lunes, 17 de mayo de 2021 | 2:31 PM

La mano que sirve el plato

En esos eventos, una virtud y actitud que agradezco en un mesonero es la honestidad. Se pone a prueba esa virtud, por ejemplo, cuando deben conducir tus gustos hacia unos platos más que a otros.

 Al chef Daniel y al “Sindicato”

En estos días una articulista de prensa, Marie Le Conte, inició un debate sobre diferencias culturales, a propósito de ser despedido un mesonero francés en Vancouver, Canadá, Guillaume Rey argumentó, que él no fue grosero con su cliente, sino que él es francés y que los franceses son “directos y expresivos”. La autora del escrito concluyó, que los mesoneros están para servir la comida, “no para convertirse en su amigo”.

La diatriba me interesa de sobremanera, porque esa relación cliente -la persona que te sirve el plato, implica una comunicación nada fácil. En la mesa reinan los olores, los recuerdos, y se quiera o no, es una situación que genera un ambiente y unas expectativas. Y no es cualquier cosa confiarle a alguien no sólo el traer los alimentos, sino también el estar agradado con “la puesta en escena” de todo el servicio. Hay un arte allí que tiene una semántica, una sintaxis. La puesta del plato, las palabras del mesonero, imperceptibles a veces al oído, hacen el todo. Es, en suma, una situación compleja muy bien interpretada por los sentidos y la intuición.

En esos eventos, una virtud y actitud que agradezco en un mesonero es la honestidad. Se pone a prueba esa virtud, por ejemplo, cuando deben conducir tus gustos hacia unos platos más que a otros. No sé cuál es el consejo profesional en estos casos, pero sí prefiero saber cuál es la razón real de sus sugerencias, aunque sé que nunca admitirían que tienen que vender algo que se les está venciendo. Fuera de eso y, como dice Le Conte, pueda que un comensal esté equivocado y necesite una orientación del mesonero sobre su pedido, aun cuando éste pudiera parecer poco amigable.

Quién sabe por qué vericuetos de la mezcla de razas en este país, los orientales podrían darse la mano con los franceses. Hay un restaurante en Puerto Ordaz que solía ser mi preferido antes de este espanto de crisis, y me llamaba la atención la actitud de todos los mesoneros, quienes son unos permanentes allí. Directos y expresivos, ciertamente, lo de ellos era “nada de poses”. Me daba gracia ver a uno de ellos con la barriga tensa detrás de la camisa, y también de cómo caminaban ágiles y se hablaban entre ellos o con uno sin censura. Creo que es atractivo en ellos esa consabida autenticidad y espontaneidad oriental, incluida su forma de hacer amigos, muy genuina también: la del chisme. A veces sorprendían con un comentario chismoso sin la menos anestesia. A un amigo que andaba en un guayabo una vez le dijeron: “¿Y qué pasó con la novia tuya que no la traes por-ahí?”.

Pero a mi juicio, la honestidad sigue siendo la actitud más imperante, más allá de las antipatías y deslices. En una ocasión, después de las elecciones del 2012, un familiar me invitó a comer a un restaurante de Lechería donde frecuentaban los chavistas. Pasó que el mesonero de explayó en alardear sobre del triunfo de su comandante y yo opté por guardar silencio todo el tiempo que él venía y regresaba. Fue una circunstancia muy tensa para mí porque el mesonero se percató de mi silencio, mi ausencia de loas y de “qué bueno” y claro, me veía con recelo. Ocurrió que tuvimos dudas respecto a una botella de vino por algo del corcho, no recuerdo ya, y terminamos pidiendo una botella que aparentemente olía “menos”. El resultado fue una indigestión preocupante y la sospecha mía de que pudo haber sido deliberado. Nunca lo sabré, pero mejor es cuidarse de cualquier choque frío o de trenes con un mesonero.

Quizás mis recordados mesoneros orientales de Puerto Ordaz me hubiesen respondido con algún comentario tipo “tú si eres pendeja” y con eso ya se hubiesen sentido resarcidos de la incomodidad. Quizás el mesonero de Lechería debió haber aliviado la tensión y haber dicho algo como “si no votó por mi comandante, no se preocupe, lo que deseo es que usted se sienta bien”. Con eso y no insistir en los vinos, hubiese sido suficiente. Sin embargo, por algo sería la fama sectaria del lugar. No lo sé.

¡Delgada la línea entre el comensal y la mano que le sirve el plato!

Más del autor

Sobre la China

Los chinos están haciendo un esfuerzo por convertirse en un poder del discurso. Pero no sé si alguna vez su periodismo podrá producir un debate abierto.

Gustavo Dudamel

Sólo le pediré a Dudamel algo que sí puede dar, que no esté ninguneando a ningún arpista, ni a ningún pianista de los muy hermosos que hay en esta tierra, y que restaure para mí la fuerza extraordinaria del Concierto en la Llanura. | Foto cortesía Fundamusical Bolívar

Qué esperar de las mujeres en el poder

Lo que es imperdonable es que en momentos en que el país necesita como nunca la independencia de poderes, el CNE haya sido un poder genuflexo liderado por una mujer. | Foto cortesía

Benjamin Netanyahu

Lo fascinante de este caso es que, aun cuando Netanyahu ha puesto a la legalidad en aprietos, el Knéset y las elecciones lo han contenido, como quizás no hubiese ocurrido de haber tenido Israel un sistema presidencial. | Foto cortesía

¡Síguenos!

Notas relacionadas

Destrucción y chatarra

Vista la devastación no hay que ser muy avispado para concluir que el poderoso es en esencia un chatarrero, graduado con honores en la universidad de la horrura y la escoria. | Foto cortesía

Un agitador cultural llamado Willy McKey

Se definía como un agitador cultural, y lo justificaba así: “El artista debe ser agenciador y generar proyectos sostenibles en el tiempo”.

Educación ambiental: una necesidad que se multiplica

San Francisco de Asís es el patrono de los ecologistas. Es buena oportunidad para hablar sobre la importancia de la educación ambiental en un país en donde el ambiente se está deteriorando de manera acelerada, con poca reacción de la sociedad.

Sobre la China

Los chinos están haciendo un esfuerzo por convertirse en un poder del discurso. Pero no sé si alguna vez su periodismo podrá producir un debate abierto.

Siempre hubo algo que leer…

Estoy triste. Triste porque termina una fuente de trabajo más. Triste por la tristeza de mis amigos. Triste porque un país que no lee está condenado a no levantar cabeza. | Foto cortesía

El valor de la Madre

Luchemos todos por fortalecer el valor de la madre y con ella la necesidad de convertir a todo el país en una gran familia, digna y justa. Sin necesidad de renunciar a principios o preferencias políticas e ideológicas la visión familiar de la nación es posible.