sábado, 27 de noviembre de 2021

La mentira de la fábula para enseñar la crudeza de las dictaduras

Orwell dibuja una crítica a las utopías y al personalismofácil de interpretar. La creencia de que un individuo o un partido político perfecto nos salvará no es más que una respuesta ignorante que nos hace cómplices de nuestra propia esclavitud.

@francescadiazm

Todos tenemos nuestras utopías personales… aquellas circunstancias en las que creemos férreamente que el mundo será mejor. De esas iniciativas y percepciones del mundo aparecen tantas ideologías, movimientos y sublevaciones que nos han llevado a la realidad que hoy conocemos.

La política es el área donde más se despiertan disidencias y que inspiran más debates: ¿qué tipo de personas o qué tipo de sistema es el ideal para una calidad de vida óptima? Socialismo y capitalismo. Derecha e izquierda. Que el socialismo es una utopía, en este punto parece indiscutible, pero reflejaque la sociedad ideal e irrealizable no cala tanto en la mente humana como esbozar una realidad indeseable y describir aquellas cosas que debemos evitar: las distopías, como género literario, se contraponen a las idealizaciones y escudriñan en los alcances de regímenes que terminan siendo nocivos.

Todo escritor está en la búsqueda constante de figuras retóricas y maneras de emitir un mensaje más diáfano, lo cual es necesario cuando se hace crítica social y se busca interpretar los puntos débiles de un sistema. Pocos autores han logrado poner a temblar ideologías tan fuertes como la que dirigiría la URSS por décadas y que hoy en día sigue imperando en países como Rusia y China. Uno de esos pocos nombres es George Orwell, seudónimo de Eric Arthur Blair, un escritor hindú que vivió en una Europa convulsa durante la Guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial.

Orwell escribía con mordacidad y criticaba desde el ingenio y la creatividad. En su haber existen obras notables como 1984 y Rebelión en la granja. Esta última presenta una sátira hacia el modelo soviético. Los personajes están inspirados en la represiva Revolución rusa. Rebelión en la granjanos sumerge en el relato de un grupo de animales que deciden sublevarse contra los humanos con el fin de beneficiar al grupo y con la premisa de que todos serán iguales. La historia se tuerce cuando la ignorancia y la corrupción se hacen presentes en la Granja Animal.

Es un texto idóneo para comprender cuáles son las debilidades de las políticas de extremos. Lo interesante de la obra de Orwell es su contexto pintoresco e ingenioso que aporta carácter a un grupo de personajes poco usual. Pasamos las páginas casi sin darnos cuenta al ir identificando, con total ligereza, a figuras como Lenin, Stalin y el proletariado ruso.

El autor hace una crítica fácil de interpretar a las utopías y al personalismo. La creencia de que un individuo o un partido político perfecto nos salvará no es más que una respuesta ignorante que nos hace cómplices de nuestra propia esclavitud. Una apología coherente al aprendizaje y pensamiento crítico como armas para combatir el capitalismo de Estado y la corrupción tan marcada en gobiernos antidemocráticos.

En una historia aparentemente inocente, se esconde un análisis feroz de un escritor que presenció las políticas de los soviéticos y radicales en carne propia, lo cual le otorga a su texto situaciones más creíbles. El libro está prohibido en países comunistas porque lo que parece una fábula ingenua recrea todos los estragos de las dictaduras.

Los neófitos en la política podrán dar sus primeros pasos en esta ciencia social tan controvertida con una narración fluida y simple que es icónica para los detractores del comunismo.

La humanización a los animales del libro los dota de personalidades muy marcadas. Entre todos, destaco a la representación que se hace de la prensa soviética con los cerdos de Napoleón, una crítica sutil pero perceptible de la opinión de Orwell con respecto a la mala prensa: sensacionalista y chismosa, que destruye a quienes no están preparados ni cuentan con memoria histórica.

Sus líneas parecen una invitación al estudio y al análisis de nuestra realidad, ya que, en ocasiones, nos vemos siendo víctimas de la represión por carecer de conocimientos para percibirlo: los gobiernos totalitarios se aprovechan de la ignorancia para que el demagogo pueda llegar a las masas. Las autocracias se benefician de personas que no leen, no conocen su historia y buscan un sistema ideal para hacer poco y ganar mucho.

Releerlo no se torna pesado, porque entre los diálogos siempre hay algo más que no se ha visto la primera vez que leímos esta parodia de la Revolución de octubre. Los cuentos son algo serio, al menos eso pienso luego del contundente final de una historia que invita al lector a sacar sus conclusiones con un final abierto e irónico en el que quedan al descubierto las inmundicias de la represión: brillante para un libro tan corto que su frase final tenga tanto peso.

¿Quién controla la granja de nuestro país? ¿El animalismo o la autocracia? ¿Como ciudadanos, qué podemos hacer para no caer en las distopías? Historias como la de Orwell nos dejan reflexionando y en debates internos recae la responsabilidad que tenemos como ciudadanos libres para aprender, conocer, informarnos y cumplir con el deber de participar críticamente en la construcción de un modelo social que sea funcional, sostenible y democrático.

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