martes, 21 de septiembre de 2021 | 1:40 PM

La no violencia, invitación para valientes

La no violencia puede tener consecuencias y se requiere mucho valor para hacerse oír para tener autoridad e influencia con procedimientos pacíficos.

@luisaconpaz

Es fácil para el grandote del salón de clases intimidar a los más pequeños porque tiene tamaño. No se requiere mucha valentía. Es fácil intimidar en la comunidad cuando se porta un arma, ya sea porque se es funcionario o porque que se es de los violentos, pero para tener autoridad ante los demás sólo con la palabra, se necesita ser muy valiente.

Promover la no violencia como actitud, como postura para el trabajo político, para acciones ciudadanas, no es una invitación para cobardes; todo lo contrario, es para valientes.

Desde 1964 se celebra el Día de la no violencia escolar cada 30 de enero, cuando se conmemora el asesinato de Gandhi, en 1948. Y si algo no se puede decir del líder de la India es que fue un cobarde. Jamás insultó ni descalificó a sus oponentes, jamás utilizó un arma ni impulsó acciones violentas en las multitudinarias protestas que lideró.

Dicen los biógrafos de Gandhi, que era abogado, que cuando se enfrentaba a los jueces al defender a indios pobres en Suráfrica -donde vivió un tiempo después de terminar sus estudios de derecho en Inglaterra- se relacionaba de tal manera con esos jueces, que perdiera o ganara el juicio, los funcionarios lo miraban con respeto y hasta simpatía. ¡Hay que ver el valor que se necesitaría: estar en desventaja en un país que no era el suyo y, aun así, ganarse el respeto de los que detentaban el poder! Gandhi, entre otras cosas, decía que no había que apagar la luz del otro para que brillara la propia. Por eso no descalificaba al otro, sólo defendía sus posturas, que consideraba justas.

Hay la equivocada creencia de que la no violencia fomenta una actitud pasiva, algo así como “aguantar y aguantar sin hacer nada”. Eso no fue lo que propuso Gandhi en sus luchas. Ser pacífico lo que supone es saber resolver los conflictos con procedimientos no violentos; por ejemplo, negarse a cumplir una ley cuando se considerara injusta, o hacer protestas sentándose en la calle y no moverse.

Ya en Venezuela tenemos ejemplos de protesta pacífica, como las que realizan Las Piloneras o Dale Letra, por mencionar dos grupos muy activos. De paso, la protesta pacífica está contemplada como Derecho en la CRVB: el artículo 68 señala que tenemos derecho a protestar pacíficamente y sin armas. Incluso en la Lopnna, está establecido como derecho para niños, niñas y adolescentes (artículo 83).

Hace falta valor y creatividad, para expresar lo que consideramos justo y necesario decir o defender. La no-violencia puede traer consecuencias también. Eso lo recordaba Gandhi cuando proponía alguna acción.

La violencia siempre trae más violencia. Pruebe usted en pequeño: si alguien le grita y usted le contesta con otro grito, vendrán gritos más fuertes; en cambio cómo desarma al violento que se le responda suavemente pero con firmeza. Yo lo practico, y me resulta. Igual la maestra en el aula: tratar de calmar a los alumnos subiendo la voz sólo provocará más gritos en el salón.

Una vez, en una unidad de transporte en Caracas, subí y fui a pagar mi pasaje, y el chofer, de mala manera, me gritó: “Se paga al bajar”. Yo, suavecita, le dije: “No me grite, ponga un aviso con esa indicación y yo pagaré al bajar, pero no me grite”. El chofer no respondió, y yo vi el rostro y los gestos de los usuarios asintiendo, aprobando mi reclamo pacífico. El chofer no dijo más nada.

“Una victoria obtenida por métodos violentos, será efímera, porque para mantenerla se necesitará más violencia”, decía Gandhi. Y así es. Los padres violentos, si solo se hacen obedecer por sus hijos con gritos y golpes, es porque han perdido autoridad y tendrán que subir el tono de la violencia, será el miedo el que mande y no la autoridad, y cuando cese la amenaza, volverá la conducta inadecuada. En cambio, cuando resuelven los problemas con el diálogo, con “firmeza y cariño”, como decía San Juan Bosco, obtendrán el respeto de sus hijos. Una mamá castiga con golpes cuando ya no tiene autoridad.

La sociedad, los dirigentes políticos, del lado que sea, tienen mucho que aprender de la no violencia. Piénsese que líderes que se ganaron el respeto de sus países y del mundo, como Martin Luther King, Monseñor Romero, Nelson Mandela y la joven Malala, por mencionar algunos, mostraron valentía, no empuñaron un arma y su autoridad trascendió los límites de sus países -y en el caso de Malala hay que hablar en presente.

Recordemos, por solo dar un ejemplo, que Mandela pudo parar una guerra civil en su país, que arrastraba décadas de resentimiento por la política del apartheid, y entendió que su papel era llegar a acuerdos, resolver pacíficamente los problemas acumulados. Nadie dice que sea fácil, pero si posible.

“Dicen que soy un héroe, yo, débil y tímido, casi insignificante. Si yo siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos”, decía Gandhi. Una invitación a la unidad de los pacíficos.

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