martes, 27 de julio de 2021 | 8:20 AM

Julio Verne: el primer gran divulgador de la ciencia

Antes de Javier Santaolalla (Date un vlog), Rocío Vidal (La gata de Schrödinger), Aldo Bartra (Robotitus), y otros youtubers divulgadores de la ciencia; incluso antes de Arístides Bastidas, Carl Sagan, Isaac Asimov o Neil de Grasse Tyson, antes de todos ellos existió Julio Verne.

Antes de Javier Santaolalla (Date un vlog), Rocío Vidal (La gata de Schrödinger), Aldo Bartra (Robotitus), y otros youtubers divulgadores de la ciencia; incluso antes de Arístides Bastidas, Carl Sagan, Isaac Asimov o Neil de Grasse Tyson, antes de todos ellos existió Julio Verne.

@diegorojasajmad

En el rico caldo de cultivo de creación, progreso, pensamiento y belleza que fue la Francia del siglo XIX, incluidos sus matices de grises y claroscuros, nació Julio Verne. Él, con sus obras desbordadas de aventuras e imaginación, supo abrirse un espacio entre las distintas corrientes y movimientos literarios de la época y logró inaugurar con ellas una nueva forma de contar historias, un nuevo género que llamó novela científica y que nadie había hecho antes, para así, de esa manera, formar parte imborrable en la historia de la literatura. Pero para entender mejor las cualidades y el origen de esta nueva propuesta literaria de Verne es importante antes acercarnos a ese contexto en el cual nació.

Julio Verne vino al mundo el 8 de febrero de 1828, en Nantes, una ciudad industrial al oeste de Francia que para ese momento contaba con un transitado puerto fluvial. Nantes es una de las puertas de salida de Francia hacia el Atlántico Norte, hacia el resto del mundo. Este dato puede explicarnos en parte el origen de ese feliz invento de Verne de combinar la literatura con la ciencia. ¿Por qué lo creo así? Pues esa Nantes del siglo XIX donde nació Julio Verne, con sus industrias de conservación de alimentos, de bizcochos, sus fábricas metalúrgicas y de construcción naval, donde las máquinas y la innovación tecnológica hacían la diferencia entre el éxito y el fracaso, aunado al continuo flujo de viajeros, que traían nuevas historias de lejanas tierras, eso hizo que Julio Verne, desde su temprana infancia, supiera del valor de ambas cosas: de la máquina, de la invención, de la ciencia y además del relato, de la historia contada de forma amena, y la presencia de esos dos elementos en conjunto (la tecnología y las historias) abonó el terreno para que ya de adulto pusiera manos a la obra en la creación de ese nuevo género que le daría la fama y la inmortalidad: la llamada novela científica.

Sin embargo, el hecho de haber nacido en una ciudad industrial, lugar de la innovación y la técnica, y que además haya estado abierta a los relatos de navegantes y viajeros, no solamente eso pudo haber influido para que Julio Verne pensara en la creación de un nuevo género literario que combinara lo mejor de ambos mundos: el de la ciencia y el de la ficción. Quizás también tuvo mucho que ver en ello el surgimiento por esos años de una nueva corriente filosófica llamada positivismo.

Nacida en Francia en 1830 de manos de Augusto Comte, la filosofía del positivismo privilegiaba la experiencia y el método científico; quería desentrañar la realidad a través de la validez experimental, la lógica del método y la objetividad. Para el positivismo, la verdad solo era posible a través de la ciencia, y la sociedad solo podría alcanzar el progreso y el orden gracias al conocimiento. Con el positivismo, la verdad ya no era asunto de la fe, de la subjetividad, ni de la superstición; ahora la ciencia era el lente a través del cual se podía entender el mundo y con él se generaba bienestar, orden y progreso para las sociedades.

De esta manera, influenciados por el positivismo, muchos países pusieron el énfasis en lo educativo y crearon las bases para un desarrollo científico y racional. Por esta razón es que encontramos durante el siglo XIX y principios del XX la creación y auge de centros educativos, de academias científicas y de revistas especializadas del nuevo saber. Julio Verne creyó profundamente en esta idea del valor de la ciencia y la educación para el desarrollo de las comunidades y se le ocurrió la genialidad (también gracias al consejo de su editor Hetzel) de revestir los a veces ásperos y enrevesados discursos científicos con la amenidad y la emoción de los relatos de aventuras y se dedicó durante casi medio siglo a enseñar a niños y a jóvenes los grandes descubrimientos científicos de la época a través de fascinantes historias.

Esta idea de la divulgación científica, que hoy consumimos diariamente a través de medios como Discovery Channel, National Geographic, Youtube, o con las obras de Isaac Asimov, los documentales de Carl Sagan, en “Cosmos”, entre otros, tuvo en Julio Verne un antecedente maravilloso. Julio Verne fue el primer y gran divulgador de la ciencia.

Será por lo tanto Julio Verne quien recoja las voces e ideas del siglo y se empeñe en crear un género literario que presente a los lectores una nueva visión de mundo. Y ese nuevo género literario, la novela científica, o llamado luego ciencia ficción, tendrá como meta valiosa el enseñar la ciencia y la investigación a través de la literatura.

Como dato curioso, en ese siglo XIX, casi a la par de la novela científica, también apareció un nuevo género literario como respuesta a la exaltación de la razón y el saber del positivismo, y ese nuevo género literario fue la historia de detectives o el relato policial. Así, el científico y el detective serán los héroes del siglo que se presentan como “metáforas” del dato y el análisis, personajes que intentarán encontrar la verdad a través de la reflexión y la razón, armados con la lógica y el método, y ellos serán los que infundan confianza en el porvenir a través del saber de las ciencias físicas y naturales.

Esta labor literaria y a la vez pedagógica de Verne fue pensada como un gran proyecto editorial llamado “Viajes extraordinarios”, que sería difundido por entregas en revistas para niños y jóvenes y luego reunida cada historia en formato de libro. Sin exagerar, puedo afirmar que esa colección de novelas creada por Julio Verne es uno de los mayores tesoros de la humanidad. En ella se condensan los sueños, pesadillas y angustias de los seres humanos, y no por casualidad esta obra, en conjunto, es una de las que ha tenido mayor cantidad de traducciones, convirtiendo a Verne en el autor más leído en el mundo.

Si revisamos entrevistas o biografías de escritores contemporáneos, encontraremos que la mayoría de ellos -por no decir todos- afirma que los libros de Julio Verne alimentaron las lecturas de su infancia y, en muchos casos, les abrieron el camino a la escritura ya como adultos. Creo que allí reside la importancia y el valor de la obra de Verne: de servir no solo a la instrucción científica, sino además que, a pesar de que muchas de sus afirmaciones ya sean hoy obsoletas o hayan sido corregidas por investigaciones posteriores, sus relatos siguen siendo fuente para la cultivar la imaginación y para animar la búsqueda de lo imposible.

Y sobre esos aspectos tenemos aún mucho por aprender.

Otras páginas:

– Una imaginación desbordada: Julio Verne murió en Amiens, una ciudad al norte de Francia, el 24 de marzo de 1905. Tenía 77 años. Si hacemos pequeños cálculos, tomando algunos datos de su biografía, sabríamos que Julio Verne publicó su primera novela científica, titulada Cinco semanas en globo, el año 1863, es decir, cuando Verne contaba con 35 años. Podríamos decir entonces que Julio Verne tuvo una vida literaria que estuvo activa durante 42 años, y en ese tiempo llegó a producir la impresionante cifra de 67 novelas y 21 cuentos, aproximadamente, eso sin contar los escritos pertenecientes a otros géneros. Esa cuenta nos lleva al resultado de dos o más obras por año. Y eso es un prodigio de la imaginación y del trabajo constante sobre la palabra.

– Nuevos poetas descubiertos: Buscadores de Libros acaba de anunciar este 23 de abril los ganadores de la V edición de su concurso Descubriendo Poetas. El ganador fue Elio Alejandro Esposito Castillo, de 22 años, residenciado en el Distrito Capital, por su poemario “Cotidiano”. El jurado, conformado por Juan Guerrero, Jorge Gómez Jiménez y José Manuel López D’ Jesús, decidió otorgar además dos menciones: una a Leandro José Segura Planche (Cumaná, 20 años), por su poemarío “Mi primer verso”, y otra mención a Leonardo Javier Rivas Lobo (Mérida, 25 años) por “Versos/máscaras/algoritmos”.

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