viernes, 15 de octubre de 2021

Si yo fuera a México          

Siguen las conversaciones en México entre representantes del gobierno y un sector de la oposición. Si yo pudiera estar en esa mesa ¿qué haría? ¿qué diría?

Siguen las conversaciones en México entre representantes del gobierno y un sector de la oposición. Si yo pudiera estar en esa mesa ¿qué haría? ¿qué diría?

@luisaconpaz

Ni usted ni yo vamos a participar en esa mesa de conversaciones que hay en México entre representantes del gobierno y de un sector de la oposición, pero yo he hecho un ejercicio de imaginación, y he aquí lo que yo haría y diría si pudiera asistir.

En primer lugar, le pediría al espíritu santo que me iluminara, pues no va uno a esas rondas a título personal, se va sabiendo que hay gente en el país que espera que se hable por ellas. O sea, iría con humildad y seriedad, no es un juego. Bueno, le pediría que ilumine a todos y que se dejen ayudar.

En segundo lugar, me llevaría mis dos libros preferidos de Nelson Mandela, Conversaciones conmigo mismo (Mandela, 2010) y El color de la libertad, los años presidenciales (Mandela y Langa, 2017). Se los recomendaría, puesto que en ellos se ve que el líder, que estuvo 27 años en la cárcel, se atrevió a conversar por dos años con delegados del presidente, y ello no significaba traición a nadie, ni compra ni venta de conciencias, ni nada por el estilo. Les leería textualmente las páginas 443 y 444, en las que él aconseja a los líderes de Burundí lo que significa hablar con los diferentes. Les citaría textualmente: “En cada discusión terminas por alcanzar un punto en el que ninguna parte está totalmente en lo cierto ni completamente equivocada. Cuando el compromiso es la única alternativa para aquellos que quieren la paz y la estabilidad de verdad”.

Del otro libro, les mostraría todo lo que hizo Mandela cuando ganó las elecciones, como supo convocar a todas las partes para hacer posible un gobierno de transición, tomando en cuenta los grandes problemas de la mayoría negra, pero sin perseguir a la minoría blanca, sin dejar de estudiar los casos de violaciones de derechos humanos.

Me llevaría los datos de Encovi, esa encuesta que realizan varias universidades, lideradas por la UCAB. Les recordaría algunos datos: los de pobreza, 96%; el 79,3% de las familias no tiene cómo cubrir gastos de alimentación (Encovi 2020). ¿Cómo será ahora en el 2021? Me detendría en algunos datos sobre educación, como ese que nos dice que entre 2019 y 2020 el 40% de la población escolar tenía problemas de asistencia, o sea, que los problemas de la educación no comenzaron con la pandemia. Recordaría que en 2020, según Unicef, un millón de chamos estaba fuera del sistema escolar.

Les referiría las muertes de niños y adolescentes del J.M. de los Ríos: Niurka, Eliécer, César, Anastasia… por mencionar algunos, muertes que pudieron evitarse, niños y adolescentes muriendo a edades destinadas a jugar, estudiar, soñar.

Les comentaría mi crónica de 5 días y sus noches en una cola para echar gasolina, en un país petrolero, les cantaría: Todo el día en la cola/ para el combustible/ país petrolero / esto es increíble.

Me referiría a cómo los malos servicios públicos están minando la salud mental del venezolano, y recordaría que casi no hay servicios de salud mental en los hospitales. Gracias a Dios existen organizaciones solidarias que ayudan en este aspecto como Cesap, Cecodap, la Federación de Psicólogos de Venezuela…

Les haría saber que los educadores venezolanos ganan los salarios más bajos de toda América Latina, y tal vez del mundo, y que tenemos tan buenos que subsidian su labor en las escuelas trabajando en otras cosas, en las horas que pueden… Preguntaría si saben cuánto han desaprendido los chicos en este año y medio de educación a distancia, cuántos han abandonado el sistema escolar. Les recordaría que sin educación ningún país sale de sus crisis, y que sin educadores no hay ni educación presencia ni a distancia.

Les citaría lo que hoy dijo una representante de la OPS: Haití y Venezuela están entre los países que van más lentos en la vacunación de su población. Les recordaría que necesitamos un verdadero plan de vacunación. No pasos aquí, y allá, con poco orden.

Les llevaría la última factura de mi hipertensivo, y les preguntaría si creen que con la pensión, una persona de tercera edad puede comprarlo.

Me llevaría un rollo de tirro, para callarme y escuchar a los otros, y le repartiría un pedazo a cada uno de los asistentes para que hicieran lo mismo.

Me llevaría un papelógrafo con los principios de la comunicación no violenta, subrayaría el primero: observar sin juzgar. Los invitaría a inscribirse en el próximo curso que ofrecerá el Centro Gandhi, la comunicación para la convivencia.

Les llevaría la lista de ONG, organizaciones que trabajan en ayuda humanitaria, los que ayudan a otros luchando por sus derechos humanos, la necesidad de no penalizar ni obstaculizar esos trabajos… esa Venezuela solidaria también existe y debe ser apoyada, no entorpecida.

Les llevaría un ejemplar de la encíclica Fratelli Tutti, en la cual el papa Francisco habla de la buena política, esa que se ocupa del “bien común”.

Ya sabemos que se han dicho muchas cosas en contra de los otros, pero insistiría en la necesidad de la coherencia. Si de verdad quieren entenderse, no pueden salir de las reuniones a descalificar al otro, insultarles…

Les recordaría lo que decía Gandhi: no hay que tener luz propia ensuciando o apagando la luz de los otros.

En fin, les llevaría los sufrimientos de tantos venezolanos, la urgencia de llegar a acuerdos para mitigar esos sufrimientos y les diría que de verdad, necesitamos que avancen, por el bien de todos.

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