martes, 11 de mayo de 2021 | 1:25 PM

Gustavo Dudamel

Sólo le pediré a Dudamel algo que sí puede dar, que no esté ninguneando a ningún arpista, ni a ningún pianista de los muy hermosos que hay en esta tierra, y que restaure para mí la fuerza extraordinaria del Concierto en la Llanura. | Foto cortesía Fundamusical Bolívar

Sólo le pediré a Dudamel algo que sí puede dar, que no esté ninguneando a ningún arpista, ni a ningún pianista de los muy hermosos que hay en esta tierra, y que restaure para mí la fuerza extraordinaria del Concierto en la Llanura. | Foto cortesía Fundamusical Bolívar

@RinconesRosix

En días recientes hubo una sampablera en Twitter en respuesta a la designación de Gustavo Dudamel como director de la orquesta de la Ópera de París. Los dardos envenenados iban y venían, entre acusaciones de envidia por un lado y, por otro, los ataques y reservas sobre la estatura ética del aún nominal director de la Orquesta Nacional de Venezuela, a razón de su polémica relación con el chavismo. No es la primera vez que suceden esos viscerales desacuerdos, ya son parte de nuestras peleas “familiares” como venezolanos.

Ni entre amistades es fácil abordar esas diferencias cuando está Dudamel de por medio. Una vez una amiga me envió un video de hace años en ocasión del homenaje de Dudamel y la ONV al maestro Juan Vicente Torrealba, y justamente lo hizo porque ella sabe que yo aprecio mucho la música de Torrealba y que en mi casa no faltaron sus discos. Al abrir el video, confieso que mis expectativas no eran pocas, porque Dudamel es muy celebrado. Sin embargo, cuando la escuché me quedé algo fría. “No sé” le dije, “no me pareció”.

– ¿Cómo que no te gusta? ¿Y tú también vas a estar con esa pendejada de porque es chavista? Él es un músico reconocido.

Yo no había tocado la arista política, y tampoco le seguí la corriente, así que volví al tema de marras, aunque no sin antes agradecerle el haber “compartido” el video conmigo.

– Amiga -le dije-, lo que me pasa es que escuchar el Concierto en la Llanura sin arpa o sin piano. No sé. Eso estaba descafeinado.

– ¿Y tú no viste que Juan Vicente estaba allí asintiendo? -me preguntó- El público contento. ¿Qué te pasa, sama?

Y por allí se guindó, que cómo se me ocurre, que si cada director debe hacer cambios, que si la creatividad del genio, que si la libertad para variar, que a lo mejor no consiguió a un pianista que diera la talla.

– ¿Cómo? -le respondí- ¡Eso sí que no te lo compro! Yo no puedo creer que no haya un pianista en el país preparado para ejecutar el Concierto. ¡Nooo! Y menos en esa época. Aún había dinero para haber podido contratar a alguien, y además, ¿quién se le niega a un hombre tan respetado? Bueno, amiga, a lo mejor me perdí de algo en el video, a fin de cuentas yo no estaba en el Teresa Carreño. A lo mejor el tipo pidió disculpas por las ausencias. Así como cuando Quentin Tarantino no tiene a Samuel L. Jackson en alguna película, pero más le vale tener una buena respuesta. Y aun así…

Por idealistas, uno tiende mucho a olvidar que no es solo el talento lo único que abre el paso al reconocimiento de ese ingenio, a poder ser coronado. Cada individuo exitoso tiene una historia aparte qué contar fuera de sus probadas aptitudes. Y cada época es distinta también: los lectores, la audiencia, el público, todo tiene su signo. Hoy en día, por ejemplo, lo que llaman la marca personal, el marketing, es una pieza esencial para hacerse el camino hasta la popularidad. Y aquí entre nos, Dudamel tomó la oportunidad de esa autopista intergaláctica de petrodólares del chavismo que se extendió a todos los rincones del planeta y de la que mucha gente ni se imagina. En esos primeros años, la gente en el extranjero estaba emocionada con la susodicha esperanza, y estaba la mesa servida para toda suerte de trampolines. La oportunidad fue aprovechada por el celebrado director y músico barquisimetano, logrando así mostrar sus virtudes musicales y vivir de ellas.

Yo quisiera que Gustavo Dudamel estuviese más asociado al “Sistema” creado por José Antonio Abreu, y al sistema político democrático del que él es fruto, pero me temo que su segunda etapa “revolucionaria” le ha dado más impacto. No es para menos, él ha mantenido su imagen desde ese gran salto de marketing, y no ha dejado de cosechar éxitos desde entonces. De acuerdo al reportaje del New York Times del 15 de abril, Dudamel es considerado un conductor superstar que ha trascendido hasta la cultura pop.

Como dije anteriormente, cada caso es único en el mundo del arte, y más dentro de las particularidades del showbiz. En años recientes me llamó la atención que a la actriz británica Felicity Jones le dieran tantos papeles importantes en varias cintas de un mismo año. Uno se pregunta, ¿y no hay más nadie? Pero así es la industria del cine, además de talento, para mantenerse en el negocio requiere de un ícono que los ayude a llevar al público a la taquilla, y por alguna razón los productores vieron en la actriz un ícono potencial. La selección de los artistas debe ser congruente con las pautas del mercado.

Casos de casos. Para mí, Edith Piaf (Edith Giovanna Gassion) triunfó de su puro y más profundo sentido del canto y la poesía más encarnada. Desde que nació tenía todas las de perder y aun así no fue que se abrió paso como tal, la gente se lo abrió, ese fue el milagro. Ella le iluminó la vida a la ciudad de París en los momentos más aciagos y, muy a pesar de sus más hondas heridas, la gente la cargó en sus brazos para que les cantara. Reconocer a los ángeles y hospedarlos en sus momentos de pobreza e incertidumbre, esa es una bendición exaltada en las sagradas escrituras.

Un tema con mucha tela que cortar. Ahora bien, para volver a la razón de estas líneas, yo sólo le pediré a Dudamel algo que sí puede dar: que no esté ninguneando a ningún arpista, ni a ningún pianista de los muy hermosos que hay en esta tierra, y que restaure para mí la fuerza extraordinaria del Concierto en la Llanura.

Más del autor

Sobre la China

Los chinos están haciendo un esfuerzo por convertirse en un poder del discurso. Pero no sé si alguna vez su periodismo podrá producir un debate abierto.

Gustavo Dudamel

Sólo le pediré a Dudamel algo que sí puede dar, que no esté ninguneando a ningún arpista, ni a ningún pianista de los muy hermosos que hay en esta tierra, y que restaure para mí la fuerza extraordinaria del Concierto en la Llanura. | Foto cortesía Fundamusical Bolívar

Qué esperar de las mujeres en el poder

Lo que es imperdonable es que en momentos en que el país necesita como nunca la independencia de poderes, el CNE haya sido un poder genuflexo liderado por una mujer. | Foto cortesía

Benjamin Netanyahu

Lo fascinante de este caso es que, aun cuando Netanyahu ha puesto a la legalidad en aprietos, el Knéset y las elecciones lo han contenido, como quizás no hubiese ocurrido de haber tenido Israel un sistema presidencial. | Foto cortesía

¡Síguenos!

Notas relacionadas

Sobre la China

Los chinos están haciendo un esfuerzo por convertirse en un poder del discurso. Pero no sé si alguna vez su periodismo podrá producir un debate abierto.

No por negro, ¡por favor!

Aristóbulo deja como trágico legado el desmantelamiento del sistema educativo. ¿Por qué no le reclaman eso, en lugar de decirle “negro”? | Foto Reuters

Enchufados, cortesanos, depredadores et al

Sólo en revolución el saqueo, el despojo, la exacción, el pillaje y la devastación recibe licencia para la destrucción total de una nación. | Foto William Urdaneta

Comulgar en Revolución

Qué mosca picó a cuatro o cinco sujetos (y “sujetas”) muy representativos del desgobierno felón, que les dio por comulgar y posar cual fervorosos feligreses, en vivo, directo, ante los millones de televidentes que presenciaron la mencionada beatificación.

Julio Verne: el primer gran divulgador de la ciencia

Antes de Javier Santaolalla (Date un vlog), Rocío Vidal (La gata de Schrödinger), Aldo Bartra (Robotitus), y otros youtubers divulgadores de la ciencia; incluso antes de Arístides Bastidas, Carl Sagan, Isaac Asimov o Neil de Grasse Tyson, antes de todos ellos existió Julio Verne.

Un agitador cultural llamado Willy McKey

Se definía como un agitador cultural, y lo justificaba así: “El artista debe ser agenciador y generar proyectos sostenibles en el tiempo”.