martes, 19 de octubre de 2021

Gran Sabana: desde John Kavanagh hasta el incinerador

Cuando la sombra de consecuencias indeseadas se torna sobre Santa Elena de Uairén con el contagio del coronavirus, quiera Dios que no nos encontremos a la puerta de una desgracia mayor por la mentalidad totalitaria de los revolucionarios.

@ottojansen

Luego del impacto visual con la extensión de la sabana verde, riachuelos y saltos de agua. Después de la mirada que divisa los reflejos de las casas de comunidades indígenas, a lo lejos, reforzando imágenes mitológicas de la presencia humana en suelo ancestral. Después de todo eso, es difícil tener el pulso equilibrado para auscultar el desarrollo de los habitantes, etnias, alcances y avances en la trayectoria del tiempo y específicamente en los últimos 40 años, de Santa Elena de Uairén, capital del municipio Gran Sabana, y con ésta, las poblaciones de larga data que integran esta enorme franja del estado Bolívar.

Es por eso que llegar al pueblo, como se hacía, era reforzar la visita turística, apertrechar el campamento que a lo largo de la carretera instalaban los viajeros, sin tener mayor curiosidad sobre el funcionamiento de los servicios públicos, más allá de los hoteles o posadas; e interés en relación con la dinámica económica que no fuera con los cruceiros y luego los reais. Hubo incluso planes de convertir en zona franca al pueblo, como se mencionó en alguna oportunidad, camino hacia la edificación de una gran ciudad fronteriza, como implementaron los vecinos brasileños sus asentamientos en las décadas de los 70 y 90.

En el año 2013, cuando muere Hugo Chávez, ya los municipios del sur de Guayana se encontraban en plena efervescencia minera, camino a la anarquía y control de bandas antisociales en predios contiguos a la Gran Sabana, como Las Claritas, e iniciando las excursiones en campamentos como Canaima e Ikabarú, hoy símbolos del delito, persecución indígena y presencia de grupos extranjeros y guerrilleros. Ya desde ese año se escuchaban alto las voces con testimonios sobre las pésimas condiciones y falta de equipamiento del Hospital “Rosario Vera Zurita” o la inexistencia de servicios funerarios formales que debían contratarse en Tumeremo, a tres horas y media. Condiciones, se destaca, que en el atropellamiento de la movilidad comercial -aun cuando eran los de Pacaraima o Boa Vista quienes venían a abastecerse de mercancías por la paulatina caída de la moneda venezolana- pasaban desapercibidas a menos que fuese el foráneo afectado de manera directa. Solo en ese instante podías comprender cuán lejos se encontraba la misteriosa Gran Sabana de urbanismos funcionales, acompañadas de penosas dificultades, algo que siempre fue así para el habitante regular. Era en ese entonces todavía una población “normal” que ahora se encuentra llena de incontables acontecimientos y calamidades (amedrentamiento de cuerpos de seguridad, escasez de gasolina y riesgo de desabastecimiento de víveres y alimentos) por la gestión de la revolución, que con sus autoridades regionales y nacionales instaladas en esa capital municipal, defenestran la institucionalidad civil; y que, con comisarios ideológicos del socialismo del siglo XXI, encuentran en el retorno de compatriotas por el coronavirus -inclemente en la nación carioca- la confirmación de la denominada jerarquía clásica de “frontera caliente”.

Un estado en otro estado

El general de brigada John Kavanagh Illarramendi, jefe de la V División de Infantería de Selva, fue quien comandó el batallón de ingenieros del Ejército “Juan Manuel Cajigal”, que en 1973 culminó la última etapa de la carretera que une al municipio Gran Sabana con el resto de la región. A esa tarea fue incorporado el sargento segundo de la FAC Enrique Jansen Zamora, quien fungió en décadas de mediados de los 40 y 50 del siglo XX como correo humano desde la jurisdicción fronteriza hasta la población de Tumeremo. El rol del sargento fundador de la Guardia Nacional fue, tal era la misión de la institución, de guía debido al manejo de dialectos indígenas, la relación de respeto con estos y el dominio de trochas y rutas por donde podían movilizarse en medio de morichales e intricada serranía. La referencia obedece a la ilustración del papel que componentes de las Fuerzas Armadas Nacionales, iglesia Católica, con los padres capuchinos (como el padre Diego), población civil (Lucas Fernández Peña) y gobiernos, desempeñaron en la construcción de la territorialidad, desarrollo, e institucionalidad democrática de un pequeño caserío que, por muy distante y extraviado, era parte sustantiva del territorio venezolano. Un pueblo rodeado de hermosura natural.

La extensión del estado Bolívar permite la constitución de dos estados. Cada jurisdicción, con autonomía administrativa y autoridades electas por sus pobladores. Ese es el caso del municipio Gran Sabana. Pero los delirios de control, atropellos y muertes que ahora se instalan en la sabana inmensa no tienen conocimiento ni memoria- la revolución nunca ha procedido de otro modo– para el juego de equilibrios y contrapesos que en años precedentes forjaron obras que quedaron para potenciarse en la civilidad. El socialismo llegó para desatar las llamas y división de etnias y de criollos. En este mayo del 2020, cuando la sombra de consecuencias indeseadas se tornan sobre Santa Elena de Uairén con el contagio del coronavirus, quiera Dios que no nos encontremos a la puerta de una desgracia mayor por la mentalidad totalitaria de los revolucionarios, cuyo discurso resalta la amenaza de incinerar las almas que desde hace 20 años han venido hundiendo.

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