miércoles, 20 de octubre de 2021

Informar y opinar: derechos inalienables

En México se plantea en estos días una polémica por los reiterados ataques del presidente Andrés Manuel López Obrador que no se ahorra palabras para denominar como “prensa fifí” y “hampa periodística” a los comunicadores y los medios.

El derecho a la libertad de expresión y a la libre información se encuentra amenazado en pleno siglo XXI por gobernantes que asumen poseer la verdad absoluta en sus manos. La situación se observa en países con gobiernos políticamente disímiles, pero cuyo denominador común es reaccionar agresivamente cuando se sienten expuestos a la opinión pública, la cual desearían transformar en pensamiento no solamente único sino unanimista.

Por mencionar algunos ejemplos, en México se plantea en estos días una polémica por los reiterados ataques del presidente Andrés Manuel López Obrador que no se ahorra palabras para denominar como “prensa fifí” y “hampa periodística” a los comunicadores y los medios que cumplen con la misión que tienen en la sociedad: informar y constituirse en plataformas para exponer las opiniones de la ciudadanía. Sin embargo, nada o poco dice de los periodistas asesinados por los narcos ni tampoco del esfuerzo que hacen por denunciar la vieja y ahora nueva corrupción.

El caso de la Venezuela chavista-madurista revela los procesos represivos y destructivos que a partir de 1999 a esta parte se han llevado a cabo por parte del régimen, a fin de acallar las voces críticas y disidentes. El panorama mediático de la Venezuela actual es desconsolador: medios y comunicadores que se autocensuran porque hay intereses que a ello los obligan para tratar de sobrevivir a la opresión; medios y comunicadores propagandistas, aduladores y complacientes que forman parte del aparato propagandístico del régimen y que no tienen miramientos, apoyados por supuesto por el poder político y económico del Estado, en generar campañas de desprestigio moral en contra de los que consideran sus “enemigos”. Los medios y comunicadores críticos han debido replegarse al espectro de las redes sociales y las páginas web porque el Estado-anaconda ha buscado destruirlos y engullirlos, ahogándolos de manera cruel y perversa. Ser comunicador social independiente en la Venezuela de hoy es un riesgo que implica la seguridad personal y la integridad en todos los sentidos, incluyendo el ético-moral. En suma, el comunicador social venezolano crítico vive con una suerte de espada de Damocles sobre su humanidad.

En otros países de América Latina, casos Guatemala y Nicaragua y otros países centroamericanos, los comunicadores y los medios están igualmente bajo el ojo de los gobernantes que ven en ellos una amenaza al ser denunciados por sus malas ejecutorias. En los Estados Unidos de América, el presidente Donald Trump ha tenido momentos de agresión verbal hacia los medios a los que acusa de “mentirosos”. Estas situaciones no son nada nuevas, ya en lejanos tiempos renacentistas, hubo príncipes y nobles que sintiéndose tocados por los antecesores de los periodistas actuales, los calificaron en latín como hominum pestífera, en español “hombres pestíferos”. Histórica se ha hecho la defensa que hizo en Inglaterra el poeta John Milton de la libertad de imprenta ante los poderes de orden político y religioso que amenazaban dicho derecho ciudadano: “Denme la libertad para saber, pensar, creer y actuar libremente de acuerdo a la conciencia, sobre todas las demás libertades”, exclamó ante el Parlamento inglés de su tiempo.

Para quienes malgobiernan Venezuela, un caso que como vemos es dramático, el pensar y el expresar ideas distintas al encuadramiento ideológico del chavismo-madurismo se ha convertido en un delito. Tan delito es, que han creado una aparataje leguleyo que les permite justificar “jurídicamente” sus atropellos a la libertad de informar y opinar. Por esa razón conviene recordarles que Venezuela es país signatario del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que compromete al Estado venezolano a respetar, preservar y defender estos derechos dentro del marco de los derechos humanos.

El artículo 19 de este importante documento sostiene: “Nadie podrá ser molestado a causa de sus opiniones” y seguidamente plantea: “Toda persona tiene el derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”. Es decir, que no es el gobernante de turno quien determina qué se debe leer o leer, escribir o no escribir, expresar o no expresar, pensar o no pensar, sino que tal derecho reside en el ciudadano en cuanto persona. Las medidas que implican formas de censura abierta o encubierta o la misma autocensura atentan contra el derecho a pensar y expresar las ideas.

Cuando los gobernantes violentan los derechos civiles y políticos de un país impidiendo, entre otras cosas, que los ciudadanos puedan expresarse libremente mediante sus opiniones divergentes de los criterios oficialistas, no solamente se cercenan y coartan por la fuerza y la violencia tales derechos, sino que, como bien lo señala el texto del pacto internacional aludido: “No puede realizarse el ideal del ser humano libre en el disfrute de las libertades civiles y políticas y liberado del temor y la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos civiles y políticos, tanto como de sus derechos económicos, culturales y sociales”.

Por desgracia y bajo la situación actual, en Venezuela, tal aspiración es prácticamente una fantasía porque no existe la voluntad política por parte del gobierno para que eso ocurra. ¿La razón? Es que si los ciudadanos alcanzan el disfrute de los prenombrados derechos, la plataforma paternalista del Estado se desploma ante unos ciudadanos que reclaman sus derechos. Por eso juegan a la mentira, la amenaza y la represión. En síntesis: le temen a una sociedad pensante. El 27 de mayo de 2007, los venezolanos asistimos al cierre del canal Radio Caracas Televisión, un canal que sufrió fuertes presiones del régimen así como el asedio de turbas tasadas y delincuenciales; a partir de esa fecha aciaga son muchos los medios impresos, radiales y televisivos que han desaparecido. Pero, como nada es eterno y menos los gobiernos, un día emergerán de sus cenizas, como la mítica Áve Fénix. En este escenario se hará efectivo el significado de la palabra árabe Maktub: “estaba escrito”.

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