jueves, 23 de septiembre de 2021

Guerra sin cuartel…

La guerra sin cuartel no pretende cambiar lo cambiable o mejorar lo mejorable. No. Lo que pretende es acabar con los personajes políticos que han figurado en tiempos recientes, y hacerlo de una forma que haga imposible su recuperación.

Es lamentable que desde diversos ámbitos del espectro opositor venezolano, algunos de ellos localizados en el exterior, se esté impulsando una especie de embestida de todos contra todos, que busca debilitar al máximo al señor Guaidó y, sin proponerlo abiertamente, se consigue beneficiar al señor Maduro. Como el asunto no tiene ribetes ideológicos de importancia, el motor es que “si no soy yo, entonces tampoco debes ser tú”, y que se queden las cosas como están. ¿Habrá algo más lastimero que esto?

Y no sólo lastimero sino vil, porque ayudar a la hegemonía es una vileza de naturaleza criminal. Con criterios tan estrechos y tan obtusos, es muy difícil lograr una representación calificada de la causa democrática de Venezuela, que en verdad logre superar la tragedia que significa la hegemonía roja. La lucha nacional para liberar a Venezuela se ha transmutado en una guerra sin cuartel entre aspirantes a la sucesión. No hay derecho…

Si lo hay, en cambio, a que haya diferencias de opinión, incluso de importante calado, que sean ventiladas de manera pública y con sentido constructivo. No hay problema con eso. Además, es casi inevitable, y sin el casi, porque el referido espectro opositor es variopinto, y ya hasta incluye a connotados expartidarios del oficialismo. Pero ello tiene poco que ver con lo que estamos planteando acá…

La guerra sin cuartel no pretende cambiar lo cambiable o mejorar lo mejorable. No. Lo que pretende es acabar con los personajes políticos que han figurado en tiempos recientes, y hacerlo de una forma que haga imposible su recuperación. Y ojo, no estoy defendiendo lo que no se pueda o deba defender. Pero no creo que la búsqueda de la verdad sea el generador de toda esta situación.

En Venezuela, la dirigencia política, en general, deja mucho pero mucho que desear. Y en primer lugar está el tema de la honestidad en el manejo de recursos, o para decirlo al contrario: de la extensiva corrupción dineraria en la vida pública, lo que va más allá de los propiamente político y se afinca en lo comunicacional y hasta en lo académico. Nada de eso se puede ocultar. Nada de eso se debe ocultar.

Pero de allí a confeccionar campañas destructivas, que seguramente tienen aspectos veraces, y por eso pueden ser persuasivas, y no con la intención, repito, de edificar sino de derrumbar, hay un trecho abismal, por el que está cayendo medio mundo, por no decir mundo y medio. De eso se trata la guerra sin cuartel.

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