martes, 28 de septiembre de 2021

Año escolar: lo bueno, lo malo y lo que se espera    

Ha terminado el año escolar, todo con educación a distancia. Ha sido muy difícil y ha sido una experiencia que recalca un mensaje: la educación es un asunto sólo de educadores, debe interesara todos los actores. | Foto cortesía

Ha terminado el año escolar, todo con educación a distancia. Ha sido muy difícil y ha sido una experiencia que recalca un mensaje: la educación es un asunto sólo de educadores, debe interesara todos los actores. | Foto cortesía

@luisaconpaz

Este ha sido un año escolar muy difícil. Ya antes de decretarse la suspensión de las clases presenciales, la educación tenía serios problemas por la emergencia humanitaria compleja, por la inasistencia frecuente de un 40% de los inscritos (según datos de Encovi) por la falta de docentes debido, sobre todo, a los bajísimos salarios. Sin embargo, hay elementos que podemos rescatar de este año que termina. Los enumero:

  • Todavía tenemos docentes, a pesar de los salarios, y muchos, muy responsables y creativos. En Fe y Alegría tenemos 5.490, entre directivos y educadores. Con ellos hemos atendido el 86% de los estudiantes. El año pasado el promedio fue de 82%.
  • Ha habido iniciativas de formación para docentes para que mejoren sus herramientas para educar a distancia, no sólo en cuanto a temas tecnológicos.
  • Se ha subrayado la importancia de la educación emocional -tanto para alumnos como sus familias y para los docentes-, también la de favorecer los lazos afectivos, y el acompañamiento psicoafectivo.
  • La flexibilidad en las estrategias es necesaria: uso de internet, teléfonos inteligentes, radio educativa -como el caso de Fe y Alegría con sus 22 emisoras-, la televisión educativa -que sea con calidad-, las guías instruccionales, que se hacen llegar a los estudiantes.
  • Monitoreo permanente, al menos en Fe y Alegría, lo que ha ayudado mucho, pues permite apuntalar aciertos, enfrentar desaciertos, llenar vacíos…
  • Lo educativo se ha vuelto tema de interés para los medios de comunicación.

La lista de problemas puede resultar mayor, dado que, como mencionamos arriba, ya para el año escolar 2019-2020 había problemas serios, la rutina escolar alterada. Veamos este año que termina.

  • No hay mediciones en la educación pública, que es el 85% de la educación en el país, que nos permita saber cuánto han aprendido los estudiantes. 
  • No hay monitoreo permanente que precise cuántos estudiantes han sido atendidos en la educación pública, por eso tampoco se sabe, al menos públicamente, cuántos han abandonado el sistema escolar. Para 2019 había un millón afuera, según Unicef.
  • Los docentes están huérfanos de acompañamiento, orientación. Lo apuntado arriba como bueno, se trata de una minoría. El estrés de la educación a distancia no es sólo para estudiantes y sus familias, también lo es para los educadores.
  • Los servicios públicos han empeorado: agua, electricidad, transporte público, y metamos aquí el tema de la conectividad a internet.
  • Las escuelas cerradas han incrementado las desigualdades, así como han suprimido la función socializadora de la escuela.
  • Los niños más pequeños, los de educación inicial, primer grado, y las escuelas de las zonas rurales en indígenas, son las poblaciones más afectadas con la educación a distancia.
  • Los salarios del personal, de las escuelas públicas y subsidiadas, aun con algunos ajustes, siguen siendo bajísimos, los más bajos de toda América Latina.

Lo anterior no es un diagnóstico exhaustivo, pero da cuenta de la complejidad del problema. Terminemos con algunos retos para el próximo año escolar. Lo mínimo esperado:

  • Evaluar sinceramente este año escolar que termina, no con generalidades, y prever un monitoreo permanente para el próximo.
  • Que los estudiantes aprendan a ser personas, ciudadanos, aprendan a aprender.
  • Recuperar la planta física de las escuelas, abandono, robos, vandalismo…
  • Tener algún sistema de medición de los aprendizajes, de los estandarizados u otro.
  • Hay que recuperar a los que se han ido del sistema escolar, reducir la brecha entre atendidos y desatendidos.
  • Masificar las iniciativas de formación docentes y tener programas para los padres y las madres que acompañan a los estudiantes.
  • Establecer un plan de vacunación realista para el personal de las escuelas.
  • Hacer un diagnóstico por centro educativo para evaluar la infraestructura, los servicios, la pandemia, para luego tomar medidas descentralizadas para las decisiones sobre el retorno.
  • Invertir en la mejora de los servicios públicos y de la conectividad a internet.
  • Sincerar el tema de los salarios del personal, con salarios de hambre seguirán las renuncias. Hay mucho educadores héroe, pero no se puede pedir heroísmo permanentemente.

Ninguno de los tres aspectos es exhaustivo, pero es un panorama de la complejidad de lo que supone salvar la educación del país, recordando que sin educación no hay presente ni futuro para los niños y jóvenes, y no se sale de una crisis sin educación. Malala, la Premio Nobel de la Paz más joven de la historia, en su discurso en la ONU dijo: “Denme un lápiz, un libro, un maestro, y salvamos el mundo”. En otras palabras, la educación es necesaria. Y recordemos también que sin maestros no tendremos ni educación presencial, ni semipresencial ni a distancia. Así que hay que cuidar a los maestros si queremos salvar la educación.

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