lunes, 20 de septiembre de 2021 | 9:55 AM

Hospitales centinelas y Covid-19

Las estupendas y tranquilizadoras estadísticas criollas solo son equiparables a las ofrecidas por Kim Jong-un, el excelso emperador de Corea del Norte.

El locatario miraflorino decreta en cadena nacional que en Venezuela están habilitadas 23 mil camas en hospitales centinelas, donde atenderán a los enfermos por coronavirus. Un edicto emanado de la cúpula, que hace su presentación diaria con look para la ocasión, maquillaje, luces y todo el boato propio de su condición de estrellas del firmamento socialista. Tampoco olvidan los complementos -diseñados y combinados de mascarilla y guantes- para la puesta en escena en locaciones rigurosamente higienizadas, a fin de preservar la salud de los que realmente les importan, es decir: ellos mismos.

Es como si las enfermedades y los enfermos de enero hacia atrás se hubiesen borrado, para darle preeminencia al Covid-19, originado en China, potencia comunista protectora de la elite vernácula. China es para esta macolla lo que es Freddy Bernal para los tachirenses. Por eso el tan mentado virus tiene un tratamiento VIP en la patria de Bolívar: y aparecen 23 mil camas como sacadas del sombrero de un mago. Demasiadas, por cierto, para las cifras de contagiados en Venezuela, unos 171 de acuerdo con el relato oficial. Visto lo visto, el sistema sanitario del estafermo y de los hermanos enmacollados le está dando medio palo al rubito del imperio.

Las estupendas y tranquilizadoras estadísticas criollas solo son equiparables a las ofrecidas por Kim Jong-un, el excelso emperador de Corea del Norte. El mismo que ha informado del rotundo éxito del confinamiento -durante 70 años- de aquel pueblo asiático, aislado y encerrado detrás de un muro inexpugnable, que ha impedido la entrada del bichito ese que tiene enculillado al mundo mundial. Ni siquiera la cercanía geográfica e ideológica con China ha permeado la cortina de hierro norcoreana.

Y es que en el socialcomunismo la verdad solo se hace tal, cuando sale del aparato fonador del tirano. Mientras tanto no existe. Por eso en estas satrapías es menester esperar que se active la hegemonía comunicacional, dominada exclusivamente por la taifa en el poder, para recibir lo que tengan a bien espetarles a las masas, a su grey, fanaticada, feligresía, parroquia, clientela, militancia, conmilitones, manadas y otros colectivos.

El discurso abrasivo de los capitostes tiene la fuerza suficiente para borrar del mapa de la memoria y de los parajes del dolor todo lo precedente, que es un imperativo si incordia, molesta o perturba a la cúpula en el poder. El coronavirus llegó para que las madres que sufren con sus pequeños en el J.M. de los Ríos se vayan a sus casas, con el alma y las manos vacías, porque sus vástagos perderán la batalla oncológica que libran, a veces, desde que nacieron. Igual pasa con las mujeres y hombres que le han plantado cara al cáncer y han pasado gran parte de su vida entre quimio y radioterapia, para intentar ganar una dura guerra asimétrica.

Qué decir de quienes deben dializarse tres veces a la semana para desintoxicar su organismo. Las medicinas y el personal especializado son cada vez más escasos, al igual que los centros de diálisis. Los trasplantados de riñón también sufren el viacrucis de no contar con los medicamentos para preservar su vida. Las personas con VIH ven cómo los avances de la ciencia en otros países se encaminan hacia la curación de esta patología -que en cierta forma fue una pandemia en los años 80- pero en Venezuela ni los antirretrovirales se consiguen. De tal suerte que si se quedan en esta patria socialista sus posibilidades de vivir disminuyen cada día que pasa.

Hasta el milagro de la vida puede convertirse en una fatalidad, debido a que las maternidades están en la más absoluta carraplana. Además, parturientas, obstetras y neonatólogos han sido acosados y maltratados por colectivos socialistas, verdaderos dueños y mandamases de lo que queda del sistema hospitalario nacional. No tengo que decir que las mujeres pobres son las verdaderas víctimas de la desidia, la incompetencia y la corrupción, enquistada en nosocomios y paritorios, administrados por los cubanos y sus protegidos locales.

Para estos venezolanos no hay hospitales centinelas, ni test para diagnósticos, ni ventiladores, ni tratamientos, ni salas de terapia intensiva. Todo aquello está destinado, exclusivamente, a ese pequeño número de coronados por el Covid-19, cuya estadística es ofrecida por la cúpula podrida que miente a diario en cadena nacional.

Agridulces

A Michelle Bachelet se le fundieron unas cuantas neuronas al concluir que hay gobiernos que se aprovechan del Covid-19 para hacer cambios represivos. ¡Envidio tanta agudeza!

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