viernes, 17 de septiembre de 2021 | 6:10 AM

“La Pascua es hermosa, tan bello su día”

Otto Jansen resalta que los aguinaldos se constituyen en historias de las que tendremos que hurgar para construir la acción y el espíritu de la Guayana humanista, ambiental y de pujanza.

Observando los cielos encapotados y las ráfagas de lluvias que se desprenden por estos días decembrinos, el pensamiento recopila imágenes del ambiente navideño que, igual que malezas y lodo -parte intrínseca de la vialidad maltrecha de nuestros pueblos y ciudades- es ferozmente embaulado hacia la nada; avivando con el agua que cae, la nostalgia por la tradición venezolana sepultada bajo el manto de un proceso político que demolió lo poco o nada de nuestro sentido de pertenencia y que en todas las áreas del país, como es evidente, cercena el desarrollo de la vida misma.

La radio venezolana (mediatizada y amordazada hoy), la de provincia, fundamentalmente, en el mes de septiembre iniciaba la difusión de las gaitas zulianas y aun cuando el sonido más comercial y con temáticas de reclamo social ganaron la atención de la audiencia, los aguinaldos, expresión de años atrás, de tiempos más tranquilos y de la transcripción de la ruralidad mayoritaria, no abandonaron su asociación directa por excelencia a los cantos de conmemoración del nacimiento del niño Dios, religiosidad tan de apreciada querencia nacional.

“A Belén llegaron con alma angustiada / buscando un abrigo, buscando posada. / Mas, no lo encontraron y viendo María cercana la hora de la profecía, / Le dice a su amado busquemos ligero /cualquiera morada o cualquier alero. Y en pobre cabaña, se cumplió la hora, / de alumbrar al mundo la más bella aurora”.

Letra maravillosa de “La Pascua es Hermosa”, un “aguinaldazo” del reconocido autor sucrense Luis Mariano Rivera, interpretado por aquel Quinteto Contrapunto de los años sesenta del siglo XX, que integraron: Rafael Suárez, Domingo Mendoza, Aida Navarro, Morella Muñoz, Otilia Rodríguez y Jesús Sevillano.

Guayana, nuestro estado Bolívar, tuvo capítulos estelares y brillantes en ese género de la canción navideña de la mano del Juglar, Alejandro Vargas, cuyas canciones también fueron interpretadas por el Quinteto Contrapunto y posteriormente, para orgullo gentilicio máximo, por aquella Serenata Guayanesa, lejana de cantarle a las sillas vacías de los actos organizados por la revolución roja:

“Casta paloma de gentil plumaje / emblema tierno de risueña paz / dime si piensas remontar tu vuelo / voy hasta el puerto de mi patria mar”.

La armonía invoca en sus letras a la naturaleza, a los valores familiares, a la fe religiosa con su narrativa de redención y justicia humana. El canto de las bienaventuranzas de la pobreza, como elemento de superación en justicia, junto a la plegaria por la auténtica paz.

Se constituyen en historias de las que tendremos que hurgar para construir la acción y el espíritu de la Guayana humanista, ambiental y de pujanza. Aportar en la creación de la Venezuela funcional, próspera, orgullosa y decente que con el establecimiento del sistema democrático, teniendo de centro al ser Persona, su felicidad y el cumplimiento de la norma; configure al país de igualdades, sin el horror que nos muestra cada día la ignorancia, los disparates y crueldades de la revolución del siglo XXI.

Hojas de las hallacas

“Nos preparamos para hacer hallacas; los condimentos se consiguen, existen muchos establecimientos que venden productos venezolanos, aunque a veces tenemos que procurar entendernos con los expendedores locales sobre lo que queremos. Al final, resolvemos y por sobre los nombres como se conocen aquí, localizamos los ingredientes. Las hojas, hay que buscarlas aunque en Perú también las usan para los tamales”.

La explicación detallada la hacen dos de mis muchachas, que preparan la navidad y el año nuevo por aquellos lares. Destacando con sus comentarios en el saludo familiar el elemento relevante de las celebraciones de arraigo: Las vivencias de lo nacional, amoldadas en latitudes que teniendo parentesco, son extranjeras. Pero que es muestra de la globalidad y la inserción que acumula aportes para la recomposición de la nacionalidad; una vez juntas las piezas separadas, al producirse la salida del desastre presente.

La experiencia emocional inmigratoria es honda, que viajando entabla afectos y querencias hasta ahora inimaginables y será distinto aun regresando. Pero el aporte de comprender los comportamientos en sociedades que no han tenido la condición despilfarradora y de vergonzosos niveles de la corrupción petrolera de Venezuela. Por su cultura de trabajo, sacrificios, esfuerzos nada cómodos, ni fáciles, han de permitir para la generación movilizada, aprendizajes enriquecedores en la reconstrucción de nuestro modo de ser que ahora yace vuelto trizas.

Es el alma nacional en resistencia; un sentimiento que va más allá de lo visible y de lo material; que tiene matices distintos, cada uno desde su lugar de presencia, pero cuyo propósito general es no perder la libertad tanto como el anhelo de modernidad. Se explica el intento persistente en suelo patrio de no paralizar la rutina o el emprendimiento por costoso y complejo que sea. Sin el atrevimiento de mirar las heridas ocasionadas por el vendaval de atrofias y moliendas socialistas.

Por eso la preparación de las hallacas, actividad casi imposible en la nación, a la que el rito decembrino brindó homenaje con parrandas, potenciadas por los medios de comunicación y las radioemisoras (aliadas de la historia inmediata), en un festín de saludos que preparan la noche buena o la despedida de año. Esa celebración que la revolución bolivariana con las excusas del imperialismo, transforma en muros contra la alegría o la comida, tienen de contraste los actos supremos de la población con esperanzas del nacimiento de otro venezolano, curado de un proceso que ha secuestrado el desarrollo y la unión nacional.

“La barca de oro”

La recuperación de Venezuela y del estado Bolívar ha de ser un aguinaldo bonito de todos los años; así como un “gaitazo” exhortando la contraloría ciudadana. Es la música para ensanchar los valores pulverizados, haciéndolos cotidianos; que otorguen fortalezas a la espiritualidad ante la monstruosidad del poder, por el poder mismo.

De allí la importancia de aprehender (agarrar, sujetar, dominar) los tiempos. De allí la necesidad de vencer tanto el primitivismo revolucionario, como la exultación ociosa que solo ha servido para incentivar personalismos y vanidades, socavando posibilidades de un moderado comportamiento colectivo.

Para la Guayana extensa pedimos de regalo grande al niño Dios, la sustentabilidad de la educación, la cultura, la valoración de la historia local. Que podamos construir los pilares del futuro con trabajo duro, pero sobre todo con el conocimiento preciso de la cambiada región (y el país) que tenemos hoy.

“Ya se va la barca, ya se va la barca, la barca se va / dejando la estela, dejando la estela de la libertad / La barca de oro, el timón de plata, la quilla de acero, las velas de nácar / Hasta aquí llegamos ya fondeó la barca / y los pescadores dan su serenata” De Alejandro Vargas. Músico, cantor, autor. Ciudad Bolívar 1892-1968.

Trocitos

En medio de todas las vicisitudes llegue, por las fechas de celebración de la Navidad y llegada del año 2020, a todos los lectores de Correo del Caroní, el más grande de los abrazos y el deseo de encontrar juntos los caminos de libertad para Guayana y Venezuela.

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