martes, 28 de septiembre de 2021

Su bien común es mi bien común

La corresponsabilidad y la coherencia en estos tiempos de cuarentena prolongada se vuelven imperativa por el bien de todos. Aunque las responsabilidades no sean del mismo peso para todos. | Foto cortesía

La corresponsabilidad y la coherencia en estos tiempos de cuarentena prolongada se vuelven imperativa por el bien de todos. Aunque las responsabilidades no sean del mismo peso para todos. | Foto cortesía

@luisaconpaz

Si la vecina de su apartamento no sigue las normas del edificio, y en vez de poner su basura en el lugar para ello, en planta baja, la deja en el pasillo, las ratas y las cucarachas no harán preguntas y terminarán en su cocina, sin discriminar si la basura es suya o de la vecina. Para las dos sería mejor que la señora cumpliera con las normas.

Si un chofer, a toda velocidad, se traga el semáforo en rojo, puede provocar un accidente en el cual perderán todos, el que choca y el chocado: nadie gana en los choques, todos pierden, y se puede perder no sólo el vehículo, sino también la vida. Respetar las normas de tránsito nos favorece a todos.

El bien común no se construye en solitario. La ciudadanía no es una dimensión ni en la selva -en donde impera la ley del más fuerte- ni es para vivirla individualmente, aunque se requiera de la conciencia ciudadana, que es personal.

“Sálvese quien pueda” es una tentación que podemos tener en Venezuela en esta situación de EHC (Emergencia Humanitaria Compleja). Dado que tenemos afectados todos los aspectos de nuestra sociedad, hay población más vulnerable que otra y ya quedan pocas burbujas sin afectación. Hay que recordar que los derechos humanos son interdependientes: si usted no tiene electricidad -un servicio público- no podrá tener acceso a la radio o a la televisión o al internet para informarse; si no tiene trabajo, no tendrá ingresos para comprar alimentos (bueno, y si tiene salario mínimo, o salario de docente o enfermera, tampoco); si usted tiene trabajo, pero no tiene carro propio y no hay transporte púbico, no podrá ir a su trabajo. Entonces, en Venezuela, con prácticamente todos los derechos humanos, vulnerados, hay quien pueda pensar que lo mejor es olvidarse del otro y “salvarse” solo. Pues déjeme decirle, que esa salida no se mantiene: a la larga, todos seguiremos afectados.

El bien común, objetivo de la ciudadanía, requiere de dos elementos indispensables: la corresponsabilidad y la coherencia. Corresponsabilidad, porque yo tengo derechos y tengo deberes. Tengo derecho a que me respeten, pero tengo el deber de respetar al otro, y si alguien me irrespeta -me insulta, o me grita, o se me colea en la fila para pagar en la farmacia- yo no puedo responder igual, porque agravo la situación. Recuerden que la violencia siempre trae más violencia y lo que quiero ganar es el respeto. Así que yo exijo mis derechos, pero cumplo mis deberes. Eso, de paso, me da autoridad para mis exigencias.

Quiero insistir en la coherencia, porque al igual que la corresponsabilidad me da autoridad, también genera confianza y modela al otro. Esto lo digo sobre todo a los que tienen hijos, nietos, alumnos o compañeros de trabajo. ¿Le dice a sus hijos que hablen suave a sus hermanitos? Pues hable suave usted también y evite el grito. Sea coherente. ¿Es de los que dice que hay que ser puntual? Pues sea usted puntual también.

En estos tiempos de cuarentena, pensar en el bien común es pensar también en nuestra salud. El otro día, en una panadería, noté que la joven que atendía la caja, tenía mal puesta su mascarilla, y se lo hice notar. No le gustó mucho, pero le añadí que era por ella y por mí, y se la acomodó. Mantener el distanciamiento social protege a ambos. No hablar cuando hay varias personas en un lugar cerrado, es por el bien de todos los que están en ese lugar. Pensar en el “bien común” es pensar en nuestro bien, eso es “egoísmo legítimo”.

Las buenas acciones funcionan como ondas expansivas, se contagian. Como bien lo dice David Hamilton en Los 5 beneficios de ser amable, la amabilidad se contagia y la bondad también. Según ese autor, cuando hay una buena obra, se beneficia el que la recibe el que la hace y el que la observa, y puede generar imitación.

Ya sé que usted no es ministro de nada, no le corresponde administrar bienes públicos ni diseña políticas públicas, pero tiene gente a su alrededor. Claro que las autoridades tienen más responsabilidad que usted y que todos, pero usted tiene familia, vecinos, compañeros, cuando va en la calle consigue otros   transeúntes o tal vez otros conductores, entonces. También puede trabajar por el “bien común”. No desperdiciar esa posibilidad, por su propio bien.

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