionaje de John Le Carré, en cómo ha meditado a su país y el rol del imperio británico en la política del mundo. Debe ser por eso que he preferido a Tom Hiddleston como sucesor de Daniel Craig. Hiddleston es un actor Shakesperiano y, además, ha estado compenetrado con la obra de Carré después de protagonizar “The Night Manager” (El Infiltrado). El sucesor de Bond está seleccionado, aún no se ha publicado quién es, pero vale mi opinión en esta nota.

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